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Entrar en el Hotel Mandarin Oriental Ritz de Madrid es acceder a un universo paralelo en el que señores y señoras con maletines y carpetas —más señores que señoras— toman grandes decisiones que parecen muy alejadas de tu realidad.

Entre la rectitud de los trajes aparece Daniel Sánchez Arévalo, que estrena en Netflix el próximo 30 de octubre Colisión. El ritmo trepidante y la atmósfera de angustia de la cinta contrastan con su tranquilidad.

Sánchez Arévalo se sienta frente a mí en el luminoso espacio y pide un té. Hablaremos de su último trabajo, pero también de las mujeres que han marcado su vida y su cine.

De Sara, su pareja, y de Daniela, su hija, habla con admiración y cariño. Ambas han contribuido a cambiar su manera de mirar el mundo y de entender su oficio. Si antes hacer películas parecía ocuparlo todo, ahora tiene claro cuáles son sus prioridades.

Quien ha visto Primos tantas veces como yo y ha encontrado en sus personajes una especie de zona de confort tiene motivos para interesarse por esa evolución: por el director que ha ido ampliando su universo femenino y por el hombre que reconoce que el amor lo ha hecho más sensible, más empático y, en sus propias palabras, mejor persona.

Daniel Sánchez Arévalo se rodea de Laia Costa, Tamar Novas, Álvaro Cervantes, Karra Elejalde y Luis Zahera en su nuevo proyecto. David Morales

¿Quién es la mujer de tu vida y por qué?

La mujer de mi vida es mi hija; el porqué va implícito. Y luego, mi mujer, que es mi compañera de vida.

¿Y quién es la mujer de tu vida en el cine y tus producciones y por qué?

Ahora mismo sería Lorena, que es mi ayudante de dirección. No es que sea mi mano derecha, es que es mi compañera también. Es la persona que está a mi lado, que va siempre por delante.

Ya vamos por nuestra tercera película juntos, bueno, esta es la segunda —en referencia a Colisión—.

Me gusta rodearme de gente que está en parte de mi vida y Lorena es ya como una hermana, no consigo rodar nada sin ella.

¿Qué has aprendido del amor gracias a las mujeres a las que has querido?

A ser más sensible, desde luego, más empático y también a crecer, a salirme un poquito de mi mundo… He aprendido a vivir, ¿no?

Recuerdo cuando fui con Sara, con mi mujer, por su 40 cumpleaños a Maldivas y era la primera vez que yo bajaba del hemisferio norte, porque me daba un poco de fobia ir tan lejos.

Me emocionó mucho llegar a ese paraíso y haberme atrevido a irme a 24 horas de avión lejos de España, salir de mi cueva.

Y de tu trabajo, ¿qué te han enseñado ellas y el amor sobre la dirección?

Mi hija probablemente me ha enseñado mucho a trabajar la paciencia. El cine es un arte de espera y los procesos son muy lentos y muy largos. Igual que con los niños, hay que tener esa virtud para que las cosas salgan, se aprendan, se coloquen…

Y luego a relativizar mucho. Cuando antes hacía películas era lo único que había en el mundo, se me iba la vida. Ahora es más un oficio que amo, pero mi prioridad es mi familia.

¿Cómo eran las mujeres de tus primeros trabajos? Si no me equivoco, tu arranque fue con el corto Gol, donde los protagonistas eran dos chicos. ¿Qué diferencia hay entre Aída Folch en Física II y Laia Costa en Colisión?

Creo que tienen más espacio y más protagonismo. Antes mencionabas lo de Las de la última fila, pero La isla de Alice (Planeta, 2015) —novela que lo llevó a ser finalista del Premio Planeta— está escrita en primera persona, y la protagonista es una mujer. Esa, para mí, fue mi primera gran inmersión en el mundo femenino.

Sentía que en mis películas las figuras clave eran los hombres, aunque las mujeres estuvieran más armadas, porque en Primos los que están tarados son ellos y ellas son las que tienen cabeza, y eso casi siempre ha sido así.

En Las últimas de la fila ya pude jugar mucho más con la idea de incluir diferentes personalidades, ellas también podían estar taradas y tener sus mierdas y sus secretos.

Diría que la complejidad con la que he ido tratándolas como personajes es lo que ha ido creciendo y avanzando.

El apellido Ábalos sobrevoló la conversación. David Morales

Y volviendo a tu primera gran propuesta, AzulOscuroCasiNegro, ¿qué diferencias, o similitudes, hay entre el gran personaje femenino de ahí y Laia Costa en Colisión?, ¿cómo se refleja la mujer en uno y en otro?

Estoy muy orgulloso del personaje de Marta Etura en AzulOscuroCasiNegro, porque era una superviviente, una mujer con carácter que está en una situación muy desesperada, pero que también aprende a conectar con sus sentimientos y se enamora del hermano del que es su novio.

El personaje de Laia, curiosamente, está relacionado con el de ella, ya que también está atrapada en una situación complicada y no sabe bien cómo salir de ella, pero a la vez se permite sentir y explorar otras cosas al estar en una relación que no funciona.

¿Cómo se pasa precisamente de los canallitas de Primos, que me encantan, a Las de la última fila —serie de Netflix que dirigió en 2022—?

De manera natural, cuando me planteé hacerla sentía que tenía una cuenta pendiente con el mundo femenino en mi universo audiovisual y quería saldarla. Ese fue el principal motor.

Los tarados de Primos no son tan diferentes a las chicas de Las de la última fila, que también lo están. Y encima, son más, que eso es aún más exigente de cara a construir los personajes, ya que tienen cinco personalidades muy diferenciadas las unas de las otras.

Esto lo escribí durante el COVID, cuando estábamos todo el día encerrados y además fue cuando estábamos embarazados de nuestra hija. Yo me pasaba el día bombardeando a Sara y ella me contaba en bucle todos los viajes que había hecho con sus amigas.

Por mi parte, yo ya tenía el argumento, pero a la hora de construir esos personajes fue fundamental hablar con ella, que me contara, conocer mucho a sus amigas, en las que me inspiré muchísimo, en gente de verdad, con sus propias locuras y sus cosas maravillosas para crear la serie.

Las de la última fila es una historia de hermandad, ¿por qué tuvo sentido que la dirigiese un hombre? Aunque sé que contó primero con el aprobado de Sara (su mujer) y que fue muy importante para ti en su momento.

Me apetecía salirme un poquito de mi universo, de mi zona de confort, y enfrentarme a una historia que fuera 100% en el plano femenino.

La verdad es que siempre me he sentido muy cómodo con mi lado femenino. Creo que me ha hecho mejor persona y mejor hombre.

Y, bueno, tenía muchas ganas de probar eso. Me daba un poco de miedo meterme en la piel de cinco mujeres, pero luego disfruté mucho del proceso.

Vivo rodeado de ellas y soy muy empático y muy observador, entonces creo que todos estamos legitimados a contar historias que no sean de nuestro propio género.

Del director de 'Gol' al de 'Colisión', pasando por su proyecto más importante: familia. David Morales

¿Es un pecado amar en el siglo XXI?

Espero que no, y además, creo que también ahora hay muchas formas de amar. La gente joven tiene muchísimos menos prejuicios a la hora de relacionarse y su identidad sexual puede variar de un año a otro, no hay miedo… Eso es bonito.

Para mí hay muchas maneras de amar. Este rodaje es la segunda peli que hago con Tamar (Novas), al que considero ya una persona muy importante en mi vida y al que amo, por supuesto.

Con él estamos trabajando ahora en una tercera propuesta y me gusta que no haya ese miedo de besarse o abrazarse. A mí me gusta más besar a mis colegas, siempre me ha parecido un poco machista eso de “a los hombres la mano, a las mujeres dos besos”.

¿Por qué en casi todas las hipótesis que se plantean en la película Laia Costa, el personaje femenino principal, acaba perdiendo? Entra al juego por amor y cae más profundos si cabe por ello. Hablo de algo más allá de lo obvio…

Sí, es un personaje que está muy atrapado, para mí es el más importante de la película.

Creo que eso se nota casi que en la primera escena…

Sí, y me gustaba también que fuese una mujer que tiene ese carácter, esa energía para moverse y organizar las cosas, pero al final está muy atrapada en diferentes cosas: en un matrimonio que no funciona, en un amor prohibido, en una situación económica jodida…

Y bueno, que al final sale perdiendo... Podríamos debatir bastante en torno a eso.

En Colisión, ¿hay que tener en cuenta la importancia de llamarse Ernesto (el personaje de Luis Zahera) y no Ernesta? Es decir, ¿tiene sentido que la banca, que siempre gana, sea un hombre?

Buena pregunta… Nunca me lo planteé de esa manera, pero es verdad que en los puestos ejecutivos, los que topan con ese techo de cristal, cada vez están más equilibrados.

Esto es una historia de época que transcurrió en 2013-2014 y, efectivamente, lo raro sería que hubiera una mujer directora de sucursal.

A pesar de que durante unos minutos de la película parece que el desenlace de la pugna va por otra parte, ¿qué es lo que te hace decir “no, gana la banca y además es hombre”?

Escribimos muchos finales. El que hemos rodado no es el primero que planteamos, pero sí había ese gran titular de que la banca siempre gana, y que por mucho que te lo curres, hagas o planifiques, al final se llega a ese punto de desesperación que lleva a la conclusión de que quienes pagamos el pato somos la gente de a pie.

Los que más están sufriendo es difícil que acaben ganando.

¿Hay algo de inspiración real en Ernesto? A ratos parecía que la versión más enamorada de Ábalos se iba a apoderar de él…

(Risas) No, no hay inspiración, los personajes son pura ficción, y no tuvimos referentes concretos a la hora de crearlos, pero sí queríamos hablar de ese estatus.

Venimos del año 2012-2013, con el país y el mundo, en general, en una crisis muy gorda, con los bancos yéndose de rositas y siendo rescatados. Y en este caso aparece la figura del banquero con Luis, que es quien encarna al poder opresor.

El director de 'AzulOscuroCasiNegro' vestido de azul oscuro casi negro. David Morales

¿Por qué no termina de explotar el #MeToo en España? Parece que siempre se queda en un casi sí, pero al final no…

Estoy completamente de acuerdo, porque, además, todos conocemos un montón de historias y de personas y personajes —porque son casi personajes más que personas— que han hecho cosas deplorables y no salen a la luz.

Es verdad que hubo un momento en el que parecía que iba a haber una pequeña revolución, pero tiendo a pensar que aunque no haya explotado, aunque no se haya puesto todo lo que habría que poner encima de la mesa, sí que ha habido un cambio de mentalidad.

Entiendo que ahora somos mucho más sensibles y conscientes de ese tipo de micro y macroagresiones. De alguna manera siento que en mi entorno hay más educación al respecto.

Daniel y Daniela, ¿cómo es la relación entre padre e hija?

Maravillosa, tengo muchísima complicidad con mi hija, somos muy parecidos. Los dos somos cáncer y los dos somos muy caseros, el tema social nos cuesta un poco.

Para mí lo más importante es pasar tiempo con ella. De hecho, lo que más sufro en los rodajes, ahora que estoy en Galicia, es pasar tanto tiempo fuera. Tengo mucho miedo a perder eso que tenemos…

Si Daniela quisiera ser actriz, directora o guionista, ¿qué le dirías?, ¿querrías que se desarrollase profesionalmente en el sector tal y como es ahora? Por cuestiones de género, económicas…

Creo que hay un cambio de dinámica de la industria en torno al género y que las mujeres empiezan a tener el espacio que se merecen. Hay directoras ahora absolutamente maravillosas y que para mí están incluso por encima de los hombres.

Estamos en un momento bueno y a mí, obviamente, me maravillaría que mi hija se dedicara a algo artístico, ya sea la interpretación, la escritura, la dirección o cualquier cosa que tenga que ver con eso. Pero yo no lo voy a forzar.

A ella le gusta mucho venir a mis películas, a los rodajes. Ya es consciente de a qué me dedico y lo que hago, pero todavía es muy pequeña para ver el resultado.