Hay artistas que convierten la música en una profesión y otros que terminan haciendo de ella una forma de vida. María Toledo pertenece a los segundos.
Entre la maternidad, los escenarios y la necesidad de seguir haciendo realidad sus sueños, la cantante habla de una vida que está muy lejos de la perfección que a veces proyectan las redes sociales.
Cantaora, compositora y pianista, lleva años construyendo una carrera a contracorriente, reivindicando el flamenco desde la formación, la inquietud y una mirada abierta a otros géneros.
Su trayectoria suma ya ocho discos y seis nominaciones a los Latin Grammy, además de colaboraciones con artistas tan diferentes como Rocío Jurado, Franco De Vita, Camela u Omar Montes.
Ahora llega María, un álbum que lleva el nombre de su hija y que tiene algo de declaración de amor y algo de legado familiar. No es, dice ella, un disco que lleve su nombre: es el nombre de su niña.
María Toledo en Puerto Morelos (México) junto a su hija, la inspiración para este disco.
Cada canción nace en un momento vital en el que la maternidad ha cambiado su manera de cantar, de trabajar y hasta de mirar el escenario.
En conversación con Magas, habla de sus pequeños, de la dificultad de conciliar, de cuando Rosalía abría sus conciertos en 2015 y de una idea que repite como un mantra: una mujer no debería tener que renunciar a sus sueños cuando se convierte en madre.
¿Por qué decidiste que tu nuevo disco se llamara simplemente María?
Es el nombre de mi hija. Aunque yo también me llame así, quería que fuera un disco dedicado a ella. El anterior se llamó Vicente –en honor a su hijo mayor- y tuve muchas dudas sobre qué título ponerle a este. Probé muchos, pero siempre volvía al origen, que era María.
Y pensé: así, cada uno de mis hijos tendrá su disco el día de mañana.
Es una idea preciosa. ¿Qué te gustaría que sintieran tus hijos cuando escuchen estos discos dentro de veinte años?
Creo que es la mejor herencia que les puedo dejar. Un disco está hecho con el alma. Ellos siempre podrán escuchar la voz de su mamá y, además, escuchar sus propias voces cuando eran recién nacidos.
Hay momentos en los que aparecen ellos hablando. Por ejemplo, mi hijo diciendo: "Mamá, eres la mejor mamá del día". Esas cosas están grabadas en el disco y me hacen muchísima gracia.
¿Crees que la maternidad ha cambiado tu manera de crear?
Muchísimo. Antes, cuando salía al escenario, siempre pensaba que estaba haciendo el concierto de mi vida. Me decía: "Estás cantando en el teatro de tus sueños". Ahora pienso: "Canta lo mejor que puedas, porque de esto también depende tu vida y la de tus hijos".
Quiero hacerlo muy bien para que ellos se sientan orgullosos de mí y para que nunca me falte mi trabajo.
La cantaora y su hija, María.
Siempre has defendido que una mujer no debe perderse a sí misma al convertirse en madre.
Es un consejo que doy siempre: que no pierdan sus sueños. Que hagan su maternidad como consideren, pero que no abandonen aquello que quieren hacer.
El día de mañana tus hijos crecen y la vida pasa, pero tú no puedes abandonarte. Yo, a pesar de haber tenido dos hijos, nunca he abandonado mi carrera.
Eso sí, cada mujer tiene que elegir. Todo es respetable y todas necesitamos tiempo para dedicarles a nuestros pequeños. En mi caso he elegido estar con ellos y, además, mi profesión me lo permite. No todas las profesiones tienen esa flexibilidad.
Porque también hay una parte de la conciliación que sigue siendo muy complicada.
Desgraciadamente, no estamos todavía en una situación en la que se nos permita disfrutar de la maternidad como deberíamos. Al final tenemos que responder a nuestras obligaciones.
A mí no me mantiene nadie: me mantengo yo. Así que tengo que trabajar sí o sí.
Como cantante doy gracias porque, aunque un concierto dure 80 minutos, tengo unos horarios bastante flexibles y puedo disfrutar de mis hijos. Pero no todas las mujeres están en esa situación. El sistema no está diseñado para nosotras.
Y mientras tanto, tus hijos son todavía muy pequeños.
Sí. Vicente tiene tres años y María uno. Son muy pequeños y yo quiero estar con ellos 24 horas. Pero al mismo tiempo quiero hacer realidad mi sueño y mi trabajo, que es cantar.
Has contado que sigues dando el pecho. ¿Cómo estás viviendo esta última etapa?
Es un esfuerzo físico y también espiritual, porque tu cuerpo todavía no vuelve a ser completamente tuyo.
Pero llega un momento en que le coges el truquillo y hasta te cuesta dejarlo porque es muy cómodo. Si se despierta o llora, tienes la solución para cualquier cosa.
Y ahora me da muchísima nostalgia pensar que esta va a ser mi última lactancia. Me produce una tristeza enorme saber que es mi último bebé. Soy una persona que vive recordando mucho las cosas que han pasado y pensar que esta etapa se termina me da hasta ganas de llorar.
María Toledo, durante la presentación de su nuevo disco.
También has decidido ponerte fechas muy concretas para tus discos.
Sí. Normalmente he sacado los discos cuando los he terminado, pero estos álbumes tienen una fecha de lanzamiento que coincide con el cumpleaños de mis hijos.
El primero salió el 31 de diciembre y este ha salido el 19 de julio. Y cuando te pones una fecha fija, no existe la posibilidad de decir "lo retrasamos". Si algo sale mal tienes que arreglarlo a marchas forzadas porque el disco tiene que salir sí o sí ese día.
Este es ya tu octavo disco. Si pudieras hablar con aquella María que empezaba, ¿qué le dirías?
Que hizo muy bien en seguir su instinto y sus ganas de luchar por aquello que le gustaba desde pequeña.
También estudié Derecho, por si acaso, y me alegro de no haberlo ejercido. Me gusta mucho más cantar que cualquier tema jurídico. Me da más paz en el alma.
Estoy contenta de levantarme cada día haciendo lo que me gusta.
El flamenco está viviendo una nueva etapa, con artistas jóvenes que están llevando el género a otros lugares. ¿Crees que necesita reinventarse?
Es un género musical que siempre ha estado. Es la música que nos identifica como país y, además, es un arte vivo que constantemente se reinterpreta sin perder de vista el pasado.
Siempre se puede hacer algo más. Yo no soy nada conformista y creo que siempre podemos dar un pasito más.
Por ejemplo, pondría una asignatura de flamenco en todos los colegios. Al menos dentro del área de música debería dedicarse muchísimo más espacio a él.
Tú, además, has vivido de cerca ese cambio. Rosalía llegó a ser telonera tuya.
Sí. Rosalía abrió uno de mis conciertos en Luz de Gas cuando presenté Consentido, en 2015. Y mira cómo puede cambiar la vida: poco después sacó su disco y pasó todo lo que pasó.
Años después coincidimos en los Latin Grammy, en Sevilla. Ella salió del photocall para abrazar a mi hijo, que acababa de nacer. Los de seguridad no entendían nada y ella explicó que no había olvidado que, cuando empezaba, yo le había dado la oportunidad de abrir mis conciertos.
Eso dice mucho de ella. Es de bien nacidos ser agradecidos.
¿Volverías a cantar con ella?
Claro. Cantaría con Rosalía, sin duda. Y además cantaría unos tangos que hizo aquel día y que no se me han olvidado. Sería muy bonito recordar aquello.
¿Y con quién te habría gustado compartir escenario y nunca pudiste?
Si pudiera resucitar a alguien para cantar, resucitaría a Camarón.
He tenido mucha suerte, porque también he podido colaborar con artistas a los que admiro muchísimo. Rocío Jurado siempre fue mi artista de referencia y tuve la oportunidad de hacerle los coros y cantar con ella.
También he trabajado con Franco De Vita, Omar Montes, Camela y muchos otros.
También tienes una faceta muy reivindicativa cuando hablas de las redes sociales.
Porque hay una parte de mí, la más sencilla y humana, que enseño poco. Y me arrepiento.
En redes mostramos muchas veces una cara como si todo fuera maravilloso y como si la vida fuera un camino de rosas. Y no es verdad.
Yo llevo una vida en la que me esfuerzo muchísimo. Todo lo que sucede tiene detrás un trabajo enorme. No concibo una vida sin esfuerzo, sin sacrificio, sin luchar por las cosas.
Para terminar: ¿qué momento cotidiano te hace más feliz ahora mismo?
Exactamente el momento en el que estoy. Tengo a mi niño Vicente en el brazo izquierdo y a María en el derecho. Yo estoy en el centro de los dos y así duermo cada noche.
Le pido a Dios que no corra el tiempo, que vayamos despacio. Porque parece que todo tiene que hacerse siguiendo unas normas: a determinada edad hay que llevarlos a su cama, tienen que dormir solos...
Pues no. Yo quiero que se vayan cuando quieran. Duermo con los dos, uno a cada lado, y estoy pletórica. Porque ahora mismo esa es mi felicidad.
