Aina Clotet (Barcelona, 1982) vivió este año uno de esos momentos que parecen reservados para las películas.
La actriz, conocida por su extensa trayectoria delante de las cámaras, llegó en mayo al Festival de Cannes como directora, guionista y protagonista de Viva, una historia íntima sobre una mujer que, tras enfrentarse a la enfermedad y a la fragilidad de la vida, decide recuperar su cuerpo, su deseo y su propia voz.
El filme fue reconocido en la Semana de la Crítica de Cannes, donde la catalana recibió un premio por su interpretación.
El camino hasta allí ha sido largo, pues no sólo ha puesto su rostro al servicio de Nora Sala —su personaje en la historia—, sino también su mirada como cineasta.
En este largometraje explora temas como la relación con la muerte, la herencia emocional entre generaciones, la presión sobre las mujeres para ser perfectas y la dificultad de construir una identidad propia más allá de los mandatos sociales.
En conversación con Magas, habla sobre cine, maternidad, ambición y esa búsqueda constante de vivir con más libertad.
La actriz catalana recibió un premio en el Festival de Cannes por su interpretación en 'Viva'.
¿Qué pensaste exactamente cuando escuchaste el nombre de Viva en Cannes?
Fue una emoción muy difícil de describir. Habíamos recibido la noticia de que estábamos en la shortlist, en esa lista final de obras que todavía tienen que valorar antes de escoger las siete que entran en competición. Sabíamos que estábamos ahí, pero no sabíamos qué posibilidades reales teníamos.
Yo me estaba preparando para el 'no' todo el rato porque me parecía algo muy complicado. Evidentemente deseaba que fuera un 'sí', pero también intentaba protegerme porque estadísticamente parecía lo más probable. Cuando finalmente nos dieron la confirmación, fue una locura.
Fue una mezcla de incredulidad y emoción por todos los años de trabajo, por todo el amor de tanta gente que ha formado parte del proceso y por llegar a un lugar tan simbólico como la Semana de la Crítica de Cannes, que ha descubierto a cineastas maravillosos a los que admiro muchísimo. La experiencia entera ha sido preciosa y el premio ha sido un sueño.
Siempre te hemos visto delante de la cámara. ¿Cómo ha sido pasar a escribir, dirigir y levantar un proyecto desde cero?
Me hace mucha ilusión que los dos proyectos que he dirigido hayan sido reconocidos porque es algo que no esperaba. Cuando me puse detrás de la cámara no lo hice buscando ese reconocimiento, sino porque realmente me gusta mucho contar historias a través de imágenes y explorar temas que me interesan.
Donde más libre me siento y donde más disfruto es en la interpretación. Por eso me sorprende que tanto Viva como mi anterior proyecto (la serie Esto no es Suecia) hayan tenido esa acogida interpretativa. Me hace pensar que cuando trabajas desde la libertad, desde el riesgo y desde la honestidad, algo llega.
Siempre he intentado crear personajes femeninos poliédricos, que se equivocan, que tienen contradicciones, que no son perfectos ni evidentes, que son humanos. Creo que durante mucho tiempo los hemos visto más idealizados y menos complejos, y quería explorar esa otra dimensión.
En Viva hablas de la reapropiación del cuerpo después de la enfermedad. ¿Por qué sigue siendo incómodo hablar del deseo femenino cuando ese cuerpo no encaja en los cánones tradicionales?
Creo que faltan muchas mujeres contando historias. Durante mucho tiempo, el deseo ha estado narrado desde una mirada masculina y nosotras necesitamos tomar las riendas de cómo queremos contar nuestra pasión, cómo la vivimos y cómo la sentimos.
A mí me sorprendió mucho la buena acogida que ha tenido esta parte de la trama, porque la abordé desde la máxima honestidad. Intenté ser muy específica, buscar referencias y pensar mucho en cómo contar esas escenas porque son fundamentales.
Creo que sigue siendo incómodo porque lo hemos visto pocas veces. Nos faltan personajes femeninos que realmente nos representen.
Aina Clotet nació en Barcelona, en 1982.
Tu personaje, Nora, es contradictorio, complejo, incluso incómodo. ¿Crees que a las mujeres se les permite menos esa contradicción que a los hombres en la ficción?
Sí. Hemos visto durante décadas personajes masculinos erráticos, capaces de equivocarse y de ser muchas cosas a la vez. Los hemos acompañado, entendido y querido precisamente por eso.
A nosotras se nos ha colocado muchas veces en un lugar más simbólico, más idealizado.
Pero nosotras también somos contradictorias, tenemos crisis y nos equivocamos. Podemos ser exitosas profesionalmente y al mismo tiempo sentirnos perdidas. Mostrar todas esas dimensiones es importante porque ahí está la realidad.
La película habla de la conciencia de que el tiempo es finito. ¿Crees que esa reflexión suele llegar alrededor de los 40?
Creo que a cada persona le llega en un momento diferente. A mí me llegó bastante pronto, cuando tenía unos 20. Empecé a enfrentarme al miedo a la muerte porque sentía una necesidad muy fuerte de entender esa impermanencia.
De ahí nace Viva, de preguntarme qué relación existe entre el temor, la forma en la que nos vinculamos y algunas dependencias emocionales, especialmente dentro del amor romántico.
¿Qué conversaciones te gustaría que provocara entre mujeres de distintas generaciones?
Me gusta pensar que puede conectar con personas muy diferentes. También con hombres.
El largometraje explora distintas generaciones porque Nora también es heredera de una forma de entender la pareja. Una sociedad en la que separarse era mucho más difícil y donde muchas mujeres no tenían la libertad que hoy tenemos para elegir.
Pero todavía arrastramos esa herencia. Aún existe la idea de que el amor debe darnos un lugar en el mundo. Creo que queda mucho camino por recorrer.
El apellido de tu personaje tiene una conexión personal contigo...
Sí. Cuando buscaba un apellido pensé en mi abuela. Ese personaje dentro del relato es, en parte, un homenaje a ella, una mujer a la que quería muchísimo y que tuvo mucha presencia en mi vida. También está inspirado en una persona que me cuidó de pequeña, se llamaba Ramona.
Es un pequeño tributo familiar. La historia es ficción y los personajes son muy diferentes a mis seres queridos, pero sí hay elementos personales y también un guiño a la ciencia, que está muy presente en mi entorno familiar.
La intérprete durante una sesión de fotos.
¿Qué descubriste sobre el miedo a la muerte mientras escribías Viva?
Aprendí muchísimo durante el proceso y sigo haciéndolo cada vez que hablo de ella.
Hay una frase que me acompañó durante mucho tiempo: "El miedo, cuando lo miras de frente, se convierte en coraje". Me parece muy bonita porque creo que enfrentarnos a nuestros temores puede ayudarnos a liberarnos.
No siempre es fácil, pero es un ejercicio diario. El filme me recuerda la importancia de estar presente y de vivir el momento.
El agua tiene una presencia simbólica muy fuerte en la película...
Es un canto a la vida. La metáfora de estar vivos a pesar de saber que algún día moriremos. Estamos aquí y tenemos que intentar disfrutar.
En esta historia, este elemento representa el placer, la vida, la necesidad de conectar. Pero también puede destruir cuando hay un exceso.
Igual que una relación o una emoción puede ser algo maravilloso y al mismo tiempo convertirse en algo que nos ahoga.
El rol que interpretas, tras enfrentarse a la muerte, decide empezar a vivir sin pedir permiso. ¿Hay algo para lo que tú hayas dejado de pedir permiso?
Tengo que seguir aprendiendo a hacerlo. Soy una persona bastante obediente y todavía estoy en ese camino. Pero sí siento que con los años intento ser más honesta con las relaciones que construyo y con el rumbo que quiero llevar.
No me gustaría transmitir la imagen de alguien que tiene todas las respuestas. Creo que la vida es un camino en el que cada día vas formando y saliendo de esas autopistas mentales que te llevan a lugares donde no quieres estar.
¿Alguna vez has sentido que debes elegir entre ambición profesional y estabilidad personal?
Sí. Es algo que intentamos equilibrar durante toda la vida. Ahora estoy viviendo un momento profesional muy intenso, algo que no había experimentado antes, y al mismo tiempo intento cuidar mi vida personal y familiar.
Es complicado. Tengo una gran vocación y me encanta lo que hago, pero no quiero que mi trabajo se coma todo lo demás. Mis hijos son mi ancla, la parte que me conecta con la realidad.
Creo que para crear también hay que vivir. La profesión consiste en observar la vida, a las personas, el mundo, y para eso necesitas tener espacios propios.
Aina Clotet escribió, dirigió y protagonizó 'Viva'.
Como cineasta, ¿hay alguna pregunta que todavía te sorprenda que se haga a ellas y no a ellos?
Me pasa mucho con la maternidad. Cuando saben que eres madre y estás viviendo un momento profesional intenso, aparece la pregunta de cómo lo gestionas, dónde están tus hijos.
Y me parece una conversación interesante porque creo que los niños y las personas mayores están demasiado invisibilizados en nuestra sociedad.
Después de Cannes, ¿ha cambiado tu relación con la obra?
Me emociona muchísimo la reacción que está teniendo. Cuando la terminé, sentía que le había dado todo mi amor, pero tenía miedo de que se quedara en un rincón y que nadie la viera.
Hay tanta competencia que nunca sabes qué va a pasar. Por eso estoy muy agradecida con el Festival de Cannes.
Es como cuando alguien te dice que tu hijo es bonito, educado, buena gente: tú ya lo sabes porque lo quieres, pero escuchar que otra persona también lo ve, te emociona.
¿Qué viene ahora para Aina Clotet?
Muchas cosas. Viva nos ha abierto puertas: llega el estreno en España y después en Francia.
Mientras tanto, compagino todo con el rodaje de la segunda temporada de Esto no es Suecia, una serie que codirigí y que ahora continúa. Y también tenemos alguna idea para una segunda película.
