Estados Unidos es un país en el que el mercado de apuestas vive un momento dulce, pero en los últimos meses este ha crecido aún más si cabe en un contexto marcado tanto por la desafección política como por la expectación que, evidentemente, suscitan las elecciones legislativas de mitad de mandato.
A ese submundo tampoco le ha venido nada mal el goteo de destituciones y renuncias de cargos relevantes en el equipo del presidente Donald Trump. Hace unos días se dispararon las encuestas de Polymarket y Kalshi sobre el futuro que deparaba a la flamante (ex)secretaria de prensa de la Casa Blanca, Katie Zacharia, tras un debut complicado.
En la primera plataforma, un 33% de los apostadores tenía la expectativa de que la sucesora de Karoline Leavitt abandonaría su puesto antes de Halloween, el 31 de octubre, mientras que un 47% creía que esta saldría antes del 31 de diciembre. Efectivamente, el 16 de octubre se convirtió en la portavoz más fugaz de la historia de la política estadounidense.
Ahora los sitios de predicción de mercados han pasado a centrarse en adivinar quién será el encargado de relevarla. Por el momento, los tres candidatos más votados en Polymarket son la subsecretaria de prensa Anna Kelly, el colaborador de CNN Scott Jennings y la también periodista Maria Bartiromo.
No hay duda de que Katie Zacharia fue sometida a un intenso escrutinio público desde su primera rueda de prensa, de apenas 14 minutos. Sin embargo, medios como la BBC han sabido reconocerle que el puesto que pretendía asumir era especialmente exigente dado el contexto al que se enfrenta Trump, pues las midterms podrían ser difíciles para él.
"El Presidente es un hombre maravilloso, considerado, entusiasta y el más trabajador. Ojalá más estadounidenses lo aprecieran. Nadie jamás hará grande a América de la forma en que lo ha hecho y sigue haciéndolo. Fue un honor trabajar para él", escribió en Instagram la estratega política, colaboradora habitual de Newsmax y Fox News antes del nombramiento.
President Trump is a kind, wonderful, gracious, thoughtful, enthusiastic, and hardworking man. I wish more Americans appreciated him. No one will ever make America great the way he has and continues to. It was an honor to work for him. https://t.co/Tp4NizrhE2
— Katie Zacharia (@KatieZacharia) October 17, 2026
Más allá de su actitud titubeante ante los medios, a la "californiana de nacimiento y conservadora de toda la vida" —como ella misma se define—, con un título en Derecho por Pepperdine, le perjudicaron las acusaciones de no estar autorizada para ejercer la abogacía pese a que se presentó como tal, supuestamente aconsejada por otros.
Cuando los periodistas preguntaron a Trump en la Casa Blanca dónde había aprobado el examen habilitante, ella apareció para decir que lo hizo cuando se mudó a China (sólo los ciudadanos de este país pueden obtener una licencia). Más tarde aclaró al New York Times que no había escuchado bien la pregunta por el ruido del Marine One.
No es la única
Está claro que Zacharia ha sido comparada con su predecesora. Karoline Leavitt puso el listón alto, hizo historia al convertirse a los 28 años en la portavoz más joven de la historia de la Casa Blanca y también fue la primera embarazada en ocupar un puesto de gran presión que probablemente deje poco tiempo para conciliar.
Conocida por sus respuestas afiladas ante los periodistas, se convirtió en una aliada visible del mandatario republicano e incluso llegó a adelantar sus planes de reincorporación al trabajo tras el nacimiento de su primer hijo en julio de 2024. Volvió a la campaña electoral un día después del intento de magnicidio de Trump en Butler, Pensilvania.
Cuando Leavitt volvió a la Casa Blanca tras su segunda maternidad reconoció que equilibrar el trabajo con la crianza de dos niños pequeños era "un desafío". Pero agregó: "Esto es más que un trabajo; lo considero servicio público". En agosto hizo pública su decisión de dimitir tras 20 meses en el cargo para pasar más tiempo con su familia.
Karoline Leavitt en un acto público a finales de septiembre.
Por el momento, Trump no parece tener prisa en encontrar a un nuevo secretario de prensa, ya que él mismo suele presumir de que es su propio y mejor portavoz. La cuestión, paralelamente al ping pong de currículums que pueda estar presenciándose, es que estas no son las únicas salidas de la Administración que se han producido recientemente.
En pocos meses, cuatro mujeres que ocupaban puestos de rango ministerial dejaron sus responsabilidades. Sus nombres: Kristi Noem, Pam Bondi, Lori Chavez-DeRemer y Tulsi Gabbard. Salieron por motivos diferentes, pero sus relevos comparten una característica: todos fueron hombres.
La primera fue destituida al frente de Seguridad Nacional, el departamento desde el que había defendido la política de deportaciones masivas. Su salida supuso la caída de una figura especialmente visible del proyecto presidencial, aunque no su expulsión inmediata de la Administración: recibió después una responsabilidad distinta, como enviada especial.
La exfiscal general Pam Bondi fue la siguiente en caer tras más de un año en el que fue objeto de críticas entre los votantes republicanos por la mala gestión y los errores en la desclasificación de los archivos de Epstein, así como por no cumplir con las exigencias de que se tomaran represalias contra los adversarios de Trump. Fue sustituida por Todd Blanche.
En abril, la entonces Secretaria de Trabajo Lori Chavez-DeRemer se vio obligada a dimitir tras haber sido investigada por, entre otras cosas, presuntamente haber mantenido una relación extramatrimonial con un subordinado, consumir alcohol en el trabajo, inventar viajes oficiales y favorecer un clima laboral tóxico. La relevó Keith Sonderling.
Tulsi Gabbard anunció su dimisión el 22 de mayo, con efectos desde el 30 de junio, para acompañar a su marido, diagnosticado de un cáncer. Así lo explicó en su carta a Trump. Su caso no fue, por tanto, una destitución anunciada por el Presidente, sino una renuncia formal.
La explicación llegó después de meses de distanciamiento político. Como directora de Inteligencia Nacional, había declarado ante el Congreso que la comunidad de inteligencia no consideraba que Irán estuviera construyendo un arma nuclear. Trump no estaba satisfecho con aquella evaluación, que chocaba con su discurso sobre la amenaza representada por Teherán.
A ellas se sumaba hace poco Kimberly Guilfoyle, cuya salida fue solicitada por la Casa Blanca. La embajadora en Grecia, que estuvo prometida con Donald Trump Jr., dimitió el 13 de octubre tras varias investigaciones periodísticas sobre su conducta. Era acusada de pedir 100.000 dólares a un republicano para liquidar una deuda de su tarjeta American Express.
La exembajadora de Estados Unidos en Grecia, Kimberly Guilfoyle, en una imagen de archivo.
El donante sostuvo que la petición se produjo antes de su audiencia de confirmación, en julio de 2025. Ella negó las acusaciones publicadas por el Wall Street Journal. Horas después de abandonar el cargo, a Trump le preguntaron por la expareja de su hijo y este se limitó a responder: "No, no era miembro de mi familia. Creo que salió con él hace mucho tiempo".
"Tengo la intención de defender enérgicamente mi nombre, mi reputación y mi integridad", declaró en X Guilfoyle. "No permitiré que acusaciones falsas empañen mis décadas de servicio público", añadió una mujer que durante seis años se relacionó con los familiares más cercanos al líder republicano y conoció las dinámicas de su casa desde dentro.
Cuando Trump presumía de ellas
El contraste resulta especialmente llamativo porque Trump había convertido la presencia femenina en un argumento de defensa de su Gobierno. El 26 de marzo de 2025, durante un acto del Mes de la Historia de la Mujer celebrado en la Casa Blanca, presumió expresamente de sus nombramientos ante las asistentes.
"Me complace decir que tenemos más mujeres en nuestro gabinete que cualquier presidente republicano en la historia de nuestro país", aseguró. No fue una declaración a un medio, sino parte de un discurso oficial. La comparación se limitaba a sus predecesores republicanos: no afirmó haber superado a todos los presidentes estadounidenses.
En aquel mismo acto elogió a varias de las mujeres que después abandonarían sus puestos. De Bondi dijo que era "fantástica"; de Noem, que estaba haciendo "un gran trabajo". La transcripción oficial conserva así la distancia entre el reconocimiento público que recibieron entonces y la pérdida posterior de la confianza presidencial.
El argumento tenía antecedentes. En una entrevista con Piers Morgan emitida por la cadena británica ITV el 28 de enero de 2018, Trump rechazó definirse como feminista. "No diría que soy feminista", respondió. "Creo que eso sería, quizá, ir demasiado lejos. Estoy a favor de las mujeres, de los hombres, de todos".
Cuando Morgan le preguntó por la igualdad y la seguridad de las mujeres en el trabajo, el presidente volvió a sus colaboradoras como prueba de respeto. "Pueden ver a todas las mujeres que trabajan a mi alrededor y conmigo", argumentó. Su defensa descansaba en sus contrataciones, no en la identificación con el feminismo.
Los que permanecen
Más allá de los casos individuales, las salidas han devuelto la representación al centro del debate por la comparación con otros hombres criticados que sí conservan sus responsabilidades. Como ejemplo Pete Hegseth, secretario de Defensa, cuya continuidad sobrevivió al escándalo de Signal y a las conclusiones de una investigación sobre el manejo de información militar.
El inspector general del Pentágono concluyó que compartir detalles de un ataque en Yemen mediante esa aplicación creó un riesgo para la seguridad operativa. La información incluía horarios y movimientos de aeronaves antes de los bombardeos. El informe señaló posibles consecuencias para los objetivos de la misión y para los pilotos estadounidenses.
Hegseth defendió que tenía autoridad para desclasificar la información y negó haber difundido material clasificado. Esa capacidad no impidió que el organismo supervisor cuestionara el uso de canales no autorizados para transmitir datos sensibles. La controversia no terminó con su destitución: sigue al frente del departamento, respaldado por Trump.
Otro ejemplo se ve en el secretario de Comercio, Howard Lutnick. En febrero admitió ante el Senado que había visitado la isla privada de Jeffrey Epstein en 2012, cuatro años después de que un tribunal de Florida condenase al magnate por delitos de tráfico sexual. Este explicó que acudió a un almuerzo acompañado de su familia durante unas vacaciones.
Donald Trump saluda al secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick, durante un mitin de campaña en el aeropuerto Pitt-Greenville en Greenville, Carolina del Norte, el 20 de octubre de 2026.
Aunque la visita no demuestra participación en los delitos del multimillonario depredador, sí que abrió preguntas sobre su credibilidad y criterio. La Casa Blanca lo defendió: Leavitt afirmó que seguía siendo un miembro importante del equipo y contaba con pleno respaldo presidencial.
Entre quienes reclamaron su dimisión estuvo la senadora demócrata Jacky Rosen, integrante del Comité de Comercio. "Para salvaguardar la confianza del pueblo estadounidense y mantener la integridad de su cargo, Howard Lutnick debe dimitir como secretario de Comercio sin demora", declaró el 10 de febrero. Donald Trump no atendió esa petición.
¿Mismo margen de error?
La congresista Alexandria Ocasio-Cortez llevó la comparación al terreno del género en abril. "Si eres un hombre en la administración Trump, parece que recompensan la mala conducta", denunció en declaraciones recogidas por TheWrap el día 23. Su crítica apuntaba a la aparente desigualdad entre las consecuencias políticas para unos y otras.
También la congresista Sarah McBride reclamó la salida de Hegseth y vinculó su continuidad al trato dispensado a las dirigentes. "Él despide a mujeres, así que mi apuesta es Tulsi Gabbard", afirmó entonces. Sus palabras fueron una acusación política sobre el patrón de relevos. No iban mal encaminadas porque Gabbard acabó saliendo, aunque por voluntad propia.
La pregunta sobre el doble rasero no exige defender la gestión de todas las dirigentes que han salido. Se puede considerar justificado un cese y preguntar, al mismo tiempo, si otro responsable habría recibido idéntico trato. La comparación relevante no enfrenta mujeres intachables con hombres cuestionados, sino criterios de exigencia aplicados a ellos y ellas.
El presidente estadounidense Donald Trump realiza un anuncio en el Despacho Oval de la Casa Blanca, en Washington DC, el 30 de septiembre de 2026.
Los afines a Trump sostienen que este elige a sus colaboradores por sus méritos y no por su género. Magas consulta a María Solanas, directora de Programas y especialista en género del Real Instituto Elcano, y a José Ignacio Castillo, catedrático de la Universidad de Sevilla y experto en economía política y relaciones internacionales, para analizar los relevos.
Para la primera, los nombramientos no bastan para demostrar un compromiso con la representación. Las sustituciones muestran, a su juicio, que "tener el Gobierno republicano con más mujeres de la historia no era una prioridad política. No hay precedentes de una caída tan rápida y de tal magnitud en la presencia femenina".
También señala que, en este momento, apenas hay tres mujeres en el gabinete, "en ministerios de menor peso", además de su directora. "Es decir, un 17% de políticas, una cifra que no está muy alejada de la del gabinete de George W. Bush (18 de sus 21 miembros eran hombres). Y las carteras que ocupan ellas no son prioritarias o duras", enfatiza.
Desde la US, Castillo propone distinguir el componente de género del estilo de mando presidencial. Para explicarlo, habla de El aprendiz, el programa televisivo donde Trump escogía a sus colaboradores, los exponía al juicio público y terminaba sus evaluaciones con la frase que convirtió en marca: "You are fired, estás despedido".
"Lo que está haciendo es replicar el patrón con el que llegó a la fama y que le dio la popularidad para presentarse a las elecciones", dice el catedrático, que observa cómo esa dinámica continúa dentro del Gobierno durante este segundo mandato: "No es espectacularmente diferente; es el mismo personaje imitando su propio papel porque sabe que es lo que le dio éxito".
De este modo, el especialista no interpreta la rotación como una novedad: Brookings registró cambios en el 92% de los puestos de su equipo principal durante el primer mandato, aunque no todos fueron despidos. Ahora, Castillo identifica un acelerador: "Podríamos hablar de una gamificación de las relaciones laborales que en esta segunda legislatura está más acelerada".
Apunta a plataformas como las anteriormente mencionadas Polymarket y Kalshi en las que hay "apuestas abiertas constantemente sobre quién será el próximo en ser despedido". El experto considera que esos mercados pueden reforzar la percepción de fracaso de un profesional al servicio de cualquier gobierno, en este caso el estadounidense.
Katie Zacharia detrás de Donald Trump el 13 de octubre de 2026.
Relevos y desgaste
La otra diferencia es el calendario electoral. Solanas observa "un contexto negativo para el Partido Republicano en las encuestas de las midterms del 3 de noviembre". Una encuesta de Reuters/Ipsos publicada el 19 de octubre sitúa la aprobación de Trump en el 31%, con los precios de la gasolina entre las preocupaciones ciudadanas.
Solanas aprecia "una tendencia a prescindir de mujeres al frente de asuntos que no están dando la rentabilidad política que Trump esperaba o que incluso están generando bajo apoyo o rechazo". Cita expresamente la agenda migratoria que dirigía Noem y la gestión de los archivos de Epstein bajo la responsabilidad de Bondi.
En el segundo caso, describe el dossier como "un enorme lastre político para Trump por el enorme rechazo de la base MAGA". También menciona a "mujeres que muestran discrepancias con las opiniones de Trump", en referencia a las diferencias de Gabbard sobre Irán. Son los tres expedientes que vincula con el desgaste presidencial.
"Los ceses, en tan poco espacio de tiempo, pueden mostrar nerviosismo y decisiones reactivas ante políticas y medidas que están generando rechazo y afectando a las expectativas del Partido Republicano en las legislativas", sostiene Solanas. Los interpreta como "un intento por recuperar el apoyo perdido".
Una niña sostiene un cartel en el que se lee "Trump, puede que sólo tenga 12 años pero puedo ser tu próxima Karoline Leavitt" durante un mitin de campaña republicano en el F&M Bank Arena en Clarksville, Tennessee, el 10 de octubre de 2026.
Ante el debate sobre si hay un doble rasero o no en la Casa Blanca, Castillo se enfoca en el rápido rechazo a Zacharia: "Yo creo que la duda también está en la propia sociedad, que parece más crítica con los errores si se trata de una mujer y joven. Si hubiera que echar a cada portavoz por una mala comparecencia, no quedaría ninguno".
"La percepción social fue extraordinariamente negativa y beligerante con ella", insiste el catedrático. "¿Dónde empieza y termina la misoginia en Trump y dónde en la población? No es fácil". En su análisis, el tratamiento de la portavoz obliga a examinar también las expectativas y los juicios de quienes observan sus intervenciones públicas.
Su conclusión vuelve al formato televisivo: "Cualquiera que es contratado por él parece no firmar un contrato laboral, sino aceptar participar en su propio reality". Un escenario, añade, "donde la probabilidad de acabar en la calle con un 'estás despedido' es altísima". El asiento nunca está del todo garantizado.
