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Las niñas han tenido un peso más relevante del que quizá podríamos imaginar en momentos que hoy forman parte de nuestra historia, y merecen reconocimiento por ello. El problema es que muchas veces lo han tenido sin buscarlo. Lejos de desear ser las protagonistas de crisis humanitarias, desastres, regímenes o guerras atroces, lo acabaron siendo.

Sirva como ejemplo la famosa imagen de una cría de nueve años corriendo por la carretera desnuda, con la piel abrasada y el semblante adolorido tras haber sido alcanzada por el napalm que el Ejército estadounidense lanzaba en la guerra de Vietnam. Una foto que, si bien hoy con dudas, fue atribuida a Nick Út y reconocida como símbolo de la crueldad de la contienda.

Aquella instantánea removió conciencias y derivó en una fuerte presión sobre el gobierno de Nixon, al que muchos de sus conciudadanos pidieron que retirase a los militares del país. EEUU lo hizo tres años más tarde, y tiempo después prohibió la gasolina gelatinosa. La "niña del napalm" pasó a ser conocida por su nombre, Kim Phuc. Hoy es activista por la paz.

Otra imagen que dio la vuelta al mundo fue la de Sharbat Gula, la refugiada afgana más conocida del mundo por sus hipnóticos ojos verdes. Tenía 12 años cuando protagonizó la portada del National Geographic de 1985. Creció marcada por la pobreza y en 2021, ya como una mujer madura, recibió asilo humanitario en Italia debido al regreso de los talibanes al país.

El objetivo de esta introducción no es ir más allá de los 15 años que cumple el Día Internacional de la Niña y que sirven para hacer balance de los retos superados, pendientes y nuevos a los que se enfrenta la infancia con nombre femenino desde que la ONU proclamó la efeméride, sino recordar que los más pequeños son especialmente vulnerables en los dramas colectivos.

Tal como en 2011 decidió la Asamblea Nacional de las Naciones Unidas, cada 11 de octubre se dedica esta jornada a reconocer los derechos de las menores del mundo, promover su empoderamiento y destacar la situación singular a la que se enfrentan. La propuesta fue presentada formalmente por Canadá, con el apoyo de Plan International.

15 años después de aquel consenso histórico, esta misma oenegé ha hecho público un exhaustivo informe que evalúa la evolución global de los derechos de la infancia femenina. El estudio radiografía con precisión las luces y sombras del progreso social alcanzado durante la última década y media en todo el planeta.

La letra pequeña

Al analizar las conclusiones del estudio, la directora general de Plan International España, Virginia Saiz, subraya la persistencia de desigualdades estructurales: "La igualdad tiene todavía demasiada letra pequeña. Las cifras globales esconden enormes diferencias entre países, territorios y grupos sociales".

La portavoz conceptualiza la financiación pública como motor de transformación social: "Invertir en las niñas sigue siendo una apuesta de presente y de futuro para conseguir un mundo más justo, democrático y próspero. Hay que seguir insistiendo hasta que ninguna tenga que aceptar términos y condiciones para disfrutar de sus derechos".

El balance de estos 15 años refleja logros indiscutibles en materia de supervivencia. La mortalidad de menores de cinco años ha descendido de 3,5 millones en 2011 a 2,25 millones en la actualidad. 1,25 millones más que antes han logrado alcanzar su quinto aniversario cada año.

Asimismo, la tasa mundial de matrimonio infantil cayó del 23% al 19%, mientras la maternidad adolescente descendió de 47,2 a 40,7 partos por mil jóvenes. Además, más de 41 millones han ganado acceso a productos esenciales de higiene menstrual, una medida decisiva para evitar el absentismo escolar durante el periodo.

Sin embargo, el informe advierte que las mejoras continúan siendo lentas, desiguales y frágiles. En la actualidad, 133 millones de chicas permanecen totalmente excluidas del sistema educativo global. Al ritmo de progreso actual, los organismos internacionales como ONU Mujeres calculan que se necesitarán 171 años para alcanzar la paridad real.

El contexto actual muestra señales de alarma por el fortalecimiento de corrientes opuestas a los derechos humanos. Cerca de mil millones de niñas y mujeres residen hoy en países donde los avances en materia de igualdad se han estancado o están sufriendo severos retrocesos legislativos, sociales y económicos que amenazan su futuro.

Ante este estancamiento, Virginia Saiz alerta sobre los recortes en cooperación internacional: "Precisamente ahora, cuando deberíamos acelerar, existe el riesgo de retroceder. Entre 2024 y 2025, el presupuesto de la Ayuda Oficial al Desarrollo se redujo en 60.000 millones de dólares. Sólo el 4% se destina a la igualdad".

El informe fue objeto de una presentación institucional en el Congreso de los Diputados inaugurada por la presidenta de la Cámara, Francina Armengol, y en la que intervino también Charo Izquierdo, directora de Magas. Un encuentro que visibilizó el compromiso político y mediático imprescindible para acelerar la agenda de derechos de la infancia.

A este diagnóstico se suma la voz de World Vision, bajo el lema "Poner fin al matrimonio infantil e invertir en los derechos de las niñas". La organización recuerda que cada año más de 12 millones de menores son forzadas a contraer matrimonio, lo que equivale a 22 cada minuto.

Las cifras globales muestran la magnitud de las prácticas nocivas: hay 650 millones de mujeres que pasan por estos enlaces durante la infancia y 230 millones que han sufrido mutilación genital, una lacra que afecta anualmente a cuatro millones de chicas y cuya erradicación mundial exigiría un ritmo de progreso 27 veces superior al actual.

Detrás de las estadísticas hay historias como la de Ruby, una joven de 18 años residente en Bangladesh. Su padre abandonó el hogar cuando ella tenía 12 años y su madre acordó su matrimonio por miseria económica. A los 16 años, era madre de dos hijas y sufría maltrato.

Tras ser repudiada por su marido, comenzó a trabajar como empleada doméstica para alimentar a sus pequeñas. Apoyada hoy por la oenegé World Vision, lucha diariamente por escolarizar a sus menores: No quiere que sufran la violencia ni la infancia robada que ella tuvo que soportar.

En el ámbito educativo, la UNESCO denuncia que las barreras estructurales siguen bloqueando a millones de adolescentes. El caso más extremo se registra en Afganistán, donde el régimen talibán mantiene la prohibición de acceso a la educación a partir de sexto grado, dejando a 2,4 millones de niñas desprovistas de escuela.

Los testimonios recogidos por UNICEF en el terreno reflejan el impacto emocional del encierro. Wahida, de 14 años, expresa su dolor tras un año apartada de las aulas: "Paso los días encerrada en casa sin contacto con mis compañeras. Cada mañana me despierto esperando que abran el colegio, pero es insoportable".

De forma similar, Suraya, de 18 años, vio interrumpidos sus estudios cuando cursaba undécimo grado, truncando su sueño de estudiar medicina: "Quiero servir a mi comunidad como lo hace mi padre. Aunque me lleve más tiempo, quiero seguir estudiando. La escuela lo era todo para mí".

Suraya leyendo un libro. Cedida UNICEF

El impacto de las guerras agrava de forma dramática estas vulnerabilidades en todo el planeta. Las evaluaciones de Naciones Unidas señalan que la violencia contra la infancia en conflictos aumentó casi un 40% en el último año, siendo mujeres y niñas el 90% de las víctimas mortales en tales escenarios.

Mirada a Europa

Esta realidad violenta no se limita al Sur Global. El Consejo de Europa alerta de que en Ucrania más de 14,6 millones de personas requieren asistencia humanitaria tras más de cuatro años de guerra a gran escala, representando las mujeres y niñas el 61% del total de la población desplazada dentro y fuera del país.

Entre las bombas en Járkov, Veronika, una estudiante de 16 años, encarna la resistencia de la juventud europea. Tras perder a su padre en un ataque con misiles, encuentra refugio en la música y el voluntariado: "Libero toda la oscuridad a través de la creatividad, y lo que surge suele ser luz. No doy a la oscuridad la oportunidad de cambiarme".

Con el apoyo de los programas de salud mental y educación de UNICEF, ha creado una banda de rock juvenil llamada Eustoma y se prepara para ingresar en la universidad: "No pienso permitir que la oscuridad de la guerra destruya mis sueños ni las ganas de ayudar a mi comunidad".

Veronika, estudiante de último año de secundaria de la región de Járkov. Cedida UNICEF

Junto a los conflictos tradicionales, la brecha tecnológica es otro factor determinante de desigualdad. Según la UNESCO, las mujeres representan el 35% del alumnado matriculado en carreras científicas y tecnológicas (STEM) y un 3% en informática, una disparidad que amenaza con perpetuar la brecha salarial en el mercado laboral.

Para corregir este desequilibrio, iniciativas de UNICEF como Skills4Girls y POWER4Girls promueven el aprendizaje digital y el liderazgo entre chicas de comunidades vulnerables. Estos programas combinan formación técnica, habilidades prácticas y mentoría profesional, beneficiando a más de 17 millones de jóvenes para facilitar su inserción laboral digna.

Un ejemplo inspirador es el de Nikmah, una joven indonesia de 18 años. Desafiando la falta de recursos económicos de su familia y los estereotipos de género locales, aprendió programación informática hasta diseñar una aplicación móvil destinada a prestar apoyo psicológico y espacios seguros de escucha para adolescentes.

"La tecnología no entiende de género ni de prejuicios", afirma Nikmah con orgullo tras lanzar su prototipo digital. "Las niñas tenemos la misma capacidad que los varones para liderar la innovación tecnológica y resolver las necesidades de nuestras comunidades si recibimos las oportunidades, el apoyo y la formación adecuada desde la escuela".

La nueva frontera del abuso

No obstante, la expansión de las herramientas digitales ha abierto una aterradora frontera de abuso. Un informe de la Internet Watch Foundation (IWF) alerta sobre la eclosión sin precedentes de material de abuso sexual infantil generado mediante inteligencia artificial generativa, que se distribuye masivamente a través de las plataformas y redes sociales públicas.

Los datos de la IWF revelan que en el primer semestre las imágenes fotorrealistas de abuso creadas con IA aumentaron un 40% respecto al año anterior. De las analizadas, el 97% correspondía a niñas y el 79% a menores entre siete y 13 años.

Esta amenaza digital también llega a las menores de este país. La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) ha lanzado una alerta sobre el acceso cada vez más temprano e incontrolado de menores a la pornografía en internet, favorecido por los algoritmos de recomendación de las grandes redes sociales.

Imagen de archivo de una niña con el móvil en el colegio. iStock

Algunos especialistas sitúan la edad media de primer contacto con esta en los 12 años. Sin embargo, un 25% de adolescentes reconoce haber visto esos contenidos antes de cumplir los 12 años y un preocupante 6,5% lo hizo a los ocho años o incluso antes.

La doctora Marta Esther Vázquez Fernández, portavoz de la AEPap, advierte de las graves secuelas sobre las niñas. A su juicio, la exposición a imágenes sexualizadas y alteradas puede "favorecer una percepción del propio cuerpo condicionada por modelos irreales o excesivamente sexualizados y aumentar la presión para ajustarse a determinadas expectativas".

Parálisis política, tsunami tecnológico

A pesar de la gravedad de esta epidemia digital, España padece un paralizante bloqueo legislativo. La disolución de las Cortes Generales y la convocatoria de elecciones anticipadas para el 29 de noviembre ha provocado el decaimiento parlamentario de proyectos de ley cruciales orientados precisamente a proteger a la infancia en los entornos virtuales.

Entre las iniciativas sepultadas por la llamada a las urnas figura la Ley para el Buen Uso y Gobernanza de la Inteligencia Artificial. Este proyecto pretendía adaptar la normativa europea, introduciendo la prohibición de deepfakes sexuales no consentidos y sancionando la creación o difusión de desnudos sintéticos con multas de hasta 35 millones de euros.

De igual modo, ha quedado paralizada la Ley Orgánica para la Protección de las Personas Menores de Edad en los Entornos Digitales. Dicha propuesta pretendía vetar el acceso a redes a menores de 16 años e imponer a las plataformas tecnológicas sistemas de verificación de edad y mecanismos de retirada de contenidos.

Ante esta vulnerabilidad, las oenegés internacionales y los profesionales sanitarios coinciden en exigir un compromiso político firme que trascienda los calendarios electorales. Proteger a las menores exige dotar de presupuesto estable a la educación afectivosexual, regular las tecnologías emergentes y garantizar que la igualdad se aplique en todos los ámbitos.

Al cumplir 15 años el Día Internacional de la Niña, las oenegés recuerdan que el progreso social no es un camino irreversible. La eliminación de las brechas de género exige escuchar las voces de las propias chicas, respaldar sus proyectos de vida y financiar adecuadamente las políticas públicas destinadas a garantizar sus derechos fundamentales.