Hay personas que han aprendido a convivir con los giros de guion antes incluso de dedicarse a la ficción y, sin duda, la gallega María Castro es una de ellas.
En el imaginario colectivo, la actriz se dibuja como una polifacética artista cuyo arco de personaje la ha llevado a dar vida a personajes sumamente dispares: desde la implacable Jéssica en Sin tetas no hay paraíso hasta Pía, en La Promesa, rol que sigue desarrollando en la actualidad.
No obstante, pensar en ella es hacerlo también en una mujer familiar, con un pasado muy ligado al deporte y amante de sus galletas, que conquistan siempre a sus compañeros de set y a todos esos programas donde las reciben con los brazos abiertos.
Sin duda, Cruz Sánchez de Lara, vicepresidenta ejecutiva de EL ESPAÑOL y editora de Magas y Lifestyle, y Charo Izquierdo, directora de este vertical, quedaron prendadas de la galeguiña a su paso por el pódcast Arréglate que nos vamos, donde se ha convertido en la segunda invitada de la temporada.
La conversación, casi de forma lógica, inevitable, arranca con un viaje al pasado, preso siempre de la nostalgia, pero esta vez, de forma optimista.
Charo Izquierdo y Cruz Sánchez de Lara junto a la invitada.
Érase una vez...
Una María Castro de seis años y bucles pelirrojos que entró en un pabellón para hacer gimnasia rítmica. Tanto la atrapó el deporte, que no salió de él hasta los 18 y lo hizo con una idea bastante clara sobre la vida: puedes entrenar durante horas, hacerlo todo bien y, aun así, no conseguir el resultado que esperabas.
Una lección que, sin duda, sigue teniendo muy interiorizada y que la marcó entonces, pero también ahora, cuando esta enseñanza la acompaña al presentarse a un casting, cuando interpreta a un personaje o cuando la vida decide cambiarle los planes.
"No todo esfuerzo conlleva una recompensa. Ni tampoco digo que la vida sea siempre justa", explica en Arréglate que nos vamos. Como de costumbre, lo dice además quitándole hierro al asunto y deshaciéndose de los dramas, que casi siempre quedan delante de las cámaras o sobre las tablas.
En esa máxima, cuenta, está una de las claves de su manera de enfrentarse a una profesión en la que un 'sí' puede depender de una decisión ajena y un 'no' no necesariamente significa que hayas hecho algo mal.
Arréglate que nos vamos con María Castro
Antes de convertirse en actriz, estudió INEF y trabajó como profesora de Educación Física. Suspendió la oposición por unas décimas, con un 4,96, pero consiguió una plaza como interina en un instituto.
Mientras tanto, buscaba una oportunidad para probar suerte en Madrid. Su representante, con quien lleva 22 años, empezó a mover su carrera y, cuando varios castings coincidieron, consiguió hacerlos todos en un mismo viaje.
Uno de ellos terminó siendo Sin tetas no hay paraíso. Tenía 26 años. Había hecho pruebas para distintos personajes y acabaron viéndola como Jessi, una mujer a la que define como sibilina y pérfida, aunque con buen corazón.
También recuerda que el primer Duque no fue Miguel Ángel Silvestre. Los cambios llegaron durante el proceso y, una vez más, la casualidad hizo su trabajo.
Castro ha aprendido a no obsesionarse con aquello que no puede controlar: "Cuando voy a un casting ya sé que tengo el no", cuenta. Lo hace, se marcha a casa con sus hijas y sus galletas y, si llega el sí, estupendo. Si no, "sigo siendo igual de buena o mala que era ayer".
Actriz y mamá
De aquella niña que se recorría los pabellones de España con el aro y las mazas queda mucho y queda poco. Ahora es madre de tres pequeñas: Maia, Olivia y Emma.
La maternidad, cuenta, no significa dejar de luchar por los sueños, pero sí recolocar las prioridades. Su objetivo actual es que la comunidad familiar esté bien y que sus hijas puedan crecer buscando aquello que las haga felices, al margen de sus profesiones, porque reconoce que hay mucha vida aparte de ese plano.
Emma, la última, nació mientras Castro trabajaba en La Promesa. Estuvo grabando hasta la semana 35 y regresó cinco meses después del parto.
María Castro durante la grabación del pódcast.
Cuando comunicó su embarazo al creador de la serie, Josep Cister, esperaba algún tipo de traba, ¡pero nada más lejos de la realidad! Solo encontró comprensión y buscaron juntos una solución creativa para integrar la situación en la trama.
Después, la actriz regresó al trabajo con su bebé, con quien pasó varios meses en el plató, con todo el equipo implicado al 100 % para facilitar esa vuelta.
En este punto, Cruz Sánchez de Lara hace una reflexión especialmente necesaria, sobre todo en estos tiempos desalentadores que corren: "Hay que reconocer cuando se dan esas buenas actitudes. Al igual que es importante contar las cosas desagradables de este campo, si te tratan bien hay que decirlo", algo con lo que Castro se muestra totalmente de acuerdo.
Esa mirada hacia lo positivo atraviesa buena parte de la conversación, casi siempre dirigida por la propia invitada, de forma magnética. Sin embargo, naturalmente, la charla desemboca en un capítulo más oscuro; diferente, quizás, íntimo por definición: las pérdidas gestacionales.
María Castro llegó a vivir cinco antes de la llegada de su primera hija y esa historia entroncó más adelante en el teatro, interpretando a una mujer que había pasado por lo mismo en La coartada.
"La obra fue preciosa, pero claro, yo ya había perdido varios bebés en aquel entonces, por lo que era desgarrador volver a contar todo aquello. Y, a la par, liberador. Fue una catarsis", cuenta ante los micros y las voces serenas y miradas atentas, cariñosas, de las conductoras, que la dejan ser.
Tal y como detalla en el pódcast, la experiencia teatral y sus propias vivencias terminaron llevándola a hablar públicamente del tema, pero no fue hasta que decidió que su familia estaba completa, como una especie de cierre al duelo.
Entonces, habló de todo lo sucedido con su comunidad en redes sociales y explicó qué había descubierto y lo que podía implicar un problema inmunológico en estos casos.
"A raíz de eso, la gente empezó a investigar sus historias y se me llenó el buzón de mensajes. Fui contestando todos los que podía y recuerdo que me decían: 'Yo también he sido Ana', en referencia a mi personaje en la obra", explica.
De hecho, cuenta una anécdota ya imborrable en su memoria: "Por la calle me paró una pareja y ella me dijo: 'Vi tu vídeo, yo había perdido un bebé y, al oírte, pensé que era lo mismo que me podía pasar a mí. Ahora, esta niña que está aquí, que se llama Sofía, está en el mundo gracias a ti'", cuenta, visiblemente emocionada, con la mirada empañada.
Pasión solidaria
A raíz de esto, de esa pasión por ayudar que desprende la intérprete, Charo Izquierdo no duda en preguntar por otro hito más que notable que logró la gallega hace menos de dos años: su campaña de apoyo a los afectados por la DANA.
En concreto, organizó una recogida de juguetes, ya que, al margen de su faceta solidaria, inherente a su persona, la situación le tocaba de lleno: parte de la familia de su marido es de la zona de Paiporta y Torrent, áreas muy afectadas por la tragedia.
Afortunadamente, ellos no tuvieron que lamentar daños personales, sólo materiales, y todo ello la llevó a liderar un proyecto que tuviera sentido para ella y con el que sentirse útil en este contexto.
Las conductoras del programa embelesadas ante la naturalidad de su invitada.
También desde esa necesidad de ayudar nació otra iniciativa: una campaña de recogida de juguetes tras la DANA que afectó a Valencia. Parte de la familia de su marido había sufrido pérdidas materiales y Castro quiso hacer algo que tuviera sentido para ella.
"De repente, estaba grabando una secuencia de La Promesa y caí en que la Navidad estaba muy cerca y yo tengo tres hijas y mi ilusión son los niños. Siempre soñé con tener una juguetería y pensé: 'No me puedo creer que los Reyes Magos no vayan a poder pasar por ahí'", cuenta.
Entonces, lo vio todo claro y, poco a poco, su propuesta comenzó a tomar forma en el patio de rodaje de la serie, algo que agradece de nuevo al creador de la producción. De nuevo, la magia de la Navidad, de las personas, comenzó a fluir y los paquetes comenzaron a llegar. Y cada cual puso su granito de arena.
"Estuvimos un mes recogiendo juguetes. Me iba a trabajar dos horas antes y lo hacía con una de mis hijas y con mi madre, de 80 años. Acabamos recopilando 20.000, además de cuentos, material escolar y peluches, que fueron distribuidos en 13 casales falleros", explica.
Para la galeguiña, este gesto —esta gesta— ha sido lo más valioso que ha logrado en su vida después de sus hijas.
El anecdotario
En casa, mientras tanto, la creatividad sigue aflorando de la mano de la cotidianidad. Cocina con sus niñas, hace galletas —sí, sí, esas hiperconocidas que se han mencionado ya—, bizcochos, manualidades y deja que se manchen, experimenten y rompan huevos.
Sus niñas también empiezan a mostrar inclinaciones artísticas, en especial, la mediana, tal y como apunta tras la pregunta inevitable de Charo Izquierdo.
No obstante, su máxima como madre está clara: lo único que quiere es que sean felices.
"A veces me pregunto cómo puede tener tanto morro, porque te cuenta las historias en primera persona, como si ella las viviera", destaca sobre Olivia, a lo que Cruz Sánchez de Lara tiende el guante y responde que "a lo mejor es la genética". Las risas se desparraman de forma automática e inevitable por el plató de grabación.
Esto le sirve a la actriz para recordar una anécdota de su infancia que aúna bien sus inicios como gimnasta y esa actitud propia de quien tiene la predisposición y el desparpajo de triunfar ante las cámaras:
"Yo tenía seis años y fui a mi primer campeonato de España en Gerona. Entonces, mi madre me dijo: 'Mira, María, esto va a estar lleno porque es mucho más grande que un provincial gallego, pero no te pongas nerviosa', y yo le contesté: 'Mamá, ¡cuánta más gente, mejor!'", relata, dejando entrever eso que siempre ha estado ahí.
Para finalizar, una de las últimas conversaciones que se abre en el pódcast es la de la relación de las actrices con la moda, algo inevitable, ya que un buen vestuario lo marca todo, tanto en producciones contextualizadas en la actualidad como en las de época. En este segundo apartado, en el currículum de Castro destaca, además de La Promesa, Amar es para siempre.
Conversación a tres de Cruz Sánchez de Lara, Charo Izquierdo y María Castro.
En el pódcast también es fundamental, ya que detalles que, en principio, no tendrían que ser definitorios pueden crear un clima que favorezca mucho más la charla, que dé confianza. Para ello, Cruz y Charo confían en Mango para darle vida a su propia ambientación.
María lo hace ciegamente en los responsables de este aspecto en cada producción en la que participa: "A veces ni levanto la cabeza para ver qué llevo, porque entiendo que la persona que está ahí tiene la formación suficiente para sacar de mí el partido que tiene que tener el personaje en base a su ropa".
Y, entre acusaciones de ser una meiga, una buena, de esas que con su aura lo envuelve todo y ralentiza este tiempo inmediato que lo rige todo a día de hoy, bromas, chistes y anécdotas, María Castro, Cruz Sánchez de Lara y Charo Izquierdo se despiden. Estas dos últimas, aseverando lo mucho que gana la actriz tras haberla conocido en persona.
Y es que la de Vigo se marcha, pero deja en el plató de Arréglate que nos vamos un acento cálido que se balancea entre palabras y que, a pesar de haber sobrepasado el tiempo de grabación en 10 minutos, deja con ganas de más.
