Janina Pérez Arias
Publicada

Desde que La invitación se mostrara en el Festival de Sundance en enero para luego estrenarse en las salas estadounidenses en verano, ha generado mucha conversación por diversas razones.

Por una parte, tanto la crítica como la audiencia le han dado un apoyo incondicional; por otra, supone el retorno triunfal de Olivia Wilde al cine y a la vida pública después de haber sufrido un feroz acoso en las redes sociales y en ciertos medios de comunicación.

Dirigido y coprotagonizado por ella misma, el largometraje posee muchas capas que no solamente tocaron las fibras de la directora y actriz, sino también de un amplio público.

No es por nada que esta historia concebida primero como pieza teatral por el dramaturgo y cineasta catalán Cesc Gay, que luego la llevó al cine en 2020 bajo el nombre de Sentimental (con Griselda Siciliani, Javier Cámara, Belén Cuesta y Alberto San Juan), ya cuente con remakes en países tan dispares como Corea del Sur, Francia, Italia o la República Checa.

La versión estadounidense, escrita por Rashida Jones y Will McCormack, y que desde la dirección Olivia Wilde ha hecho realmente suya, posee los mimbres de la película original.

Olivia Wilde, Seth Rogen, Edward Norton y Penélope Cruz en 'The Invite'. Diamond Films / Zinemaldia

Sin embargo, se nota la carga y la mirada que le conceden las mujeres involucradas. Allí radica uno de los grandes aciertos que la han catapultado como una de las películas más sobresalientes de este año.

En tono de comedia amarga, la historia va de Ángela (Wilde) y Joe (Seth Rogen), un matrimonio de larga duración con una hija adolescente. El precioso apartamento que habitan es un campo minado por el desgaste, los resentimientos y el distanciamiento entre ambos.

El estallido definitivo se produce cuando sus vecinos Piña (Penélope Cruz) y Hawk (Edward Norton), una pareja atractiva, evidentemente enamorada y con una vida sexual bastante activa y aventurera, aceptan una invitación para cenar en el piso de Ángela y Joe.

Olivia Jane Cockburn (Nueva York, 1984), hija de un periodista y escritor y de una reputada corresponsal de guerra, optó por Wilde como apellido artístico en honor al Oscar Wilde para honrar la tradición literaria que existe en su familia.

Precisamente del renombrado escritor irlandés toma una frase de su obra Una mujer sin importancia (1893) para adentrarnos en la historia de La invitación: "Conviene estar siempre enamorado. Por esa razón uno jamás debería casarse".

"Incluí la cita de Oscar Wilde durante el montaje del filme para darle contexto a la historia, tal como lo han hecho muchos de mis autores favoritos", argumenta, "pero lo que espero es que, al final de la película, el público perciba esa cita de otra manera". Sin ánimos de hacer spoilers, sus intenciones se cumplen.

Cuando conversamos sobre The Invite (título original), se hace inevitable mezclar la vida personal de Olivia con la historia y las implicaciones de este filme. En su tercer largometraje como directora (después de Súper empollonas (2019) y No te preocupes querida (2022), no solamente demuestra una madurez como cineasta sino también como persona.

Retoma la cita de Oscar Wilde para afirmar que "quizás si logras mantener el compromiso con el proceso de amar, el cual implica reinvención, el matrimonio en sí deja de parecer algo tan poco romántico. Esa fue mi experiencia personal al respecto", zanja.

Como nota curiosa, para trabajar con los actores en sesiones previas al rodaje, la directora convocó a la afamada psicoterapeuta Esther Perel, de quien ella había sido paciente en el pasado.

Al ser una historia en tono de comedia y para darle un fundamento más realista a la estructura dramática, Olivia consideró necesaria la guía de la autora de El dilema de la pareja: ¿Estamos hechos a prueba de amoríos? e Inteligencia erótica: Claves para mantener la pasión en la pareja, así como conductora del exitoso podcast Where should we begin?.

Wilde se detiene un momento para hablar del concepto de la reinvención, trabajado y explorado ampliamente por Esther Perel, y del cual afirma que le impactó profundamente desde la primera vez que lo escuchó.

"Me cambió los esquemas, por eso estaba decidida a incluirlo en La invitación", comenta. "Creo que el hecho de haber interiorizado ese concepto durante la realización de la película me hizo ver las relaciones a largo plazo y el matrimonio con menos cinismo; me encanta la idea de la libertad de evolucionar, tanto individualmente como en pareja".

Olivia Wilde en su regreso como directora. Diamond Films / Zinemaldia

Hablemos de sexo

Aunque La invitación posee una considerable carga sexual, Olivia Wilde afirma que trata más de las relaciones románticas que del sexo.

Sin embargo, se apura en aclarar que lo segundo "influye de una manera significativa, a pesar de que, al menos en la cultura estadounidense, a menudo se subestima como forma de comunicación no verbal y de confianza, se tiende a valorarlo menos y es algo de lo que no se suele hablar", apunta.

Olivia identifica como "un motor fundamental" de la película la valentía que se requiere en la pareja para comunicarse "sobre cómo se evoluciona y cómo se desea seguir explorando su propio erotismo", asevera.

"Queríamos investigar qué sucede cuando dos personas confunden la intimidad con la fusión", dice. Y entra en detalle: "Me refiero a esa idea de que 'seguimos casados, hemos unido nuestras vidas y, por tanto, hay intimidad', cuando en realidad no podrían estar más distantes".

La directora y actriz confiesa que siente fascinación hacia "la idea de las personas que técnicamente están en una relación pero que, en realidad, son completamente desconocidas, que han dejado de reconocer su propia individualidad, su autonomía, su responsabilidad sobre la felicidad propia".

Wilde sabe de lo que habla porque lo ha experimentado en sus propias carnes. La separación del también actor Jason Sudeikis (conocido por la serie Ted Lasso) después de casi una década de relación y con quien tuvo dos hijos, acaparó la atención mediática durante bastante tiempo.

El chismorreo y la amplia gama de acusaciones que recayeron sobre Olivia primero la hirieron, pero luego ella misma se encargó de convertir todo eso en alimento para su fortaleza.

En cierto modo, Wilde recobró su esencia: la de no dejarse encorsetar, ni arrinconar, ni etiquetar, y en ese sentido ‘La invitación’ es un buen punto de partida para hablar de su propia experiencia.

Cuando se le pregunta sobre la conexión personal entre su personaje Ángela y ella, después de una brevísima pausa, responde.

Seth Rogen y Olivia Wilde en la película. Diamond Films / Zinemaldia

"Cuando Piña (Cruz) dice que 'la gente olvida que es merecedora de más', es algo que siento muy profundamente", reflexiona. Y añade: "Ahora que tengo 42 años y tras haber vivido distintos tipos de relaciones, es un tema que me importa mucho, especialmente en lo que respecta a las mujeres".

Wilde marca las diferencias entre la Ángela de la ficción y su persona, sin embargo identifica los lazos que la unen a su personaje. "Conecté con su deseo de seguir evolucionando y explorando, así como con su convicción de que sería trágico renunciar por completo a todo eso", afirma rotundamente.

"Me sorprende la forma en que sacrificamos nuestra autonomía, nuestra capacidad de elección en nuestras vidas, dando no sólo una sensación de derecho a la atención y devoción hacia nuestra pareja, sin atender a nuestra propia atracción y al desarrollo de nosotras mismas", ahonda.

"Olvidamos que podemos elegir la vida que vivimos, y que todo lo relacionado con nuestras relaciones es el resultado de las decisiones que hemos tomado", afirma.

Vehemente en sus convicciones, Olivia Wilde sostiene que La invitación intenta exhortar a la gente a hacerse preguntas sobre esas elecciones, y a asumir la responsabilidad sobre las mismas y hacia la (in)felicidad propia.

Cuando no se hace eso, "el resentimiento puede convertirse en desprecio", habla con conocimiento de causa.

"Espero que esta sea una de las conversaciones que la gente tenga después de la película, además de preguntarles a nuestras parejas quiénes son en este momento de sus vidas, si son personas diferentes a aquellas de cuando se conocieron, y si todavía existe la curiosidad suficiente para seguir amando a quienes son ahora".

A pesar de todos los temas serios que se desprenden de La invitación, Olivia Wilde reitera que es una comedia. "Queremos que la gente se lo pase bien, que se ría, pero también que se reconozca en la historia", afirma.

"La risa elimina la vergüenza y sirve como una catarsis colectiva", sostienen con una sonrisa desde Londres, donde se encontraba al momento de este encuentro con la prensa.

"Pero también espero que la película lleve a los espectadores y espectadoras a plantearse si han considerado su responsabilidad hacia su propia felicidad, y si la vida que llevan ahora mismo es la que han elegido vivir", añade.

Dedicatoria a Diane Keaton

La trayectoria artística de Olivia Wilde tiene un génesis en un acto de rebeldía. Decidió no ir a la universidad, se fue a California, y allí comenzó en la industria audiovisual como asistente de casting.

Los pequeños roles en películas le permitieron acceder a otros de más duración en series de principios del 2000 como The O.C y House, para luego hacerse notar más en el cine con las cintas Tron: Legacy (2010), Cowboys & Aliens (2011) o Rush (2013). Desde ese entonces no paró de actuar, aunque dirigir siempre estuvo entre sus grandes ambiciones.

Que La invitación esté dedicada a la recientemente fallecida Diane Keaton es un homenaje para la icónica actriz, quien precisamente alentó a Olivia a darle forma a su sueño de convertirse en directora.

"Tuve el placer de trabajar con ella hace años en una película (Navidades, ¿bien o en familia?, 2015), donde interpretaba a su hija. No la vio casi nadie, pero no cambiaría esa experiencia por nada porque pude pasar un invierno siendo su hija", relata.

"Al ser Diane también cineasta, para mí fue una gran fuente de inspiración como mentora", asevera, ya que "ella creía firmemente en la valentía que requiere dirigir y siempre me animó mucho a hacerlo".

Olivia no pierde la oportunidad para recordar la impronta de Keaton. "Como actriz, definió un tipo de mujer más interesante que jamás se había visto en pantalla. Annie Hall (1977) supuso una revelación para mí en cuanto al tipo de personajes que yo quería interpretar", introduce.

Y añade que "habiendo crecido admirando a Lucille Ball, sentía que ella había hecho evolucionar ese arquetipo de mujer vulnerable, empática y peculiar, que se guía por el instinto, el impulso y el corazón, para convertirla en alguien que también podía ser increíblemente inteligente y compleja".

Olivia cuenta que Keaton una vez le dio un valioso consejo, "que mostrara mis sentimientos sin reservas", devela. "Esta película es el trabajo más vulnerable y personal que he hecho, y pensé en ella en todo momento".

Diane Keaton no llegó a ver La invitación; murió justo cuando Wilde estaba en el proceso de montaje.

Wilde en el papel de Ángela. Diamond Films / Zinemaldia

Halagos para Penélope

Sin lugar a dudas está siendo un gran año para Penélope Cruz. No solamente su rol en La bola negra (Javier Calvo y Javier Ambrossi) está causando furor, sino también el personaje de Piña en La invitación.

"Está increíble en esta película", se sincera Olivia Wilde. "Además de ser una actriz dramática que posee una gran fuerza, complejidad y sabiduría, siempre he pensado que es una cómica extraordinaria".

"El cine estadounidense a menudo la elige para interpretar a ese increíble objeto de adoración, pero en sus películas españolas es donde realmente ha podido lucirse en la comedia", observa ella, que para ilustrar su afirmación nombra las películas de Pedro Almodóvar.

También resalta Competencia oficial (de los argentinos Gastón Duprat y Mariano Cohn, 2021), "una maravillosa cinta donde interpreta a una directora de cine y cuya ejecución me pareció perfecta".

Olivia se dispone a develar los secretos de Penélope Cruz a la hora de interpretar a la exuberante sexóloga Piña, un nombre que además surgió a última hora, en el proceso de desarrollo de la película.

"Resulta tan divertida porque le interesan mucho los aspectos inesperados de un personaje", comenta la cineasta.

"Mucha gente habría abordado a Piña como una seductora perfecta y omnisciente. Sin embargo, a Penélope le atrajeron de inmediato los rasgos que la hacían menos perfecta, su intensidad, su torpeza ocasional, su faceta más alocada y su ira inesperada", añade.

Wilde cuenta con embeleso cómo Cruz le fue añadiendo capas "como si fuera una lasaña, basándose en parte en Esther Perel pero incorporando matices específicos de personas de su propia vida".

El look tan especial de Piña se lo debe a Penélope, y recuerda el día en que la española le dijo que quería llevar una peluca muy rubia porque buscaba distanciarse físicamente de sí misma para transformar su personalidad.

"En cuanto se la puso, se produjo un cambio total, se volvió una persona completamente distinta, y me quedé maravillada", rememora Olivia Wilde.

Cruz y Wilde juntas en el 'set'. Diamond Films / Zinemaldia

"Siento un enorme respeto por los actores que saben exactamente qué necesitan para lograr un resultado, eso sólo se consigue con años de experiencia", afirma. "Fue un placer dejarla improvisar, cosa que la misma Penélope comentó que no le había sucedido a menudo a lo largo de su carrera".

Olivia se deshace en elogios al recordar los momentos increíbles creados por Cruz, incluyendo todo el español que se escucha en la película, como también "la pelea del final con el 'cállate de una puta vez' y lo que sigue, al igual que el monólogo sobre la perimenopausia, que se nutre de sus propios conocimientos y de su pasión por el tema", detalla la directora.

"El ADN de Penélope impregna toda la película y no concibo a otra persona interpretando ese papel", resume Olivia Wilde, quien de paso confiesa: "Ahora la admiro más que antes".