Paka Díaz
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"Escuchar a las pacientes es muy importante", subraya la doctora Cristina Saura (Barcelona, 1978) varias veces durante nuestra conversación. "Muchas de mis investigaciones, y de los avances, son por su ‘culpa’, o sea, gracias a ellas", explica. Asegura que aprendió a hacerlo del prestigioso doctor José Baselga, pero se le nota que la curiosidad le viene de fábrica.

Habla desde una sala de reuniones, con un ordenador prestado, entre interrupciones y con el tiempo contado. El pasado jueves 15 de octubre, recibió el Premio de Honor a la Excelencia Médica en Salud de la Mujer de los WE Leadership Awards 2026 organizados por la plataforma empresarial Women Evolution. En un rato tiene que dar una ponencia, y la reclaman para grabar un vídeo.

Ella se detiene, pide disculpas y deja claro que va a terminar la entrevista. Luego prosigue sin alterarse. Se la ve tranquila y enfocada en lo que más le interesa, que es divulgar sobre oncología.

Jefa de la Unidad de Cáncer de Mama del Hospital Universitario Vall d'Hebron, también es Investigadora Principal del Grupo de Cáncer de Mama del Vall d'Hebron Instituto de Oncología (VHIO), y da clases en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

Tras más de 20 años de profesión, la doctora Saura confiesa que sigue estudiando porque "hay que estar actualizada siempre". Algunos de los numerosos proyectos que ha liderado la han convertido en un referente internacional en cáncer de mama durante el embarazo.

Además, en 2023 despertó la atención del mundo con la publicación de su investigación con la doctora Ana Vivancos sobre el potencial de la leche materna como fuente de ADN circulante para contribuir al diagnóstico precoz de este tipo de tumores.

"Nuestro sueño es comercializar un test que, tras el parto, permita detectar el cáncer de mama a través de esta. Como la muestra de sangre que se hace a los bebés, pero fácil, rápido y nada invasivo, en mujeres jóvenes sin cribado específico", explica.

Sus proyectos, dice, nacen de las preguntas de sus pacientes. De esa escucha que tanto recalca. Su vocación viene de niña, "ya entonces me vestía de médico", recuerda. Y se especializó en esta enfermedad por su madre, a la que diagnosticaron un tumor poco frecuente cuando ella cursaba segundo de carrera.

La doctora Saura lidera la creación de un test con leche materna como detector precoz tumoral. Cedida

"Acompañarla en pruebas, cirugías y quimioterapias fue mi primera experiencia como familiar, y supe que me quería dedicar a eso", cuenta.

Ya sin posibilidad de curación, su madre eligió un ensayo clínico para ayudar a quienes vinieran después. "Yo no estaba de acuerdo porque ella ya estaba muy malita. Con los años agradezco esa decisión que tomó, porque me enseñó mucho", dice la doctora con la mirada empañada.

Su madre falleció meses después. "Pero con los años, el tratamiento en el que participó se ha aprobado para el tipo de sarcoma que tenía. Ella no lo vio, pero consiguió su propósito", apunta la Dra. Saura.

Aquella experiencia la llevó a hacer la residencia en el hospital Vall d'Hebron, donde se formó con el doctor Josep Baselga, de quien habla con admiración. "Aparte de toda la ciencia y su pasión por la investigación, me enseñó su manera de tratar a los pacientes, muy honesta, pero sabía transmitirles, aun en situaciones muy complejas, una esperanza", destaca

Va a recibir el Premio de Honor a la Excelencia Médica en Salud de la Mujer de los WE Leadership Awards. ¿Qué significa para usted este reconocimiento?

Siempre es un honor que reconozcan tu trabajo, y estoy agradecida al comité científico. Me dedico al cáncer de mama desde que empecé como especialista, así que casi todo mi tiempo es cuidar de la salud de la mujer.

La medicina tiene una gran parte vocacional, de implicación no siempre agradecida en el sueldo. Invertimos tiempo en investigar cosas sin un reconocimiento directo a final de mes, por eso es bonito que se valore su impacto.

Un tiempo que no siempre está bien pagado de investigación.

Efectivamente, pero creemos firmemente que es el único camino para curar esta enfermedad. Eso hace que sigamos peleando en lo que sabes que va a aportar soluciones.

¿Cuándo nació su vocación médica?

De muy pequeña; yo era de esas niñas que se disfrazaban de médico. En mi familia no había ningún sanitario, pero siempre me gustó cuidar.

Me decían que la carrera era muy difícil y que no sería capaz, pero en vez de desanimarme, aquello me daba alas porque se convertía en un reto.

Y era verdad que había que estudiar mucho. Tras más de 20 años de profesión, sigo yendo a congresos y leyendo papers. Si quieres hacerlo bien, tienes que estar siempre actualizada.

¿Por qué eligió oncología y, en ella, el cáncer de mama?

Hay dos personas muy importantes en mi decisión. La primera fue mi madre. Cuando yo estaba en segundo de carrera le diagnosticaron un tumor muy poco frecuente, que no era de mama.

Allí empecé a vivir la enfermedad como familiar, acompañándola en diagnósticos, malas noticias, cirugías y quimioterapias. Aprendí a gestionar emociones y expectativas de vida.

Llegó un momento en que su cáncer no era curable, pero como era una mujer con carácter, forzamos un poco al oncólogo a buscar estudios clínicos.

En el Hospital Clínic nos trataron siempre muy bien, pero nos derivaron a Vall d'Hebron, donde había un estudio en el que podía participar.

Ella entendió que no la iba a curar y que participar podía generar evidencia para quien tuviera esa enfermedad en el futuro. Yo no estaba de acuerdo, porque estaba muy malita, pero aquella decisión suya me enseñó mucho.

Falleció unos meses después. Con los años ese tratamiento se ha aprobado para mujeres y hombres con ese tipo de sarcomas; ella no lo vio, pero consiguió su propósito.

Siento muchísimo su pérdida, qué gran generosidad la de su madre. ¿Y la segunda persona?

Quise hacer oncología en un centro con investigación y entré de residente en Vall d'Hebron, donde el jefe de servicio era el doctor [Josep] Baselga, que se había formado en Estados Unidos y era un referente en investigación.

Él entendió muy bien, cuando quizá en España no lo teníamos tan claro, que la investigación era clave. Y tuve el honor de formarme con él; a su lado crecí.

¿Aprendió de él también la manera de tratar a los pacientes?

Sin duda. Aparte de la ciencia y la pasión por investigar, me enseñó su manera muy honesta, pero también optimista, de hacerlo. Aun con enfermedades muy graves, siempre sabía transmitir una luz, una esperanza.

¿Qué importancia tiene la empatía en consulta?

Es clave. Siempre digo que uno afronta la enfermedad como afronta la vida, y para dar noticias, que en oncología suelen ser malas, la empatía es muy importante.

Muchos años después, ya curadas, las pacientes recuerdan frases que tú quizá no. Escrutan cómo entras en la consulta, si vas con una sonrisa o no.

A veces entras con mala cara por algo que te acaba de pasar, y se asustan. Por eso conviene ser consciente. Hay que decir las cosas con transparencia, sin generar falsas expectativas, pero siempre con humanidad.

Tras licenciarse en la Universidad de Barcelona y la residencia en Vall d’Hebron, se formó en investigación clínica en la Harvard School of Public Health. ¿Cómo fue?

Una experiencia corta, pero muy bonita. Me impactaron las ganas de los profesores de que aprendieras y su disponibilidad para resolver dudas. Nunca se reían de ti, por muy fácil que fuera tu pregunta, siempre te atendían y te animaban a aprender más.

En 2017 se doctoró cum laude con una tesis sobre cáncer de mama durante el embarazo. ¿Cómo llegó ahí?

Como casi siempre, por ‘culpa’ de las pacientes. En Vall d'Hebron nos llegaban dos o tres mujeres al año con estos casos.

En 2006, llegó una embarazada de gemelos, tras cuatro o cinco abortos, con un cáncer muy agresivo. Pregunté al adjunto más mayor qué hacer y me dijo: "Estudia". Y eso hice.

Revisé la poca evidencia que había y me puse a investigar. Entre otras cosas, aprendí que se podía dar quimioterapia a partir del segundo trimestre. Desde el inicio trabajé con ginecólogos, obstetras y cirujanos que también querían aprender para mejorar los tratamientos para gestantes.

Como nos llegaban casos complejos y el tema nos gustaba, nos convertimos en expertos. Hoy tenemos una unidad multidisciplinar de referencia que acompaña a estas mujeres incluso a decidir si quieren seguir adelante con el embarazo.

La oncóloga es una referencia internacional en cáncer de mama durante el embarazo. Cedida

¿Qué le diría a una embarazada con cáncer?

Que busque un sitio especializado donde la aconsejen bien, tanto desde el punto de vista oncológico como obstétrico. No es una realidad difícil de manejar, pero todo el mundo se asusta la primera vez, porque la evidencia es limitada.

Pero está muy descrito por evidencia científica que estas mujeres deben tratarse en centros donde los equipos de oncología, obstetricia y cirugía tengan experiencia y conocimientos. No vale cualquier sitio, ese es mi consejo.

Coordina el estudio internacional POSITIVE para comprobar si era posible, y sin riesgo, interrumpir temporalmente la hormonoterapia para intentar quedarse embarazada en jóvenes con cáncer de mama hormonodependiente…

Intentaba responder a preguntas de las pacientes sobre si tras el tratamiento podían ser madres, y si eso afectaba a su pronóstico. Cuando yo empecé a ejercer no teníamos respuesta.

Había evidencia de que quedarse embarazada cinco años después del cáncer no parecía impactar. Pero para muchas, esperar ese tiempo hacía que pasara el momento de tener hijos.

Para investigar, en un consorcio internacional liderado por el grupo europeo IBCSG, incluimos a más de 500 mujeres. El objetivo era saber si hacer un paréntesis en el tratamiento hormonal para intentar quedarse embarazadas afectaba al pronóstico.

Años después, porque la investigación es lenta, pudimos responder. Si han hecho entre 18 y 30 meses de tratamiento hormonal y hacen un paréntesis para intentar el embarazo, no impacta en su pronóstico, bajo ciertas circunstancias. Y así pueden intentar ser madres.

La investigación que lidera sobre la leche materna para detectar el cáncer de mama, ha causado muchísimo interés en la comunidad científica, y en la sociedad.

Otra vez, llegué ahí intentando responder a una paciente. Maite tenía dos hijos y estaba embarazada de la tercera; había solapado la lactancia de la segunda con el embarazo y temía haberle transmitido el tumor.

Me trajo leche congelada. Le dije que no teníamos una respuesta clara, y ella contestó: "Te dejo aquí esta muestra y así la estudiáis".

Se la llevé a Ana Vivancos, jefa del laboratorio de genómica de VHIO. Me dijo que no tenía ni idea, pero que la miraría.

La sorpresa fue encontrar en ella ADN circulante con las mismas mutaciones que el tumor biopsiado. Era la primera vez que describíamos fragmentos de ADN del tumor en la leche materna, y lo publicamos en 2023. Y sí, causó cierto revuelo.

¿En qué punto está y qué falta para llevarlo a la práctica clínica?

Con la doctora Vivancos queríamos darle utilidad clínica. Cuando conoces un tumor es fácil buscar sus mutaciones en la leche, pero nosotras queremos hacerlo al revés, en pacientes sin cáncer conocido.

Desde 2023 perfeccionamos el test, y tenemos claro que mirar sólo mutaciones no basta. Aparecen también en mujeres que no desarrollan cáncer, porque el sistema inmunitario puede hacer desaparecer una lesión premaligna.

Por eso añadimos otras capas de información. Nuestro sueño es comercializar un test que, tras el parto, detecte el cáncer de mama con una muestra de leche.

Sería como la prueba de sangre que se hace a los bebés, fácil, rápida y nada invasiva, en jóvenes sin cribado específico. Cuanto antes se diagnostica la enfermedad, más probabilidades hay de curarla.

En las salas de quimioterapia a veces ves a mujeres que descubren su cáncer durante la lactancia….

Es cada vez más frecuente. La incidencia en las jóvenes aumenta y estamos retrasando la edad de maternidad, así que el diagnóstico se produce más durante el embarazo o el posparto.

Históricamente este era el año posterior al parto. Por los cambios biológicos en la mama, hay definiciones que lo extienden hasta 10 años, y esos cambios se mantienen, sobre todo tras la lactancia.

También investiga nuevos tratamientos para el cáncer de mama metastásico, ¿qué avances destacarías?

Hemos aumentado la supervivencia. Cuando empecé, hace 20 años, en algunos tumores era de menos de un año y en otros de tres o cuatro; hoy hay supervivencias muy largas.

También hemos mejorado la calidad de vida, porque ya no son solo quimioterapias, también hay fármacos orales y más dirigidos. Pero falta investigar más, la investigación es fundamental.

¿Qué carencias encuentra en la investigación oncológica?

La principal son los recursos. Hay mucha inversión de la industria farmacéutica, pero en España faltan fondos para investigación independiente, no ligada a fármacos, como POSITIVE.

¿Qué ha aprendido de las pacientes a las que trata?

A afrontar mejor la vida. Vivo cerca de gente que sabe que el final se acerca, y ver cómo lo afrontan te enseña muchísimo. He conocido a muchas mujeres valientes.

El chemo brain tardó en detectarse porque las pacientes se quejaban y no se les prestaba atención. ¿Hay que escuchar más en consulta?

Sin duda, y también dedicar recursos a poner soluciones. Sabemos desde hace años que el chemo brain existe, pero seguimos intentando entender sus mecanismos y buscando los mejores tratamientos, y realmente se desconocen.

Ahora que la supervivencia es más larga, dedicamos muchos esfuerzos a entender efectos secundarios que quizá no son graves, pero impactan mucho en la calidad de vida. Para algunas pacientes pueden ser muy limitantes.

Cada año suena más fuerte la campaña 'El cáncer de mama no es rosa, es un marrón'. ¿Qué le parece?

Me parece bien y necesaria. No es un camino fácil de transitar. Se ha visualizado el cáncer de mama como una enfermedad curable y, por desgracia, todavía no lo es para todas.

Muchas se curan, cierto, gracias a las mamografías y al diagnóstico precoz, pero las hay que no y hay otras que recaen. E incluso las curadas viven una experiencia compleja, con efectos secundarios que pueden prolongarse cinco o diez años.

¿Qué legado le gustaría dejar?

Ver aumentar la supervivencia es algo que está pasando y me siento parte de ello. Pero uno más personal sería que, antes de acabar mi carrera, el test de leche materna como detector precoz del cáncer estuviera disponible.

Para eso necesitamos uno que sea muy sensible, que detecte si una mujer tiene la enfermedad, pero también muy específico, para no equivocarnos ni generar ansiedad. Y en ello estamos.