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Las instituciones instauran etapas a través de su funcionamiento: con el paso del tiempo, esos ritmos constituyen un horizonte de personas y fechas que finalmente conocemos como "época".

Teresa Sanjurjo, directora de la Fundación Princesa de Asturias, describe su labor directiva precisamente así, como un ciclo repetido que hace historia, desde que asumió este cargo en 2009.

"Los Premios Princesa de Asturias se entregan a finales de octubre, por eso nosotros tenemos un curso de trabajo especial", explica, que va de ese mes al del siguiente año.

Los conocidos como 'Nobel españoles' reúnen cada otoño desde 1981 en Asturias a ocho premiadas y premiados de todo el mundo: instituciones y personas en categorías que son relevantes en las Artes, las Ciencias Sociales, las Letras, la Comunicación y Humanidades, la Concordia, la Cooperación Internacional, los Deportes o la Investigación Científica y Técnica.

Liderar la FPA

Teresa Sanjurjo relata que "nací en Madrid hace 53 años y vengo de familia asturiana". Su formación pasó por ICADE, la universidad Autónoma e IESE.

"En realidad", confiesa, "yo no sabía a lo que quería dedicarme al terminar la carrera. Preparé oposiciones y suspendí. Mi interés fundamental, lo que me llevaría a tomar las siguientes decisiones, fue la idea de que quería ir todos los días feliz a trabajar".

"Me puse a analizar opciones. En una conversación con el que hoy es mi marido, él me dijo: 'Yo creo que a ti el ámbito del tercer sector o lo educativo te puede encantar'".

Sanjurjo es la mayor representante de la entidad responsable de los Premios Princesa de Asturias. David Morales

Así fue como decidió aplicar a unas prácticas en la Asociación Española de Fundaciones, primera institución social en la que trabajó, la cual terminaría dirigiendo. "Un trabajo muy gratificante", describe, "donde pude conocer el panorama fundacional en España".

"Hay muchas entidades importantes en nuestro país", señala. "De hecho, la primera fundación por presupuesto de Europa continental, una de las primeras del mundo, es la Fundación La Caixa. Y existen otras muchas que son el síntoma de una sociedad civil muy articulada, muy viva, donde las iniciativas detectan temas de interés y se mueven y participan".

En diciembre de 2009, relata, hace ahora 16 años, "surgió la oportunidad de irme a Oviedo a dirigir la Fundación, entonces Príncipe de Asturias y ahora Princesa de Asturias [cambió de nombre en 2014]. Y allí comencé. Quería trabajar en algo que me encantase y buscaba esa sensación de levantarme por la mañana y saber que me apasiona lo que hago".

Los 'Nobel españoles'

¿Estamos en una época con una especial necesidad de roles?

Lo hablamos mucho todo el equipo. ¡Lo tenemos que hacer muy bien cada año, porque es importante! Necesitamos referentes como sociedad. La respuesta social que vivimos en cada convocatoria nos lo confirma y nos obliga a tener un grado de autoexigencia altísimo.

A veces se denominan como 'Nobel españoles', ¿le gusta esa forma de llamarlos?

Bueno, hay gente que dice eso pero yo prefiero compararme con nosotros mismos y tratar de hacerlo siempre mejor. Nuestra historia y nuestro propósito son muy diferentes a los Nobel, pero es verdad que el prestigio se construye con trabajo y tenemos esa vocación de continuidad, de largo plazo, de constancia, de consistencia.

Sobre el origen de los premios Princesa de Asturias, he leído que fueron idea de un periodista…

Así es. Hay que ponerse en la España del 79, la de la Constitución. Nueva época. Esperanza, cambio social, Europa. Se recupera la monarquía constitucional. Desde el siglo XIV, el heredero —en este caso, heredera— tiene el título de Príncipe o Princesa de Asturias.

Entonces hubo personas de la sociedad civil en Asturias, como Graciano García —periodista, anterior director de los premios y ahora director vitalicio— y otras tantas, como la familia Masaveu, que pensaron que en ese nuevo tiempo que se abría para España sería una gran idea recuperar los lazos del territorio con la Corona, que encarnaba esos valores democráticos.

Y la forma de materializar ese vínculo fue a través de los galardones, con la idea de que todos los años se pudiera reconocer a las personas y las instituciones a las que merece la pena mirar y aplaudir. Y así nacieron los Princesa de Asturias.

¿Fue fácil ponerlos en marcha?

Lo que a mí me han dicho, y lo he hablado con mucha gente, es que en un primer momento se vio la idea como una iniciativa quijotesca, un poco osada, y se recibió con un cierto escepticismo. Don Juan Carlos I sí que entendió desde el principio el proyecto.

Sabino Fernández Campo [exjefe de la Casa del Rey], fue también, según me han contado, una pieza importante; y gracias al apoyo y mecenazgo de Pedro Masaveu, primer presidente, la iniciativa nació y los primeros premios se celebraron en octubre de 1981, el mismo año después del intento de golpe de Estado.

La Fundación se creó en 1980, cuando el Príncipe, nuestro Rey, tenía 12 años, porque su primer acto público fue aquí cuando tenía 13. Cuando se produjo su proclamación, pasamos a ser la Fundación Princesa de Asturias.

La directiva llegó a su actual cargo en 2009. David Morales

Y la Princesa hizo su primer discurso también con 13 años, como su padre.

Sí, porque cuando se produjo la proclamación no tenía los 13. Esto fue un poco después.

¿Recuerda quién estuvo entre esos primeros premios de 1981?

En las Letras por ejemplo fue Pepe Hierro, José Hierro. Yo recomiendo revisar, releer o ver su discurso, que está en nuestra web.

¿Por qué?

Fue muy simbólico porque fue aquel octubre después del famoso 23-F. Los premios nacieron con cierto escepticismo, pero la Fundación siempre ha tenido un rasgo que creo que es una de sus grandes fortalezas, y es tener muy claro a qué nos dedicamos y para qué.

Eso nos ha permitido navegar por los años y los cambios de circunstancias con un rumbo marcado, sin perder el foco. Aunque las formas de hacer cambien, porque el mundo ha cambiado muchísimo, ese es uno de los pilares de la entidad.

¿Cuál sería esa identidad o faro?

Una vez al año, la Fundación Princesa de Asturias pone en el escenario del Teatro Campoamor a las personas e instituciones que son ejemplo, referencia y brújula de valores, de avance, de progreso, de ciencia, de arte, de cooperación, de concordia… Y todo eso representa ese vínculo y está estrechamente ligado a la Corona.

Han pasado casi ya 50 años, en unos tiempos tan cambiantes, y en esta última década que está siendo muy 'interesante', por decirlo de manera optimista, en medio de todo este ruido, el ejemplo de valores y de excelencia está ahí. Eso lo que hacemos.

El anecdotario

Si tuviera que elegir un recuerdo de entre todos estos años, uno que sintetice exactamente qué son estos premios, ¿cuál sería?

Tengo muchas anécdotas, pero voy a contar dos. Pueden parecer pequeños detalles, pero para mí materializan exactamente lo que hacemos. Son pequeños momentos maravillosos, llenos de sentido, coherentes y que llevo en la memoria como tesoros, la verdad.

Tenemos un programa educativo, Toma la palabra, que consiste en que cada año se preparan materiales para todos los estudiantes de Asturias —ahora lo estamos ampliando—, para Primaria, ESO, bachillerato y FP.

Se distribuye a todo el Principado para que, en función de lo que cada curso esté estudiando, los profesores que quieran elijan trabajar sobre alguno de los premiados, si les encaja bien en la materia. Todo eso lo hacen durante meses y, cuando llegan los galardonados, les pedimos que lleguen antes a Asturias y que participen en actos con los estudiantes.

En una convocatoria reciente, el premiado de investigación científica técnica fue Hugh Herr, el investigador del MIT que perdió ambas piernas en un accidente de montaña cuando tenía 17 años y ahora tiene unas piernas biónicas.

Uno de los temas que propusimos a los niños y niñas de primaria fue que hicieran un tebeo, Super 'Herro', con once etapas de la vida de Herr como un superhéroe, uniendo vocaciones científicas con el ejemplo de superación.

Cuando llegó Hugh a Asturias, un grupito de niños de cada centro fue a un acto con él. Él es un hombre serio, aparentemente, e iba con un traje de chaqueta. Aquellos alumnos eran muy pequeños y habían estado trabajando sobre las piernas, la biomecánica... otros habían venido también de las aulas hospitalarias, pues aunque estén hospitalizados no queremos que se pierdan la experiencia.

Al terminar el acto, un chico se acercó a él y se le puso al lado, mirándole los zapatos. ¡Es la libertad de la infancia! Él lo vio, se agachó y se remangó el pantalón. Entonces todos los peques que estaban ahí a la vez empezaron a aplaudir y a decir en alto '¡Hugh Herr, Hugh Herr!'. Casi parecía que lo habíamos ensayado. Cada vez que lo cuento me emociono.

Sanjurjo cuenta los detalles del programa educativo Toma la palabra de la FPA. David Morales

¿Qué le hizo pensar en ese momento?

Con que un 1% de los niños que estuvieron allí coreando esas dos palabras se acuerden de que este hombre pasó por una experiencia horrible y decidió buscar el modo de superarla él mismo, y no sólo eso, sino también ponerse a ayudar a los demás, ya ha merecido la pena, ¿no crees?

Y creo que hay que recordar siempre la labor de los docentes y el sistema educativo; no me canso de darles las gracias y de recordar cuánto tenemos que apoyarles, porque lo que hacen es tan importante…

¿Cuál es esa 'segunda memoria'?

Hubo otro año, el de después de la pandemia, en el que recibieron el premio de investigación científica y técnica los padres de la vacuna del COVID.

En concreto, vino una investigadora bioquímica que se llama Katalin Karikó, de origen europeo pero que trabajó siempre en Estados Unidos. El galardón reconocía su trabajo pionero con el ARN mensajero (ARNm), el mecanismo para que la vacuna funcione.

Llegó con su marido desde Estados Unidos tras un vuelo largo, cansada del viaje. Yo siempre tengo el privilegio de recibir a los premiados en la puerta del Hotel de la Reconquista, con los medios gráficos allí. Tenemos un breve acto cariñoso con un grupo de gaitas, un grupo folclórico.

Cuando se bajó la profesora Karikó del coche, la gente comenzó a aplaudir por la calle y ella se puso a llorar. Y nos dijo: 'Toda la vida estudiando, investigando en un sótano, luchando, sin apenas presupuesto, y llego a este país, me bajo de un coche… ¡y la gente se para y me aplaude! Hay que tener mucha esperanza'.

¿El carácter asturiano cómo lo describen?

Es muy hospitalario. Muy acogedor. Es festivo también. Conjuga muy bien el tener una identidad propia con ser muy abierto al mundo. Fíjate en su tradición de emigrar, de salir… pero también de volver.

Es una tierra de acogida, abierta al mundo. Eso se percibe y de verdad que el cariño con el que la sociedad recibe a los premiados que participan en los actos es impresionante.

Juntando cada año desde hace 15, y a un ritmo anual de ocho de las personas más notables de una época, se suma una cantidad de más de 100 encuentros…

Sí. Cuando yo empecé ya eran ocho categorías. Entonces serían 15 × 8, pero hay muchos premios que son de grupo. O sea, que son quizás 200 personas o más.

¿Alguna idea preconcebida que cambió tras conocer a tantos premiados y premiadas?

Por ejemplo, me sorprendió que Ignatieff, hace dos años, cuando se marchaba, me preguntó cómo estábamos nosotros, las personas que trabajamos en la fundación.

Me lo preguntó con verdadero interés. '¿Cómo estáis? Yo muy contento, ha sido una experiencia increíble, pero vosotros tenéis que estar cansados'. Y me pareció de una humanidad y de una cortesía memorable.

¿El momento más difícil de los premios?

Yo creo que la situación más complicada durante estos años, casi estructural, fue la pandemia, cuando decidimos seguir adelante.

Nos pareció que era muy importante y que hacía más falta que nunca que la fundación estuviera ahí y un año más alumbrar hacia donde están estas personas y decir 'están aquí y merece la pena'.

Teresa Sanjurjo posa en su entrevista para Magas. David Morales

Excelencia y diversidad

¿Cómo funciona el proceso?

Es una iniciativa colectiva, no de una persona sino de todos, un proyecto-país vinculado a la Princesa de Asturias. Es una tarea de muchas personas unidas con un propósito.

El proceso entero corresponde a un año. En el momento en el que finalizamos la ceremonia, su Majestad el Rey y la Princesa de Asturias declaran abierta la nueva convocatoria de los premios. Si ocurre un viernes por la tarde, el lunes —el último de octubre— hacemos pública la edición del año siguiente.

La primera semana de noviembre se convocan ya los ocho jurados. Estos son maravillosos, con 150 personas cada año, cada cual con un grado de experiencia y de conocimiento y prestigio profesional inmensos, con una perspectiva internacional que contribuye a estos premios, que son de todos, porque si no, no funcionaría este afán.

Empezamos a recibir entonces las candidaturas que nos envían, alrededor de 400 o 500 personas e instituciones de todo el mundo. Se documentan y la última semana de abril comienzan a reunirse los jurados, durante ocho semanas consecutivas. Cada semana se hace público un fallo, se contacta con cada premiado, el lunes siguiente se convoca el siguiente jurado, y así.

Nosotros comenzamos a preparar la programación cultural y educativa y la agenda oficial con la Familia Real. Eso nos lleva a finales de verano y de nuevo a octubre, a la semana de entrega de los premios, con su programación educativa, ceremonia, día del Pueblo Ejemplar de Asturias…

¿Cómo hacen para asegurarse de la diversidad del proceso?

Abordamos este tema desde dos puntos de vista. Primero, teniendo en cuenta a quién invitamos a presentar candidaturas. La base de datos se revisa cada año.

Esta tiene alrededor de 5.000 personas e instituciones de todo el mundo, con una parte estable que son los premiados de ediciones anteriores, las mejores universidades del mundo, centros de investigación, museos, embajadores extranjeros en España, embajadores españoles en el extranjero, federaciones deportivas…

Y luego hay otra parte que vamos controlando para que haya suficiente riqueza de cambio. En cuanto a los jurados, tenemos una norma interna aprobada por el Patronato que establece que ninguno puede estar convocado en más de cuatro ediciones consecutivas en una misma categoría.

Esas dos variables juntas hacen que recibamos candidaturas de todo tipo. Aun así, veníamos de un 7% de mujeres y llevamos varios años en los que no subimos del 25%; en los jurados sí, porque eso depende directamente de la fundación.

Todo esto hablando de la diversidad de género, porque hay otras muchas diversidades: estamos muy interesados en esta cuestión y, personalmente, estoy convencida de que es una cuestión de tiempo. Premiamos trayectorias consolidadas, por lo que espero que en determinados ámbitos sea una cuestión de decalaje temporal.

Este año hay mujeres muy potentes premiadas…

Sí, el 23 de octubre será la ceremonia. Tenemos a Patti Smith y a Christina Koch. Después hay dos instituciones (la Bóveda Global de Semillas de Svalbard y Studio Ghibli, donde trabajan también mujeres) y el resto son hombres (Timothy Garton Ash, Julian Barnes, Leo Messi...). Esto responde casi al porcentaje de las candidaturas que recibimos, un 25% de mujeres.

El próximo 23 de octubre tendrá lugar la gala de entrega de los Premios Princesa de Asturias en Oviedo. David Morales

Patti Smith se ha expresado muy efusivamente…

Sí, nos envió unas declaraciones maravillosas. Algo muy poético y con un gran entusiasmo.

["Cumpliré 80 años en diciembre, pero más que tener la sensación de estar llegando al final de mi camino, este premio hace que me sienta rejuvenecida. Creo que este galardón simboliza el amor que siento por España, un país que, durante décadas y a través de distintas generaciones, me ha expresado su cariño y apoyo y donde siempre me he sentido respaldada y querida", según aparece en la web de los Premios].

En general, supongo que todo el mundo se sentirá muy halagado, aunque he leído que algunas personas no asisten. ¿El cantante Dylan no quiso el premio?

Dylan lo quiso, pero no asistió. Como el listado de premiados es impresionante, lo primero que suelen hacer es revisarlo. Luego la experiencia es tan especial porque la gente es increíble y hay tal sentido de pertenencia y de participación que se van encantados.

Eso es diferencial, la acogida social: el premio lo concede la fundación, pero este es de todos; eso es una nota de identidad clarísima.

La princesa Leonor llegó a los premios en 2019…

Es nuestra Presidenta de Honor, lo cual nos hizo muchísima ilusión a todos. El primer año que habló en el teatro, me pareció asombroso —y esto lógicamente debido a su carácter y también al trabajo de sus padres— lo serena que estaba y lo consciente que era de lo que estaba compartiendo.

Porque hay que estar allí, subir aquellas escaleras y estar en el escenario con aquellas personas y hacerlo con ese temple, con esa sonrisa y esa actitud. Es una mujer muy joven, creo que tiene un inmenso compromiso personal con su responsabilidad, y lo hace muy bien.

¿Un compromiso fuerte?

Yo creo que lo tiene y que lo entiende muy bien. Ya estamos viendo los pasos que está dando en sus etapas formativas, y eso es lo que percibo cuando tengo la oportunidad de verla en Asturias.

Hablando de más liderazgo femenino, ¿su jefa directa es otra mujer?

En todas las fundaciones el patronato es el órgano de gobierno. Es quien aprueba las cuentas, quien controla a la persona que dirige la entidad —en este caso a mí—, quien aprueba el presupuesto, quien maneja las pautas estratégicas y quien las decide.

El nuestro lo preside Ana Isabel Fernández, rectora de CUNEF y también consejera. Es una mujer con la que trabajamos todo el equipo muy a gusto, con mucha confianza. Es muy inteligente, muy generosa con su tiempo, con gran sentido del humor, que lo pone muy fácil y que tiene las ideas muy claras.

Teresa Sanjurjo en conversación con el periodista Rubén Fernández-Costa. David Morales

Y tienen un patronato de mecenas…

Sí, ellos hacen posible con su apoyo que la fundación mantenga su rumbo independiente, constante y consistente.

Son unas 100 personalidades, instituciones y empresas fundamentalmente españolas, pero no sólo de aquí, porque tenemos mucha presencia de patronos americanos, sobre todo mexicanos, y tenemos uno canadiense, otro colombiano, peruano, venezolano y dominicano.

Muchos con vínculos con nuestro país, casi todos. En el caso del biólogo y empresario canadiense Derrick J. Rossi, él recibió el premio y le pareció tan fantástico que dijo que quería seguir siempre vinculado a la fundación.

Algunas mujeres con gran influencia en España también están en el listado de benefactoras…

Muchas, como Mercedes Oblanca, Sol Daurella, Ana Torrens, Cristina Álvarez, Esther Alcocer Koplowitz, Alicia Koplowitz, María del Pino, Beatriz Corredor, María Neira, Sol Daurella, Mercedes Oblanca, Olvido Moraleda, Nieves Roqueñí y las alcaldesas de Gijón o de Avilés, entre otras…

Cada vez más mujeres en todos los ámbitos…

Sí, notamos que esa tendencia va creciendo, claro, también en lo que respecta a las presidencias de grandes compañías.

También trabaja usted como consejera independiente.

He estado tres años —un mandato— en un consejo sobre diversidad de CaixaBank, y verdaderamente es impresionante conocer el impulso del banco.

Ahora también soy consejera independiente de Acciona y participo en organizaciones como la Asociación Española de Directivos, donde llevo más de 20 años, la asociación de antiguos alumnos del IESE o el International Women Forum. Tiendo a hacer muchas cosas…

Como conclusión, ¿diría que su cargo cumple con su vocación?

Yo me siento muy afortunada. Sé que a lo mejor a muchísima gente le gustaría conseguirlo y las circunstancias no se dan. El tiempo que dedicamos a trabajar es una parte muy relevante de nuestra vida. Pero para mí es clave que lo que haga me resulte satisfactorio desde el punto de vista personal.

Al margen de que debemos tener un oficio para procurarnos el sustento, creo que la convicción de tener un propósito y algo que llene esa parte de nuestra vida nos aporta mucha felicidad y satisfacción.