Inma Rubiales, que comenzó compartiendo sus historias en Wattpad -una plataforma de lectura en línea- y ha conquistado a cientos de miles de lectores con novelas como Hasta que nos quedemos sin estrellas, El arte de ser nosotros o Nuestro lugar en el mundo, recupera ahora la historia con la que empezó todo.
En Un amigo gratis, la nativa de Almendralejo revisita la primera novela que escribió con apenas 14 años y la reescribe desde la mirada de la autora en la que se ha convertido una década después.
Una historia sobre la amistad, el primer amor y el acoso escolar que sirve también para reflexionar sobre el paso del tiempo, la evolución personal y el poder de las segundas oportunidades.
Volvemos a encontrarnos cinco novelas después. Y, además, con la historia con la que empezó todo: recuperas tu primera novela, aunque ahora llega completamente reescrita. ¿Cómo ha sido volver a Un amigo gratis?
Bueno, realmente no llegué a la Editorial Planeta con esta novela. La escribí con 14 años, cuando publicaba en Wattpad. Con 17, la publicó una editorial mucho más pequeñita y, ahora, siete años después, los derechos me han revertido a mí.
Por suerte, Planeta confía en todas mis historias, incluso en las que nacieron hace diez años, y ha decidido apostar por ella. Yo también he querido volver a escribirla desde cero.
Una novela escrita con 14 años cambia mucho cuando han pasado diez. No sólo por tu evolución como escritora y como persona, sino también por todo lo que has vivido dentro del mundo del libro y del ámbito editorial. ¿Cómo fue reencontrarte con aquella Inma?
Totalmente. Diez años se notan en cualquiera, pero en un adolescente muchísimo más. Cada año te va redefiniendo como persona. La idea inicial de la editorial era publicar el libro tal y como estaba, cogerlo y relanzarlo.
Pero al releerlo pensé: «No puedo». Me sigo identificando mucho con la Inma que lo escribió, pero hablo de ella en tercera persona porque, para mí, ya es otra persona. He evolucionado mucho, no sólo a nivel literario, sino también personal. Y el mundo también ha cambiado muchísimo.
Inma Rubiales posa para Magas.
¿Qué fue más difícil para ti: aceptar lo que eras entonces o intervenir sobre ese texto?
Creo que fue más difícil aceptarlo. También tuve que ponerme un freno y decirme: «No puedo cambiar tanto como me gustaría», porque habría sido faltarle al respeto a la historia original, a la chica que la escribió y, sobre todo, a las lectoras que la han llevado consigo durante todos estos años.
Ha sido un proceso complicado intentar que todas mis Inmas se pusieran de acuerdo. Y creo que lo hemos conseguido.
Cuando relees ese primer texto, ¿detectas más intuición narrativa o más ingenuidad?
Ingenuidad no diría. Me reconozco como una niña muy resabiada, que es lo que siempre he sido. Al releer el libro pensaba: «Ojalá pudiera tomarme un café con la niña que escribió esto», porque parece tener mucho más claras algunas cosas sobre la vida de lo que las tengo yo diez años después.
Creo que esa es la magia de la adolescencia. Piensas que lo sabes todo, que eres invencible. Luego llega la madurez y, con ella, la conciencia de la propia ignorancia. Cuanto más creces, más te das cuenta de todo lo que te queda por aprender.
Me hace mucha gracia la seguridad con la que hablaba del amor o de la amistad sin haber vivido casi ninguna de las dos cosas. Con 14 años sentaba cátedra sobre todo. Releerlo da un poco de vergüenza, pero sobre todo mucha ternura.
¿Hubo algo que, al releerlo, te hiciera pensar: «Aquí estaba equivocada»?
Sí, mi concepto de la amistad. Creo que es una de las cosas que más ha cambiado. En esta nueva versión las relaciones están mucho más basadas en el respeto y en el apoyo mutuo.
En la primera no era así, y eso tiene mucho que ver con el entorno en el que yo estaba entonces y con la idea que tenía de las relaciones. Releerla también ha sido darme cuenta de cuánto ha cambiado mi vida. Hay cosas que antes me parecían normales y que hoy no aceptaría.
Quién te leyó con 14 años y vuelve ahora a Un amigo gratis también ha cambiado. Mientras tú has podido ver cómo has crecido, ellas también habrán hecho ese camino.
Ya me lo han contado algunas. En Chile, Argentina y Uruguay el libro salió un poco antes porque iba de visita y conocí a una chica que lo había leído en Wattpad hace diez años. Me dijo: «Yo no suelo releer los libros de mi adolescencia porque siento que han envejecido mal y ya no los disfruto igual. Pero con este sí he podido hacerlo».
Le gustó a la chica que era con 14 años y también a la mujer que es ahora, porque el libro se ha actualizado sin perder la magia. Me pareció muy bonito. Al final, es un libro de tu adolescencia que puedes releer sin miedo a que haya perdido su esencia.
'Un amigo gratis', de Editorial Planeta.
Cuando publicaste aquella primera edición con una editorial pequeña no podías imaginar todo lo que vendría después. ¿Qué piensas hoy de aquel momento en el que Planeta llamó a tu puerta?
Recuerdo perfectamente cuando se interesaron por Hasta que nos quedemos sin estrellas, mi primera novela con Planeta. El mensaje me llegó por Instagram, de quien hoy es mi editora. Nunca esperas que la editorial de tus sueños te escriba por Instagram. Además, podrían haber visto el mensaje semanas después, porque yo soy un desastre con las redes.
En aquel momento no me creía lo que estaba pasando. Y, la verdad, todavía me ocurre. Hace muy poco estuve en la Feria del Libro de Buenos Aires, donde vinieron unas 6.000 personas. Todo el equipo estaba pendiente de cómo organizar aquello y yo iba un poco en automático. En esos momentos, sólo pienso en cómo atender a todo el mundo y conseguir que la gente se vaya contenta.
Luego, cuando vuelvo a casa y pasan unos días, es cuando realmente lo proceso. A veces estoy tranquila, me acuerdo de lo que ha pasado y me pongo a llorar. Pienso: «Madre mía, esto me ha pasado de verdad». Es como tener que decirme a mí misma: «Inma, mira a tu alrededor. Esto no es una fantasía». Es el momento de pellizcarse.
¿Y en casa qué te dicen?
Mis padres y mi hermana lo viven todo casi con más intensidad que yo. Mi madre rara vez termina una firma sin llorar y mi padre sigue alucinando con todo.
Con Un amigo gratis fui a firmar por primera vez a la Feria del Libro de Madrid gracias a ellos. Aquella editorial no podía asumir los gastos del viaje y mis padres pagaron la gasolina y el hotel para que pudiera venir a firmar a las quince lectoras que había entonces.
Yo estaba pletórica. Ahora siguen acompañándome a firmas mucho más grandes. Es muy bonito vivir esa evolución juntos.
¿Por qué crees que tus novelas conectan tanto con los lectores de Latinoamérica?
Creo que allí hay una población muy joven y muy apasionada con las cosas que le gustan. Además, saben que quizá pase mucho tiempo hasta que vuelva. Esa sensación hace que lo vivan todo con muchísima intensidad.
A mí me parece muy bonito comprobar que, a pesar de la distancia, los libros pueden conectar con tanta gente y hacerte sentir como en casa a miles de kilómetros.
Uno de los temas de fondo de la novela es el acoso escolar. ¿Ha cambiado tu forma de abordarlo?
Sí. El bullying sigue siendo uno de los temas centrales. Cuando escribí este libro estaba intentando entender una situación muy parecida a la que estaba viviendo. Al releer el primer manuscrito pensé: «Madre mía, es sólo una niña intentando comprender todo lo que le está pasando». Cuando vives algo así a esa edad no entiendes por qué te ocurre y lo sientes profundamente injusto.
Lo que sí ha cambiado es el mensaje. En la primera versión no era pesimista, pero tampoco podía ofrecer una salida esperanzadora porque todavía no sabía si aquello iba a terminar bien. Ahora he podido construir un mensaje mucho más firme contra el acoso. Quería hablar no sólo a quien lo sufre, sobre quien siempre ponemos el foco, sino también a quien agrede y, sobre todo, a quienes miran hacia otro lado. No seas cómplice. Atrévete a tender una mano.
La escritora extremeña durante la entrevista.
Al reescribir el libro también has podido darle una respuesta a aquella niña. ¿Qué le dirías hoy?
Lo bonito es que conozco a esa Inma. Conozco todos los miedos que tenía y lo mal que lo estaba pasando. Pero ella no tiene ni idea de quién soy yo ahora. No sabe que hemos conseguido todos esos sueños que nos decían que nunca íbamos a alcanzar. Me gusta pensar que, esté donde esté, estaría muy orgullosa de mí.
Le diría: «Haz exactamente lo que estás haciendo». Sé que lo estás pasando mal, pero sigue siendo así de valiente. Sigue creyendo en ti, aunque haya gente que te diga que no puedes. Porque un día demostrarás que sí puedes.
Y lo mejor es que, cuando llegue ese momento, estarás tan feliz con tu vida, con tu familia, con tus amigos y con tu entorno que ya no sentirás la necesidad de volver atrás para decirles: «¿Veis? Lo he conseguido». Simplemente te dará igual. Y esa creo que es la paz más bonita.
Al final sí has tenido esa conversación con esa niña. La has tenido al reescribir el libro.
Sí. Si te digo la verdad, me imagino a todas mis Inmas como en Del revés: están dentro de mi cabeza y, según el momento, una u otra toma los mandos. Cuando nos enamoramos, suele salir nuestra versión adolescente. Vivimos todo con esa ilusión y esa intensidad.
A mí me pasa también cuando tengo que presentar una novela y estoy nerviosa. Entonces quien toma los mandos es la Inma de ocho años, la que empezó a escribir en la biblioteca y le llevó un cuaderno a la bibliotecaria para decirle: «Tienes que poner esto aquí porque la gente lo tiene que leer». Esa niña confiaba muchísimo en lo que escribía.
Un amigo gratis. ¿Hay algo gratis en la vida?
El amor y la amistad, por ejemplo. Tú cuidas a alguien porque quieres hacerlo, no porque esperes recibir lo mismo a cambio. Eso ya depende de la otra persona.
También siento que ahora mismo estamos cayendo mucho en el individualismo. Soy la primera que está a favor de poner límites y cuidar de uno mismo, pero creo que hay que tener cuidado con ese discurso y no irnos al otro extremo. Ni entregarnos por completo a los demás ni convertir el autocuidado en una forma de egoísmo.
He aprendido que la vida se mueve en muchos grises. Ni todo es sí ni todo es no. A veces también hay un «quizá». Hoy puedes pensar una cosa, mañana otra y pasado volver a pensar lo primero. Y no pasa nada. De hecho, me parece muy bonito no tener ni idea de las decisiones que voy a tomar en el futuro.
Inma Rubiales con sus novelas.
Yo me siento cómplice de haberte entrevistado la primera vez y de haberte acompañado después. He podido verte crecer, no sólo a nivel literario, sino también como persona.
Y yo siempre recordaré tu primera entrevista. Ahora ya no llevo gafas.
Y para ti eso significa mucho más que un cambio de imagen.
Sí, totalmente. Porque ya no me escondo; antes me escondía mucho más. También estaba en la edad. La primera vez que me entrevistaste tenía 18 o 19 años recién cumplidos. De pronto empieza toda esta locura de Planeta, las entrevistas, las firmas... Y creo que había una parte de mí que se hacía pequeñita y se preguntaba: «¿Realmente puedo encajar aquí? ¿Este es mi sitio?».
Mi yo de ahora ha tenido tiempo para afianzarse y entender que, si he llegado hasta aquí, quizá es porque he trabajado lo suficiente para merecerlo y que ya no tengo que esconderme.
