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El reloj marca las 10:30 horas de la mañana, estamos en un bar en pleno barrio de Salamanca, en Madrid. El sonido de una máquina de café nos acompaña.

En torno a una mesa, dos mujeres que han convertido su visión, su carácter y su pasión por la gastronomía y la hostelería en una forma de hacer negocios.

Marta Villafáñez (Valladolid, 1989) y Elisa Encina (Sevilla, 1995), fundadoras de PáPRIKA, han elegido un escenario ad hoc para esta conversación con Magas.

En ella, hablan de restaurantes, de equipos, de clientes y de los desafíos de emprender en un sector tan exigente como estimulante.

Se trata de dos trayectorias distintas que se encuentran en una misma charla: la de quienes han decidido abrirse camino en un mundo donde cada detalle cuenta y donde, detrás de cada negocio, hay mucho más que una buena mesa.

Su historia combina casualidad, experiencia acumulada y una clara intención de transformar la gastronomía desde dentro, aportando estructura a un ámbito donde muchas veces predomina la intuición.

Las fundadoras de PáPRIKA. Esteban Palazuelos

El objetivo de su negocio es muy claro: consiste en guiar paso a paso a emprendedores en el mundo de la hostelería.

“Somos una consultora de estrategia gastronómica que acompaña desde una perspectiva más cercana. Somos emprendedoras que ayudan a hacer realidad los proyectos de otros emprendedores y empresarios”, cuenta Elisa.

La historia

El origen de este proyecto está marcado por un encuentro fortuito entre dos profesionales con trayectorias consolidadas. Ambas llevaban más de una década trabajando de manera independiente en el sector cuando coincidieron en un proyecto de apertura de restaurante.

Fue Elisa quien decidió dar el paso de contactar a Marta tras saber que estaba detrás de un proyecto que le llamó la atención. A partir de ahí, comenzaron una serie de encuentros que terminaron dando forma a la agencia.

“Tras muchos cafés, decidimos montar una empresa juntas”, explica la vallisoletana. Ambas identificaron rápidamente una visión compartida y una oportunidad de unir fuerzas para desarrollar un enfoque diferente en la dirección de proyectos gastronómicos.

Sus perfiles, lejos de solaparse, se complementan. Villafáñez aporta una formación en nutrición clínica y en ingeniería de los alimentos, con experiencia en restauración organizada. Por su parte, Encina cuenta con una trayectoria sólida en consultoría independiente.

Esta combinación les permite abordar los proyectos desde una perspectiva integral. Pero más allá de sus conocimientos técnicos, lo que realmente impulsó la creación de PáPRIKA fue una inquietud común: implicarse más en los proyectos.

Marta Villafáñez aporta una formación en nutrición clínica y en ingeniería de los alimentos. Esteban Palazuelos

Ese enfoque práctico se traduce en una manera de trabajar basada en la co-creación. No se limitan a asesorar desde fuera, sino que acompañan al cliente durante todo el proceso, desde la concepción de la idea hasta su ejecución.

“No solamente hacer una consultoría desde la parte analítica, sino hacer una mezcla”, señala Elisa. Esta implicación les permite actuar como una especie de directoras de orquesta, coordinando todas las áreas del negocio y asegurando que cada elemento esté alineado con la visión global del proyecto.

"Trabajamos con restaurantes, marcas, chefs e inversores que quieren construir, ordenar o hacer crecer su proyecto con bases sólidas y enfocados en lo que el mercado de mañana va a demandar", resume la sevillana.

El negocio

Uno de los conceptos clave en su discurso es el del criterio. En un sector saturado de nuevas aperturas, definir en un proyecto este aspecto se vuelve fundamental. Sin embargo, para ellas no es algo que imponen, sino que construyen junto al cliente.

Este proceso parte del análisis de información, la evaluación de la viabilidad y la identificación de necesidades reales en el mercado.

Así, ayudan a evitar que los proyectos se basen únicamente en el deseo personal de emprender, sin un respaldo sólido.

“No solamente hacer una consultoría desde la parte analítica, sino hacer una mezcla”, señala Elisa. Esteban Palazuelos

El método de trabajo de esta dupla está claramente estructurado. Todo comienza con una fase de investigación en la que analizan el contexto del proyecto y sus posibilidades.

A partir de ahí, alinean expectativas con el cliente y definen los recursos disponibles.

Una vez establecida esta base, desarrollan un roadmap detallado con hitos y objetivos, utilizando herramientas como diagramas de Gantt (herramienta gráfica para gestión de proyectos) para organizar el proceso. Esta metodología convierte la consultoría en una experiencia tangible, con seguimiento continuo y objetivos claros.

Además de trabajar con emprendedores locales, también colaboran con empresas internacionales que quieren entrar en el mercado español. En estos casos, su labor incluye el análisis de viabilidad y la adaptación del modelo de negocio.

Aquí entra en juego el concepto de reconceptualización, especialmente importante cuando se trata de trasladar un proyecto a otro contexto cultural. “El aterrizaje en un país nuevo requiere de una adaptación”, señala Marta.

En este proceso, la cultura se convierte en el mayor reto. Ya que implica entender hábitos, valores y expectativas del nuevo público. Mientras que el modelo de negocio puede ajustarse con relativa facilidad, la dimensión cultural requiere una investigación más profunda.

Por eso insisten en la importancia de dedicar tiempo a esta fase inicial. “Sin investigación y sin una labor consultiva al principio, el fracaso tiene más probabilidades”, advierte Encina.

A pesar de la planificación, ambas reconocen que siempre existen factores imprevisibles que pueden afectar a un negocio: cambios en las tendencias, obras inesperadas o incluso pandemias globales.

Sin embargo, su objetivo es minimizar riesgos mediante una base sólida. “No damos certezas, porque en los negocios no existen. Damos seguridad: método, criterio y herramientas para tomar mejores decisiones", cuenta Villafáñez.

Marta y Elisa posan en un bar del barrio de Salamanca. Esteban Palazuelos

El acompañamiento al emprendedor es otro de los pilares del negocio. Ambas hablan desde la experiencia, conscientes de las dificultades que implica iniciar un negocio.

Su propuesta busca precisamente ofrecer ese respaldo, ayudando a los clientes a tomar decisiones informadas y a estructurar sus ideas antes de lanzarse.

También ponen el foco en una problemática habitual del sector: la falta de formación empresarial entre muchos hosteleros. “Son apasionados de lo que hacen”, señala la vallisoletana, pero eso no siempre se traduce en una buena gestión del negocio.

Por ello, esta consultoría aporta estructura mediante herramientas como manuales operativos y procesos definidos.

El concepto

En cuanto a la propuesta gastronómica, ambas coinciden en que el discurso es tan importante como la calidad del producto.

Aunque la excelencia culinaria es esencial, consideran que sin una buena comunicación el proyecto no logrará conectar con el público. La narrativa permite diferenciarse y transmitir el valor del trabajo realizado, algo clave en un mercado altamente competitivo.

Para construir esta parte y mantenerse actualizadas, Villafáñez destaca la importancia de estar en contacto constante con el sector. “Estamos continuamente acudiendo a ferias”, comenta, subrayando la necesidad de observar tendencias y entender el entorno.

Esta conexión directa con la realidad del mercado les permite ofrecer propuestas más relevantes y personalizadas.

Orgullosas de su identidad

Por otro lado, el hecho de ser una empresa de autoría 100% femenina no es tan sencillo. “Nuestra autoridad tiene que reforzarse con hechos, constantemente”, señala la sevillana, evidenciando que todavía hay desigualdades en la percepción del liderazgo de las mujeres.

La dupla de emprendedoras bajo la lente de Magas. Esteban Palazuelos

Aun así, afrontan esta situación con determinación, apoyándose en datos, resultados y experiencia. "Aprovechamos esos colores rojos, granates, rosas, potentes. Siempre hemos querido estar vinculadas a una vertical muy femenina", comenta Villafáñez.

Finalmente, explican el origen del nombre PáPRIKA, que responde a la búsqueda de una identidad clara y reconocible. “Queríamos un nombre que tuviera personalidad”, sigue la vallisoletana.

Cuando Elisa propuso el actual nombre de su emprendimiento, las dos sintieron que encajaba perfectamente con la imagen que querían proyectar: una marca con carácter, fuerza y proyección internacional.

En conjunto, la entrevista muestra cómo Marta Villafáñez y Elisa Encina han construido una propuesta que combina estrategia, creatividad y acompañamiento.

PáPRIKA se posiciona como una agencia que no únicamente asesora, también impulsa y materializa ideas gastronómicas, aportando criterio, estructura y visión a un sector en constante evolución.