En el ecosistema emprendedor, pocas narrativas resultan tan reveladoras —y a la vez tan ignoradas— como la que surge al analizar la relación entre género, acceso al capital y desempeño empresarial.
Durante años, el debate sobre la presencia de mujeres en el mundo de las startups se ha centrado en la desigualdad de oportunidades. Sin embargo, cada vez más datos sugieren que el problema no es únicamente de equidad: también es una cuestión de eficiencia económica.
España no es una excepción a esta paradoja global. A pesar de recibir menos financiación y de enfrentarse a mayores barreras estructurales, las startups fundadas por mujeres muestran indicadores de rendimiento notablemente sólidos.
Las mujeres representan un 20% de la fuerza de emprendimiento, y sólo 6% de las startups son fundadas por ellas. Así concluye el Mapa del Emprendimiento 2023 hecho en el South Summit en colaboración con IE University.
Según el estudio Costo de oportunidad de la brecha de género en la innovación emprendedora -promovido por Redeia-, estas compañías generan alrededor de un 10% más de ingresos que aquellas creadas exclusivamente por hombres y presentan tasas de fracaso hasta un 27% inferiores.
En España, las mujeres representan un 20% de la fuerza de emprendimiento.
Es decir, no sólo venden más en relación con sus recursos, sino que además sobreviven mejor en un entorno caracterizado por la incertidumbre.
Este patrón apunta a una característica especialmente valorada por los inversores: la eficiencia en el uso del capital. En un contexto en el que la rentabilidad vuelve a ser prioritaria tras años de abundancia financiera, la capacidad de construir negocios sostenibles con menos recursos debería ser una ventaja competitiva evidente.
“El hecho de tener menos acceso al capital, históricamente, o que cueste más, pues implica un mayor esfuerzo. Sobre todo el buscarte la vida para no depender de inversión externa. Si sabes que te es difícil llegar a esos inversores o a ese capital, pues te esforzarás más en poder ser más rentable o más eficiente lo antes posible”, apunta Mireia Roca, cofundadora y co-CEO de DOMMA.
Sin embargo, la asignación del capital riesgo en España continúa mostrando un desequilibrio significativo.
El barómetro sobre la paridad de género en la creación y financiación de startups de Boston Consulting Group indica que, desde 2019, sobre el 12% de la inversión de venture capital se ha destinado a startups fundadas por mujeres.
La cifra revela un avance respecto a décadas anteriores, pero sigue siendo baja si se considera el potencial demostrado por estas compañías.
El contraste se vuelve aún más claro al observar que las empresas con al menos una mujer fundadora representan cerca de una cuarta parte de las startups que logran levantar financiación, pero sólo captan alrededor del 15% del volumen total invertido.
La brecha se amplía todavía más en el caso de los equipos íntegramente femeninos, que acceden a cerca del 7% de las rondas y apenas al 2% de los fondos disponibles. No se trata, por tanto, de una falta de proyectos ni de ambición empresarial. Más bien parece reflejar un sesgo persistente en los criterios —conscientes o inconscientes— con los que se evalúa el riesgo y el potencial de crecimiento.
El resultado es una contradicción difícil de ignorar: mientras el capital fluye mayoritariamente hacia equipos masculinos, algunos análisis apuntan a que cada euro invertido en una empresa fundada por mujeres puede llegar a generar el doble de retorno que el destinado a startups creadas sólo por hombres.
Cristina Martínez y Mireia Roca.
Para cualquier inversor, esta diferencia debería ser motivo suficiente para replantear sus estrategias.
También existe una dimensión cultural que no debe subestimarse. Los procesos de pitch pueden estar condicionados por expectativas distintas según el género del equipo fundador.
“Sí que nos damos cuenta que quizá se nos pregunta mucho por el riesgo que puede haber, por la credibilidad, por dar mucha seguridad, justificar mucho lo que estamos diciendo y por qué nosotras sí podemos hacerlo. Y, en cambio, en discursos que he visto, en reuniones que he visto con fundadores hombres que tengo cerca, quizá no se pide tanto esa justificación y se enfoca más la conversación en la proyección, o en el sueño, o en la ambición”, cuenta Mireia Roca.
¿Por qué, entonces, persiste esta divergencia entre resultados y financiación?
Parte de la explicación se encuentra en factores estructurales que influyen en todo el recorrido emprendedor. La presencia femenina en el emprendimiento de alta intensidad sigue siendo notablemente inferior a la masculina.
“Además, las rondas en proyectos con mujeres son de menor tamaño que las rondas con sólo hombres, y yo creo que el tema de la mayor eficiencia es un tema de hasta que se llega a conseguir ese dinero, que sabemos que es poco, porque hay pocas que llegan al siguiente nivel, entonces, bueno, cada euro cuenta y se intenta utilizarlo de la mejor manera posible, porque no sabes si vas a conseguir más”, apunta Helena Torras, consejera independiente -antes emprendedora y ahora inversora-.
Por cada hombre que participa en este tipo de iniciativas, apenas hay algo más de un tercio de mujeres. La falta de referentes visibles, el acceso desigual a redes de contacto y la menor presencia en círculos inversores contribuyen a perpetuar esta dinámica.
Sin embargo, el panorama no es estático. En los últimos años se aprecia un crecimiento gradual de la presencia femenina en el ecosistema startup español. La proporción de empresas fundadas por mujeres ha pasado aproximadamente del 10% al 12% en un periodo reciente, según apunta BBVA Spark. Aunque el avance es moderado, indica que el cambio está en marcha.
Este enfoque puede estar alineado con una transformación más amplia del mercado. Tras una etapa en la que el crecimiento acelerado dominaba el discurso inversor, el entorno actual premia la disciplina financiera y la generación de ingresos reales. En ese contexto, la forma de construir empresa que han adoptado muchas fundadoras deja de ser una excepción para convertirse en una referencia.
Helena Torras, consejera independiente.
Un estudio del Harvard Business Review sostiene que la cuestión ya no debería formularse únicamente en términos de diversidad o justicia social, sino de competitividad económica. Si una parte del ecosistema está demostrando mayor resiliencia y mejores retornos relativos, ignorarla no solo es injusto: es ineficiente.
Además, el debate sobre la financiación femenina no debe reducirse a una lógica de redistribución. No se trata de quitar recursos a unos para dárselos a otros, sino de optimizar su destino. Los mercados más dinámicos son aquellos capaces de identificar talento allí donde se encuentre y canalizarlo hacia proyectos con potencial real.
“Venimos de donde venimos, estamos donde estamos y lo importante es que ahora actuemos. Hagamos las cosas para generar el cambio que queremos. Que es que todo el mundo que tenga un proyecto emprendedor, si es bueno, consiga financiación. Indistintamente de su género”, concluye Helena Torras.
Cuando el capital se asigna de manera más equilibrada, los beneficios se extienden a toda la economía. Se fomenta la competencia, se diversifican las soluciones tecnológicas y se fortalece el tejido empresarial. En otras palabras, la inclusión no es sólo un valor social; es un motor de innovación.
El reto para España consiste ahora en acelerar esta convergencia entre rendimiento y financiación. Esto implica revisar procesos de inversión, ampliar las redes de apoyo al emprendimiento femenino y, sobre todo, cuestionar los supuestos tradicionales sobre quién encarna el perfil de un fundador “típico”.
A medida que más datos confirman la solidez de las startups lideradas por mujeres, la narrativa comienza a cambiar. Lo que durante años se percibió como un nicho está emergiendo como una oportunidad estratégica. Para un país que busca consolidarse como hub tecnológico europeo, desaprovechar ese potencial sería un lujo difícil de justificar.
