Más de un siglo ha pasado desde que se vio por última vez en la Península Ibérica, 114 años para ser más exactos según el Instituto Geográfico Nacional. Y, durante ese tiempo, muchas son las cosas que han cambiado en el mundo.
Conectar el eclipse total de sol de este miércoles 12 de agosto con el universo femenino nos lleva a un viaje interestelar hasta 1878 para recordar a Maria Mitchell.
¿Una astrónoma de renombre en pleno siglo XIX? En efecto, esta científica estadounidense fue una de las principales pioneras de la incorporación de las mujeres a la ciencia en una época en la que su papel estaba relegado casi exclusivamente al hogar y la maternidad.
Sus derechos eran limitados y supeditados a la autoridad masculina y, por supuesto, no podían votar.
Maria Mitchell y sus estudiantes en el Vassart College.
Sin embargo, ella logró tapar algunas de esas barreras, del mismo modo que la Luna se sitúa entre la Tierra y el Sol para ocultar su disco en un eclipse total. A pocas horas de que se produzca este increíble fenómeno que se verá en España al final de la tarde, en el cielo y en la tierra se rememoran sus descubrimientos y sus hazañas.
Un cometa que lo cambió todo
Nacida en Nantucket, Massachusetts, el 1 de agosto de 1818, Maria aprendió a observar la galaxia gracias a su padre, maestro y astrónomo aficionado que le enseñó, además, a realizar cálculos astronómicos. No pudo hacer una carrera universitaria, pues en aquel entonces el acceso a los estudios superiores de las mujeres estaba muy limitado.
Sí recibió formación matemática y científica en las escuelas de su ciudad natal y desarrolló una sólida práctica de observación con telescopios. Antes de convertirse en una figura científica internacional, trabajó como profesora y bibliotecaria.
La astrónoma, con su padre.
Su primer gran hito llegó de manera inesperada el 1 de octubre de 1847. Mientras observaba el cielo desde el tejado de la oficina de correos donde trabajaba su padre, descubrió un cometa no registrado. El cuerpo celeste se conoció popularmente como Miss Mitchell's Comet, aunque su denominación oficial es C/1847 T1.
El hallazgo le otorgó reconocimiento internacional. Un año más tarde, el rey Christian VIII de Dinamarca le concedió una medalla de oro destinada a reconocer al primer descubridor de un cometa telescópico.
Ese 1848 fue clave, ya que también se convirtió en la primera mujer elegida para la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias —la única hasta 1943—.
En 1850 ingresó también en la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, instituciones en las que la presencia femenina era extraordinariamente infrecuente.
La expedición para el eclipse de 1878
Otro de los grandes puntos de inflexión en su trayectoria llegó en 1865 cuando se fundó el Vassar College, una de las primeras instituciones educativas de élite para mujeres en Estados Unidos y fue contratada como profesora de astronomía y directora de su observatorio.
Algunas de sus alumnas se convertirían después en docentes, investigadoras y divulgadoras científicas: ella puso las bases, abrió el camino. Para Maria, la formación era la llave para avanzar: "Crecemos en la ignorancia por la falta de expectativas que la sociedad tiene sobre nosotras. Cuando se nos pida y se nos exija el mismo rigor intelectual que a los hombres, responderemos exactamente con el mismo nivel de capacidad", dijo.
Pese a su fama y reconocimiento mundial, sufría la amplia brecha de género laboral y salarial: cobraba significativamente menos que sus colegas masculinos y veía con frustración cómo eran vetadas en proyectos y expediciones.
La expedición de 1878 para estudiar el eclipse.
Precisamente por eso, no se conformó con ver el eclipse solar total de 1878 en Estados Unidos, uno de los grandes acontecimientos astronómicos del siglo XIX. Ella misma organizó una expedición compuesta exclusivamente por mujeres del Vassar College para observarlo como respuesta a otras masculinas alentadas y apoyadas por el gobierno estadounidense.
Recorrieron 3.000 kilómetros en tren dispuestas a hacer historia. La estampa era curiosa, Maria Mitchell, con su vestido cuáquero —su familia pertenecía a la Sociedad Religiosa de los Amigos que promovía la sencillez en el atuendo y la igualdad de género—, junto a varias antiguas alumnas, colocaron sillas de madera, montaron una pequeña carpa para dar sombra y colocaron tres telescopios sobre altos trípodes en una colina a las afueras de Denver (Colorado).
Cada una tenía asignadas tareas específicas, como controlar el tiempo, observar la corona, registrar cambios en el cielo o realizar dibujos y anotaciones. También prestaron atención a las protuberancias y a los cambios de luz y de aspecto del cielo. Sus informes formaron parte de la documentación científica clave de la época.
Activismo más allá de la astronomía
Aquella misión tuvo un doble propósito: acercar la ciencia a la población femenina y visibilizar el papel de la mujer y trabajar por la igualdad. Su activismo feminista había empezado mucho antes. En 1873 cofundó la Asociación para el Avance de la Mujer, que presidió durante varios años. A través de ella, trabajó para que tuvieran acceso a carreras científicas y técnicas.
No sólo eso, Mitchell participó en el movimiento por el sufragio femenino y afirmaba que el derecho al voto era una cuestión de justicia social y un requisito para que pudieran participar e influir en las políticas públicas, la educación y el trabajo remunerado.
Criticó la dependencia económica impuesta a las mujeres con leyes como la Coverture, por la cual sus derechos legales quedaban anulados o absorbidos por los de su marido al casarse. Peleó en primera persona por un salario digno amenazando con abandonar el Vassar College si no le pagaban como a sus compañeros. Lo consiguió.
"Hasta que las mujeres no desechen la reverencia por la autoridad, no se desarrollarán. Cuando lo hagan, cuando lleguen a la verdad a través de sus propias investigaciones, cuando las dudas las lleven al descubrimiento, la verdad que obtengan será suya y sus mentes avanzarán sin ataduras", dijo.
Maria Mitchell y una de sus alumnas junto a un gran telescopio.
Defendía el valor y la autoestima para poder avanzar y solía decirle a sus estudiantes: "Ninguna mujer debería decir 'sólo soy una mujer', sino 'soy una mujer'. ¿Solo una mujer? ¿Y qué más se puede pedir?".
Maria Mitchell murió a los 70 años, en 1889, dejando un legado importante que se preserva en la asociación que lleva su nombre y que fue fundada en 1902 en su Nantucket natal por antiguos alumnos, familiares y admiradores. Su lema: "Explora, educa, disfruta".
En 1908, se creó también el Observatorio Maria Mitchell en su honor, donde se promueven programas de investigación y educación en astronomía.
Este 12 de agosto, quizá esté observando el eclipse total solar de 2026 desde su cometa, desde ese cielo que tanto le gustaba escrutar con su vestido negro sencillo y su chal blanco.
Contar su historia nos permite ver cómo han avanzado las mujeres en la ciencia y, quién sabe, quizá despertar alguna vocación. Su expedición solar abrió una ventana al mundo en 1878, hoy celebraría que ellas hayan incluso viajado al espacio.
