Irene Teruel
Publicada

La maternidad en la era pospandemia atraviesa un deterioro silencioso, pero profundo. Un estudio reciente basado en cerca de 200.000 madres en Estados Unidos, publicado en Psychiatrist.com, muestra que la proporción de mujeres que describen su salud mental como “excelente” ha descendido de alrededor del 38% en 2016 a poco más del 25% en 2023.

En contraste, aquellas que la califican como “regular o mala” aumentaron de poco más del 5% a casi el 9% en el mismo período. Nos preguntamos: ¿Qué afecta a esos números? ¿Qué ha cambiado en la crianza? La respuesta es clara: las redes. Las plataformas digitales han redefinido la experiencia de la maternidad, con un coste emocional tangible.

Un reportaje en Parents.com muestra cómo el scroll infinito impulsa a la comparación constante: “Aun haciendo lo mejor posible, siempre parece que hay alguien haciéndolo mejor” y se destaca el aumento de sentimientos de soledad, culpa y agotamiento entre las madres.

Además, expertos alertan que la sobreexposición a noticias y opiniones sobre crianza multiplica la ansiedad y la sensación de “no estar a la altura”, se extrae de Psychiatrist.com.

No solo el consumo pasivo de contenido altera el bienestar: un análisis reciente en SAGE Journals concluye que los influencers de parentalidad, al monetizar experiencias y exponer a menores, pueden agravar el malestar de las madres al fomentar expectativas irreales y el miedo al juicio público. 

Por su parte, un estudio en Archives of Women’s Mental Health halló que las gestantes que buscan información médica en redes presentan niveles significativamente más altos de ansiedad y estrés prenatal, medidos con GAD-7 y NuPDQ-17, en comparación con quienes confían principalmente en profesionales sanitarios.

Imagen de archivo de una madre con su teléfono. iStock

Aunque la edad promedio de la primera maternidad ha crecido de 21,4 años en 1970 a 27,5 en 2023, por lo que los perfiles más jóvenes (millennials y Gen Z) viven su embarazo y crianza inmersos en el ecosistema digital.

Investigadores sugieren que esta “maternidad conectada” (caracterizada por consultas constantes en apps y redes) podría estar vinculada al incremento de síntomas ansiosos y depresivos en las madres, quienes además experimentan mayor presión por compaginar trabajo, familia y presencia online.

La convergencia de estos factores (comparación constante, presiones de los influencers y una generación hiperconectada) está modelando un nuevo rostro de la maternidad, donde el acceso a la información no siempre se traduce en alivio.

Abordar este reto requiere alfabetización digital que enseñe a mirar las redes con distancia crítica; programas de salud mental materna que integren acompañamiento psicológico y apoyo entre personas en la misma situación; y la reconstrucción de redes presenciales (amigas, vecinas, familiares) que devuelvan a la maternidad su dimensión comunitaria.

Una madre con su bebé mirando por la ventana. iStock

Finalmente, recuperar el contacto con la naturaleza y los espacios reales puede ser una herramienta poderosa contra la ansiedad y el aislamiento. En un mundo donde todo parece ocurrir en pantalla, mirar un árbol, caminar sin el teléfono o conversar cara a cara puede ser, paradójicamente, el gesto más revolucionario para cuidar la salud mental de las madres.

*** Irene Teruel es Socia Young WLW