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Las palabras transición, biodiversidad e innovación social son música para los oídos de Teresa Mañueco, que contempla el devenir del panorama energético con la visión global que da la experiencia de quien ha vivido un giro de 180º en la compañía.

Economista de formación, su trayectoria y su liderazgo femenino están intrínsecamente ligados a la evolución de un sector que aborda una transformación clave para el futuro del planeta, en la que será fundamental contar con toda la diversidad de talento.

Tras más de 30 años abriendo caminos conectados en la comunicación, las relaciones institucionales y con inversores en Moeve —antes Cepsa— , desde 2016 es, además, directora de Fundación Moeve, que celebra sus 10 años de andadura con muchos retos cumplidos y otros tantos por lograr.

La directora lleva una década al frente de Fundación Moeve. Sara Fernández

La sostenibilidad puede ser un concepto algo abstracto para el común de los mortales, pero Mañueco, con un don para la palabra que parece innato, explica de manera sencilla en esta entrevista la transformación humana, sistémica y del territorio que conlleva.

Entender de dónde viene una persona nos sirve para trazar el trayecto de su presente y su futuro. Como ella misma confiesa: "Me fui muy jovencita de España y volví ya con 16 años. Yo creo que eso ha marcado un poco mi forma de entender y ver las cosas. Fui economista en una época en la que tampoco había tantísima elección. Ahora me da mucha envidia todas las posibilidades que veo".

Comenzó su carrera en el campo energético y ha tenido la oportunidad de vivir momentos muy importantes dentro de él. "Justo en mis inicios empezaba la desmonopolización... En España había un monopolio que, con nuestra entrada en la Unión Europea, supuso tener una serie de plazos para ir eliminándolo", recuerda.

Su perfil idiomático y analítico la desplazó rápidamente desde el marketing hacia departamentos institucionales y de relación con inversores: "Son áreas fantásticas, porque al final tienes que conocer la compañía y el sector en profundidad, con lo cual es muy rico, muy de estar actualizada".

En ese entorno cambiante, Teresa asumió el reto de estructurar áreas que hoy se consideran indispensables, pero que a principios de los 90 no existían.

"Aspectos o funciones como la de comunicación interna eran pioneras o la protección ambiental... No era tan habitual tener en una empresa o en un departamento una dirección de Protección Ambiental", confiesa.

Misión social

Con esa mochila llena de bagaje corporativo, en 2016 volcó sus esfuerzos en Fundación Moeve, una organización que en sus 10 años de trayectoria ha experimentado su propia metamorfosis en paralelo a la de la compañía.

"Nació porque había una voluntad de tener proyectos con impacto social en sentido amplio, con miras a medio-largo plazo y buscando incidencia en la sociedad en general. Para eso es necesario poner foco y tener una estrategia, no ser reactivo, que es lo que muchas veces pasa cuando tienes una relación en un territorio y atiendes a las peticiones que se te hacen", dice.

El verdadero punto de inflexión para la institución llegó cuando la propia empresa fundadora redefinió su camino hacia la descarbonización y las energías limpias.

Ese giro obligó a la fundación a alinear objetivos, mirar hacia afuera y reestructurar su matriz de impacto cruzando los compromisos de la corporación con las grandes misiones de la Unión Europea.

Laguna Primera de Palos, en Palos de la Frontera. Cedida

Tras un riguroso "ejercicio de decantación", refinaron su actividad en tres ámbitos: personas, innovación social en la transición ecológica y biodiversidad centrada en los humedales. Mañueco insiste en que la protección de los recursos críticos, especialmente el agua, es fundamental.

Esta filosofía justifica que la conservación de los ecosistemas acuáticos sea la joya de la corona de Fundación Moeve.

El ejemplo más claro es la Laguna Primera de Palos, un proyecto de restauración ambiental en un entorno industrial que se adelantó 25 años a las normativas actuales y que hoy sirve como espacio de estudio y concienciación para colegios, agricultores y empresas locales:

"Con esa misma premisa hemos arrancado iniciativas similares que están ahora mismo en diferentes fases. Vamos a espacios más pequeñitos y eso yo creo que es lo bonito. No se trata simplemente ir a las grandes propuestas; también hay que conservar y mantener pequeños ecosistemas que hacen que esa biodiversidad esté repartida por todo el territorio", explica.

Las cifras respaldan la envergadura del esfuerzo: "El año pasado pasaron más de 7.000 personas por nuestros programas para explicar la importancia de los humedales... En los que hemos restaurado y mantenemos hay más de 750 especies y unas 85 son amenazadas. Esto es un dato relevante".

Para Mañueco la transición ecológica va unida inevitablemente a la justicia social; el fin último de la tecnología debe ser el bienestar del ciudadano. "La transición ecológica necesita contar con las personas para funcionar. Nos debemos a la sociedad", insiste.

Esto se materializa en sus convocatorias de proyectos en España y Portugal, que financian iniciativas locales de economía circular y empleo verde.

"Todas están pensadas para la gente. Muchas son muy complejas técnicamente, pero hay otras sencillas que sólo han dependido del empuje de determinadas personas y del apoyo de la comunidad... Todo para hacer este entorno más justo y sostenible", confiesa.

El empuje de la entidad va más allá de lo financiero, ofreciendo formación y mentorías para poder generar comunidades sólidas.

La directiva identifica tres grandes retos para el ámbito filantrópico: la colaboración real entre fundaciones para ganar escala, la puesta en valor del sector fundacional —que genera unos 600.000 empleos en España— y, de manera muy especial, la medición rigurosa de los resultados.

"Para poder rendir cuentas, debemos ser capaces de explicar qué impacto estamos teniendo. Y eso no es sencillo, porque no hay una metodología estándar. Hemos definido una propia para monetizar esa incidencia y luego combinarla con otros indicadores relacionados con beneficiarios, actividad o número de iniciativas", asegura.

Un paso más

A nivel interno, uno de los mayores orgullos de Teresa Mañueco es el programa de voluntariado corporativo, una herramienta clave para vivir los valores de la empresa y atraer al talento joven.

Consiste en "dar horas anuales en jornada laboral para poder ser parte de estas acciones. Nos hemos puesto un objetivo cuantitativo y llevamos tres años duplicando el número de voluntarios únicos".

Es un movimiento impulsado desde la cúspide. "El CEO y todo el comité de dirección participan en el programa. No es que se lo pongamos en agenda, sino que lo hacen por convicción. Estamos muy orgullosos de esa parte menos visible, pero que es muy importante... A nivel de equipos ayuda muchísimo a generar conexión", asegura.

Teresa Mañueco durante la entrevista. Sara Fernández

Y esto nos conecta directamente con la manera de ejercer el liderazgo en el sector energético y el cambio profundo que ha experimentado en los últimos 30 años, con una incorporación progresiva de ellas en un ámbito muy masculinizado.

"Es verdad que predominaban los hombres en puestos de poder, pero eso ha cambiado drásticamente. En Moeve se ha cumplido de manera anticipada el objetivo del 30% de mujeres en posiciones de liderazgo, y se aspiraba a un reto adicional de un 10% más para llegar al 40% en el 2030", confiesa.

No cree en las cuotas puramente estéticas y defiende el valor estratégico que aporta la pluralidad en las compañías. "Se trata de que no haya ninguna barrera para que el talento diverso esté en esas posiciones. Y al final se ve que es lo que ayuda a transformar las organizaciones".

En pleno proceso de transición energética, esa diversidad no es un accesorio, sino un motor de supervivencia. "Una cuestión básica y muy importante es liderar con el ejemplo, que quienes toman las decisiones apoyen y que haya espónsores también internamente desde el comité de dirección", añade

El cambio climático

En un momento polarizado en lo que se refiere a la necesidad de transformar el sistema para proteger el medioambiente, entre la negación y los discursos catastrofistas, Mañueco se muestra optimista.

"Lo soy por naturaleza. Ya se ven movimientos. El consumo responsable de ropa, la reutilización, el reciclaje, la electrificación del parque automovilístico... Eso ya se ha iniciado", explica.

También hay mayor conciencia en biodiversidad, sustentada sobre todo en el empuje de las nuevas generaciones: "La juventud tiene esto mucho más interiorizado que nosotros y es una suerte".

Seguir poniendo su granito de arena en esta transformación para el futuro es una de sus grandes aspiraciones.

Las cifras hablan de la importancia de la misión de Fundación Moeve. En 2025, hubo 132.284 beneficiados directos, 2,72 millones de euros de inversión y 122 iniciativas. En 2026, los retos y los sueños continúan.