Ione Astondoa (27 años) no nació dentro de un barco de lujo, pero casi. "Rodeada de ellos seguro", bromea. Si se le pregunta por el primer recuerdo que tiene con los astilleros de su familia desde hace cuatro generaciones, enseguida le viene a la memoria una imagen que sería una metáfora de lo que esta empresa centenaria significa para los Astondoa.

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"Recuerdo cuando mis primos y yo, somos seis Astondoa, éramos pequeños y mi padre y mis tíos iban a la feria de Barcelona dos semanas. El fin de semana, mi madre nos llevaba para poder verlos y nos gustaba jugar a que cada barco que llevábamos a la feria era nuestro. Eran como nuestra casa de muñecas. Al final el juego se ha convertido en la vida real", explica la primera mujer en cuatro generaciones en ser directiva del astillero de yates de lujo situado en Santa Pola (Alicante).

Su abuelo, vasco hasta la médula, decidió cambiar el rumbo de los astilleros Astondoa y de toda la familia y emigrar a Santa Pola. Quizá la gente no imagine esta localidad de la Costa Blanca como uno de los lugares donde se construyen los mejores yates de lujo españoles. "Mucha gente me pregunta por qué Santa Pola, pero tiene su razón: está situada en el centro de un rombo que marca Madrid, que son nuestros clientes potenciales, Baleares, zona de clientes también, arriba Barcelona y abajo Málaga. Mi abuelo tomó esa decisión porque estratégicamente nos venía bien a la hora de llevar los barcos a sus destinos".

Más de cien años después de que dos hermanos Astondoa empezaran a construir botes y traineras en una pequeña carpintería de Portugalete, estos yates son hoy en día una marca con mucho peso internacional en el mundo de la náutica sobre todo en EEUU y México, donde se ubican los clientes que demandan barcos de mayor eslora. 

"El astillero da a Playa Lisa [una de las más importantes de Santa Pola] pero es curioso que mucha gente sabe que al final del espigón pasa hay algo grande pero no son conscientes de qué es", explica Ione.

En una zona donde la importancia del turismo es capital, sus habitantes están acostumbrados a ver entrar y salir barcos de recreo sin preguntarse muchas veces de donde salen estos lujosos chalés flotantes: "No saben bien qué es un astillero, dicen donde se hace barcos y como definición vale pero cuando vienes y ves las instalaciones y la artesanía con la que se trabaja, es cuando la gente realmente se pregunta si esto está de verdad en Santa Pola".

Ione Astondoa habla del proceso de construcción de un yate como si se tratara de una obra de arte única. Mimada y tallada del imaginario de la ingeniería con la calma que parece absorber cualquier objeto de lujo. Aunque es la primera mujer que se pone al mando de una parte de la empresa asegura nunca se ha sentido diferente. "El equipo que me rodea es casi mi familia, he crecido con ellos y me lo han puesto muy fácil desde que me incorporé".

Aunque ella ya ha nacido en Alicante es difícil escapar a una tradición vasca que marca cada paso suyo en el astillero, en su casa y hasta su nombre. De hecho, para cualquier alicantina, que una nube tape el sol es motivo de desahucio de la vida. Sin embargo, cuando Ione ve que el cielo se pone gris, "me entra un gustito que no lo puedo explicar". "Yo tengo mucho de vasca. Siempre me he sentido más del norte que del sur, me encanta la lluvia, los días grises y justo vivo en todo lo contrario. Siempre me ha tirado más el lado vasco, aunque a mi madre no le gusta que diga eso".

Ione Astondoa, en los astilleros.

Tres plantas

En la planta principal trabajan 105 personas, pero los astilleros cuentan con otras dos áreas de construcción más: una en Almansa (Albacete) y otra en Almería, aunque siguen mirando al espigón de Santa Pola como el faro que marca la marcha del astillero y de la familia.

"Seguimos construyendo barcos de madera hasta los años 80, luego se cambió a la resina y a la fibra de vidrio porque permiten tener moldes para fabricar en serie, algo que con la madera es imposible, y el nivel de acabado es superior. Además, el tiempo de vida de la embarcación también aumenta y el mantenimiento es menor", aclara.

A pesar de todas estas innovaciones, los astilleros siguen apostando por un trabajo personalizado para cada cliente adaptando la construcción de los barcos como objetos únicos. "Una de las máximas de Astondoa es la flexibilidad a la hora de customizar. Recuerdo que unos clientes nos pidieron los interiores del barco con los colores del logo de su empresa que no eran precisamente neutros... La verdad es que fue muy divertido hacerlo y cumplir otra de nuestras máximas: 'Igual que no hay dos clientes iguales, no hay dos Astondoas iguales'".

Aunque pudiera parecer que el destino de Ione estaba marcado en su ADN, ella no siempre lo tuvo claro. "Iba a rachas. A veces pensaba que sí, que quería entrar en los astilleros, y otras en irme del país, directamente", bromea. "Al final, mi formación y mi sentimiento de pertenencia a esta empresa familiar lo llevo muy dentro y no he podido escapar. Una es una Astondoa siempre".

Curiosamente, no tiene un barco en propiedad, todavía."¡Ojalá! Solo el de la familia y no es muy grande que ya se sabe que en casa de herrero... ". Incluso confiesa que salen a navegar menos de lo que les gustaría: "En verano es cuando tenemos más trabajo, porque los clientes quieren tener sus barcos y no salimos mucho".

Ni siquiera fue de las primeras en sacarse el carné para conducir un Astondoa: "Realmente aprendí hace menos de lo que la gente se piensa. Creen que yo he nacido llevando un barco y no es para nada así. Hace unos seis años me saqué el permiso de navegación básica y ahora estoy pensando en ampliar con el PER [Patrón de embarcaciones de recreo], pero necesito tiempo y ahora no puedo".

Ione Astondoa, con la maqueta de un yate detrás.

Eso sí, desde su despacho y a la vista de como los barcos van tomando forma y vida, ella imagina tener uno en propiedad, amarrado pero siempre listo para zarpar porque si algo le gusta a Ione es llevar el timón de su vida: "Me gustan todos pero mi sueño es tener el 377 que es nuestro modelo más pequeño. Estoy enamorada de esa embarcación".

De los astilleros Astondoa salen al año entre 15 y 20 yates de lujo dispuestos a iniciar su aventura por los mares del mundo, pero siempre queda un vínculo con la nave que los vio nacer: "Reconozco todos los barcos que son nuestros y a casi todos los de la competencia. En casa, en las reuniones familiares, los barcos siempre tienen un protagonismo especial y es algo que llevo dentro desde que soy pequeña. Cuando empecé a trabajar me di cuenta de que tenía más información de la que pensaba".

Sector masculinizado

La náutica y los astilleros no son un lugar donde sea muy habitual ver a mujeres trabajando y mucho menos dirigiéndolo. "La presencia de mujeres en puestos de responsabilidad en el sector náutico y marítimo en general tiene todavía poca penetración, pero va cambiando".

En su caso, es la primera mujer en Astondoa pero por "cosas de la vida". "Mi abuela no trabajaba, era mi abuelo el que estaba aquí. Y es mi padre, varón, el que sigue con el legado. Y ahora soy yo, que soy mujer".

La feminización de ciertos trabajos está convirtiéndose ya en una marejada en muchas de las empresas internacionales como puede visualizarse en las ferias del sector. "Hay ferias en las que he tratado mucho con comerciales y responsables de marketing y comunicación y cada vez hay más mujeres. Yo no he sentido que me faltara la voz pero también es verdad que en muchas ocasiones voy con mi padre que es el consejero delegado".

Ella es una Astondoa y no se esperaba muchos problemas en el astillero, pero es consciente de la realidad que sufren muchas de las mujeres en otros puestos: "Es verdad que pasa muchas veces, a la vista está que hay una desigualdad entre hombres y mujeres, que a las mujeres nos está costando mucho tener voz y que no se nos ponga en duda. Y eso tiene que dejar de pasar ya". 

Dentro de los astilleros también hay una fuerte presencia masculina, pero también está cambiando: "Muchas de las profesiones que trabajamos aquí, el poliéster, la carpintería, la mecánica y la electrónica son, a nivel general, un mundo más masculinizado. No sé si por el tipo de trabajo o por la tradición. Sin embargo, he de decir que en nuestro centro de producción de Almería, sorprendentemente, el 90% de la plantilla son mujeres, incluso en el taller".

El nuevo modelo que han lanzado en octubre, el AS8.

Crisis

Si la crisis económica de 2008 supuso un mazazo para el sector náutico, la pandemia ha abierto grandes oportunidades de negocio para los astilleros: "En 2008, el sector náutico fue de los más perjudicados a nivel nacional e internacional. En España, cayó más del 70% y muchísimos astilleros tuvieron que cerrar. Nosotros aguantamos como pudimos. Recuerdo a mi padre, en esa época, sufriendo para ver cómo salir del paso". 

Sin embargo, esta pandemia ha abierto otro panorama bien distinto para los barcos de lujo. "Sorprendentemente al mundo de la náutica se le ha dado ahora mucha relevancia y gente que no lo conocía le ha dado una oportunidad ahora. Sin ir más lejos este verano los chárter de barcos [alquileres] lo han reventado, ha sido una actividad de ocio clave, porque si quieres sentirte seguro y no estar rodeado de gente, donde mejor estás es en un barco, en el mar y con tu familia".

De hecho, Ione asegura que por esta vía se abre una oportunidad muy importante para llegar a muchos potenciales clientes que hasta ahora no habían pensado en las ventajas de vivir de lujo pero en el mar. "Nosotros seguimos con los mismos encargos que otros años pero sí notamos más interés. Yo soy bastante optimista".

Y eso que hablamos de barcos que cuestan, como mínimo, 300.000 euros como el 377 Coupé, que es la embarcación más pequeña en Astondoa; "a unos cuantos millones de euros", explica Ione sin querer especificar. "Hay que echarle imaginación", bromea.

Precisamente estos yates, a los que hay que echar imaginación para saber su precio, son los que suelen viajar desde Santa Pola hasta las costas americanas: "Astondoa tiene mucha presencia en EEUU, sobre todo en Florida y México, como parte de América Central, que es donde nos piden una gama de mayor eslora, los Century". 

"En Europa, los clientes consumen más embarcaciones tipo crucero, como la gama Flybridge, y a nivel nacional el mercado se está recuperando poco a poco desde que pegó el bajón por la crisis pero todavía no han dado el paso a embarcaciones de mayor eslora, así que prefieren day boats como la 377 o nuestra gama Coupé".

Sólo la Guerra Civil hizo que los Astondoa pararan de hacer barcos durante unos años. De hecho, ni el coronavirus ha impedido que los astilleros siguieran funcionando, "salvo las semanas que estuvimos todos confinados". De hecho, el pasado mes de octubre la compañía presentó su nueva joya náutica, el AS8, un flybridge de más de 25 metros de eslora

"No ha sido nada fácil pero teníamos la determinación de que nuestra actividad fuera parte de la normalidad que desamos. La respuesta de todos los empleados ha sido excepcional y pudimos acabar el barco a tiempo. Los barcos son como los coches, no puedes tener el mismo modelo muchos años en el mercado porque te quedas obsoleto. Empezamos con este proyecto antes de la pandemia y no quisimos pararlo pues queríamos innovar, ser más vanguardistas, hacer que el mercado no pare".

También están apostando por el 377, un day boat pequeñito pero bien equipado con dos camarotes y cocina, va dirigido, precisamente, a un perfil más joven del habitual en este tipo de operaciones. "Está dirigido a un cliente de unos 35 a 45 años, muy joven para tener un barco, pero que le gusta la navegación más deportiva, arriesgada, menos convencional; que le gusta jugar en el mar y quiere disfrutar así de su tiempo libre".

Precisamente ella también ha tenido la responsabilidad no sólo de feminizar parte del sector, sino también de rejuvenecerlo. Entró a trabajar en este gigante del lujo con 25 años y para Ione fue esa la barrera que más le costó de romper.

"A mí me ha pesado mucho ser joven porque es cierto que cuesta más que te escuchen o que tus decisiones no sean cuestionadas. Pero poco a poco y viendo que hay resultados se nos allana el terreno. Hay muchísimos jóvenes con un potencial extraordinario a los que no se les da oportunidades y es un error. Muchos nos tenemos que enfrentar a huesos duros, gente que nos dobla la edad y que a lo mejor han vivido esa época 'de aquí se hace lo que yo digo y como yo digo' y les cuesta evolucionar. Pero una vez rompes esa barrera te escuchan".

De hecho, en su día a día puede pasar de analizar costes y producción, "un departamento clave para entender cómo funciona el astillero desde el principio", a tareas de comunicación y marketing o apoyar a su padre en lo que pueda para "empaparme de todo": "Estoy un poco en todos los lados. También me gusta estar con los diseñadores cuando trabajan en un modelo nuevo. No soy experta pero el equipo que tenemos es excepcional y me dejan aportar".

Cuando se le pregunta si se está preparando para ser la primera mujer en dirigir el astillero, ella sonría y dice que ni se lo plantea: "Sé que mi padre que no se va a jubilar. Mi abuelo no lo tuvo nunca en la cabeza y tengo papá para rato".

Mientras tanto trata de asumir en su día a día lo que significa una empresa centenaria y familiar "cuando sabes que de tu trabajo depende no sólo mantener lo que ya hay sino hacer crecer el legado de tres generaciones": "Mi padre y mi abuelo han sido personas muy exigentes y trabajadoras y son un ejemplo. Hay que dar la talla".