Madrid se prepara para escuchar por primera vez el rugido de los monoplazas de Fórmula 1 en el circuito Madring, del viernes 11 al domingo 13. Pilotos, escuderías y miles de aficionados se dan cita en la capital para celebrar uno de los deportes más seguidos del mundo.
Una competición que presume de velocidad, innovación y evolución constante, pero cuyo sector todavía arrastra una ausencia difícil de ignorar: la de las mujeres.
En más de siete décadas de historia del campeonato, sólo cinco han llegado a participar en un Gran Premio de Fórmula 1. La última fue la italiana Lella Lombardi en 1976.
Desde entonces, mientras generaciones enteras de hombres se han sucedido al volante, ninguna de ellas ha vuelto a ocupar un asiento en una parrilla de salida.
Pero eso no significa que ninguna haya conseguido acercarse. Algunas han logrado dar pasos firmes en este deporte, demostrando que el talento también puede esconderse bajo un casco femenino y alcanzar los despachos y puestos de poder.
Es el caso de Susie Wolff, directora general de F1 Academy y antigua piloto de desarrollo de Williams. Actualmente, es una de las principales figuras en la promoción del talento de las mujeres dentro del automovilismo.
Susie Wolff como piloto de Renault.
Esta escocesa, nacida el 6 de diciembre de 1982, aprendió pronto a moverse en ese escenario. Con el ruido de los motores como compañero de viaje, ha construido una trayectoria marcada por la perseverancia y por una forma de entender la competición que nunca se ha limitado a conformarse con el lugar que otros habían imaginado para ella.
Hay carreras que se miden en segundos y otras cuyo verdadero recorrido sólo se entiende con los años. La de ella pertenece a las dos. Una historia de velocidad, determinación y de puertas que parecían cerradas, en la que llegar nunca fue suficiente: también había que dejar el camino un poco más abierto.
Creció en una familia en la que la pasión por la velocidad venía de casa, seguramente de su madre, que era aficionada a las motos. Su padre era también piloto, pero de motociclismo, y regentaban un concesionario. A los ocho años, Wolff decidió que lo suyo era ponerse al volante.
Durante su adolescencia, reinó en el mundo del karting ganando el 24-Hour Middle East Kart Championship, el Scottish Junior Intercontinental A y el Scottish Open Junior Intercontinental A.
Fue en los 90 cuando empezó a pisar fuerte y dejar sus primeras marcas, llevándose el British Woman Kart Racing Driver of the Year, podio que mantuvo durante varios años.
Aunque su gran referente personal fue siempre su madre, hubo un piloto que cambió para siempre la manera en la que Susie Wolff entendía las carreras: Jenson Button.
Con 13 años acudió a una prueba de Fórmula 3 en Donington Park y lo vio ganar. Hasta entonces, el karting había sido principalmente una afición, pero aquel día comprendió que podía convertirlo en una profesión y empezó a imaginar que podría llegar a la Fórmula 1.
En el 2001 se subió por primera vez a un monoplaza y poco después encontró su sitio en la Fórmula Renault británica. No tardó en demostrar que podía trasladar a esos vehículos todo lo aprendido durante su infancia.
Los resultados fueron llegando progresivamente hasta firmar su mejor temporada en 2004, cuando consiguió tres podios y terminó quinta en el campeonato. Su nombre comenzaba a hacerse un hueco dentro del automovilismo.
El siguiente escalón parecía inevitable. En 2005 llegó a la Fórmula 3 británica, una de las categorías que tradicionalmente servían de escaparate para los jóvenes que soñaban con alcanzar la Fórmula 1. No tuvo suerte: una lesión en el tobillo interrumpió su progresión y tuvo que afrontar uno de los primeros grandes obstáculos de su carrera.
Lejos de poner fin a sus aspiraciones, aquel contratiempo terminó llevándola hacia un camino diferente. En 2006 cambió los monoplazas por el DTM alemán, uno de los campeonatos de turismos más prestigiosos de Europa.
Susie Wolff en su temporada en DTM.
Seis años después, Wolff firmó un contrato como piloto de desarrollo de la escudería Williams. Puede parecer un puesto menor, pero dentro de un equipo de F1 tiene una enorme importancia.
Aquel nombramiento tenía un significado especial: ya no estaba intentando acercarse a la élite desde una categoría inferior, sino que formaba parte oficialmente ella.
Esto no sólo suponía un avance profesional. Era también un paso simbólico dentro de una competición, ya que ninguna mujer había participado en una carrera desde la década de los 70.
En 2014 Susie Wolff recibió la oportunidad de estar en dos sesiones oficiales de entrenamientos libres de Fórmula 1.
La primera llegó en el Gran Premio de Gran Bretaña, en Silverstone. Allí se convirtió en la primera piloto desde 1992 en formar parte de un fin de semana oficial. Fue un momento histórico, aunque su sesión duró poco: un problema técnico en el coche sólo le permitió dar unas pocas vueltas.
Dos semanas después volvió a intentarlo en el Gran Premio de Alemania, en Hockenheim. Esta vez sí pudo completar la cita y terminó muy cerca del tiempo de su compañero Felipe Massa.
Wolff debutando en la F1.
Aquellas apariciones fueron importantes porque demostraron que no estaba en Williams únicamente como una figura simbólica. Había trabajado durante años con el equipo y, cuando tuvo la oportunidad de salir a pista, mostró que podía competir a un nivel muy alto.
En noviembre de 2015 anunció su retirada. Ella misma reconoció que su objetivo de conseguir un asiento en la parrilla de Fórmula 1 no iba a hacerse realidad. Pero prácticamente al mismo tiempo empezó una nueva etapa creando Dare to be Different junto con la organización británica Motorsport UK.
El proyecto buscaba que más niñas conocieran las posibilidades profesionales del automovilismo, no sólo como pilotos, sino también como ingenieras, mecánicas y en otros puestos dentro de los equipos.
Wolff sabía perfectamente lo que significaba crecer sin apenas referentes femeninos. Había tenido que demostrar una y otra vez que su sitio en la pista dependía de su talento y no de su género.
El proyecto organizaba jornadas en las que las pequeñas en edad escolar podían probar el karting, conocer distintas profesiones del paddock y hablar con profesionales femeninas que ya trabajaban dentro del sector.
Había detrás una idea profundamente feminista: no pedir un espacio simbólico para las mujeres, sino normalizar que pudieran competir, dirigir, diseñar coches o tomar decisiones en igualdad de condiciones.
La iniciativa fue creciendo hasta que, en 2019, se integró en Girls on Track, el programa de la Federación Internacional del Automóvil, ampliando su alcance internacional.
Su gran salto en este sector se produjo en marzo de ese año, cuando fue nombrada directora general de F1 Academy, la nueva categoría creada para desarrollar el talento de las jóvenes pilotos y facilitar su camino hacia categorías superiores.
Wolff pasaba así a gestionar un proyecto que atacaba directamente uno de los grandes problemas del sector: la enorme desigualdad de género desde las categorías de formación.
Wolff como miembro de la FIA.
Su nombramiento tenía además un fuerte componente simbólico. La misma mujer que años antes había tenido que luchar para conseguir una oportunidad al volante de un Fórmula 1 era ahora quien podía crear esas oportunidades para una nueva generación.
Su experiencia como piloto, directora de equipo y defensora de la presencia femenina la colocaba en una posición privilegiada para entender dónde estaban las barreras.
F1 Academy nació para intentar derribarlas. Su primera temporada reunió a 15 perfiles repartidos entre cinco equipos, con una estructura pensada para proporcionarles experiencia y preparación antes de intentar avanzar por la pirámide de los monoplazas.
Pero para la escocesa no era suficiente con crear una competición exclusivamente femenina. El verdadero objetivo era conseguir que ellas tuvieran visibilidad, recursos y oportunidades para seguir avanzando.
En 2023 se anunció que, desde la temporada siguiente, las 10 escuderías de Fórmula 1 apoyarían a una piloto de F1 Academy y colocarían sus colores en uno de los coches de la categoría. Además, las carreras pasarían a celebrarse durante fines de semana de Grandes Premios.
Era un cambio importante: las jóvenes dejaban de competir en un campeonato prácticamente separado para hacerlo delante de los equipos, patrocinadores y aficionados de la propia F1.
Wolff como directora de la F1 Academy.
Wolff también quiso empezar todavía más abajo. Ese mismo año impulsó F1 Academy Discover Your Drive, un programa para acercar el karting y las diferentes profesiones del automovilismo a las nuevas generaciones en clave femenina.
Su filosofía podía resumirse en una de sus ideas más repetidas: si una niña no puede ver a otras mujeres ocupando esos espacios, será mucho más difícil que crea que ella también puede llegar hasta allí.
