Joana Rei Silvia P. Cabeza

Si algún día cumplimos el sueño futurista de desplazarnos en coches voladores por la ciudad, Isabel del Pozo (37 años) será una de sus artífices. Esta ingeniera aeronáutica, directora del departamento de Gestión de Tráfico no Tripulado del área de Movilidad Urbana de Airbus, lleva años trabajando para que los taxis voladores dejen de ser ciencia ficción. "El objetivo último sería el transporte de pasajeros, los taxis aéreos, con vehículos sin emisiones, que se pudieran coger desde una app, como las que ya existen para el transporte de pasajeros", explica Del Pozo.

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Para ello, hay que completar un complicado puzzle en el que tiene que encajar el tipo de vehículo, el tipo de operaciones y la regulación para determinar como se integran en el espacio aéreo. "Hay que conseguir un vehículo multirrotor, capaz de despegar y aterrizar de manera vertical, que sea eléctrico para minimizar el ruido y las emisiones y que pueda estar automatizado al máximo, para reducir costes", cuenta la ingeniera.

En este sentido, Airbus tiene ya desarrollado un prototipo de lo que podría ser uno de esos coches voladores, el Vahana, por ahora de una sola plaza. Se trata de una aeronave totalmente automatizada, con ocho motores eléctricos y una configuración que le permite despegar y aterrizar verticalmente. Su velocidad de 190 km/h, reduce entre dos y cuatro veces el tiempo de viaje, comparado con un coche normal.

De igual manera habría que desplegar en la ciudad un conjunto de vertipuertos (puertos verticales de despegue y aterrizaje) que estuvieran conectados con los demás sistemas de movilidad. "Lo más guay serían esas ciudades futuristas con un vertipuerto en la azotea de cada edificio", dice con una sonrisa.

¿Será un servicio asequible para la población?
La idea es esa, que no se quede en un servicio premium, muy caro, sino que pueda llegar a la mayoría de la gente. Queremos que pueda ser un servicio muy democratizado.

¿De qué plazos estamos hablando?
No manejamos fechas concretas… pero a medio plazo, quizás 2030, esperamos tener algún servicio. Pero que hay que ver, hay muchas cojas que encajar a la vez: la regulación, los vertipuertos, la conexión con sistemas de movilidad...

En grandes metrópolis como São Paulo, o Ciudad de México ya hay la posibilidad de transportarse en helicóptero y evadir, de esta forma, los atascos. Sin embargo, es un servicio muy caro y está lejos de llegar a esta democratización de que habla Isabel del Pozo. "En las ciudades europeas no se dan estos fenómenos de atascos multitudinarios en los que se tardan horas para hacer un trayecto corto y la red de transportes normalmente funciona. Por eso estas demandas han aparecido antes en ciudades del continente americano, pero a largo plazo llegará a Europa también".

Hasta llegar al tan deseado transporte de pasajeros, hay otro paso intermedio: el transporte de mercancías: "Hay un largo camino que recorrer hasta llegar al objetivo, pero el transporte de mercancías es más factible ya se hace en algunos países. En Suiza, por ejemplo, ya se utilizan drones para el transporte de medicinas”, cuenta.

La fascinación de esta madrieleña por los aviones le viene desde niña: "Tenía un primo piloto en el ejército y a veces pasaba por encima de casa de mi abuela. Siempre que lo hacía nos avisaba y yo salía al jardín a verle. Me parecía una pasada”, recuerda sonriendo. Por aquel entonces se entretenía haciendo aviones de papel y haciéndoles volar por el salón de casa: "Mis padres estaban ya hartos de mí", dice.

Isabel explica como funciona uno de sus drones. Silvia P. Cabeza

No es fácil seguirle el ritmo a Isabel del Pozo. Habla con el mismo entusiasmo que le dedica a cada proyecto, sin atropellarse, pero poniendo mucho énfasis en cada frase. La pasión que trasmite se contagia y, en pocos minutos de conversación, una entiende que habla al compás de su día a día. "Tengo una oficina en Getafe pero la piso poco, mi oficina es el mundo", cuenta entre risas. "Trabajo mucho desde casa para no perder tiempo y minimizar los desplazamientos".

Flexibilidad y conciliación

Con equipos en Singapur, Europa y Estados Unidos Isabel del Pozo parece vivir en un huso horario propio y distinto al del resto del mundo: "Con Singapur hablo muy pronto por la mañana, con EEUU muy tarde por la noche y entre medias me guardo mis huecos para poder estar con mis niñas", cuenta. "Sé que suena caótico desde fuera, pero es lo que a mi me funciona. Trabajo desde cualquier sitio, con que tenga una conexión a internet y un móvil, no necesito oficina. Y esta flexibilidad es lo que me permite conciliar la vida laboral y la familiar".

Es una forma "muy poco española de trabajar" pero que el coronavirus vino a poner sobre la mesa. "Para nosotros no ha cambiado la forma de trabajar porque en Airbus teníamos ya esta flexibilidad y creo que después de esto más empresas lo harán. Ojalá esto sirva para borrar esta cultura presencial que tienen muchas empresas y que se den cuenta de que se puede teletrabajar en muchas de ellas”, analiza.

"Esta manera de dividir la vida en compartimentos estancos, ahora es solo trabajo, ahora es solo familia, no tiene sentido. En estos meses, los hijos de todos los trabajadores han aparecido alguna vez en las reuniones y no pasa nada. Es normal y hemos trabajado igual", añade. "Ojalá esto ayude a la conciliación".

Isabel tiene tres hijas: Elena, de 8 años, Sofía, de 6, y María, de 6 meses. Una familia numerosa de la que está muy orgullosa y que le iluminada la mirada cada vez que la nombra. "Cuando me quedé embarazada de la primera estaba en una empresa de esas, compartimentada, de horarios rígidos y fue muy difícil", recuerda.

La ingeniera moviendo uno de los rotores del drone. Silvia P. Cabeza

La maternidad había llegado de forma deseada a los 29 años pero todo se complicó. "Yo estaba muy feliz pero el ambiente era difícil. Haces bien tu trabajo pero aún así sientes que te hacen de menos porque estás embarazada y te vas a ir de baja, o porque luego tienes una niña y no te puedes quedar hasta las ocho de la noche. Tuve muchas inseguridades, muchísimos miedos, hasta que cambié el chip. Me di cuenta de que tenía que hacer lo que yo quería. Yo quiero tener hijos y los voy a tener, y me voy a ir de baja porque necesito recuperarme y quiero cuidar a mi hija y no me voy a sentir culpable por ello. Es un proceso largo pero se consigue y es una liberación", explica.

Cuando entró en Airbus Isabel estaba embarazada de su segunda hija y la experiencia fue diametralmente opuesta. "Hice la entrevista embarazada, trabajé cinco meses y me fui de baja y todo fenomenal". En ese momento Isabel vivía en Alemania y la baja de maternidad era de 14 meses que se podía repartir con la pareja. Isabel se cogió siete y su marido, también ingeniero aeronáutico, otros siete. Ella no sintió el peso de la maternidad como la primera vez, pero él sí. "Fue un shock en su equipo y creo que a la larga terminó pasándole factura en el trabajo. Con el tiempo se fue y creo que algo tuvo que ver con esa baja", cuenta.

¿Es importante igual las bajas de paternidad para normalizar estas situaciones?
¡Muy importante! No se trata solo de dar facilidades a las mujeres para que se puedan encargar de los niños se trata de dárselas a los hombres para que se puedan involucrar en su familia y que si se quieren coger una baja no haya ningún problema. Es verdad que las mujeres necesitan un tiempo para cuidarse y recuperarse después del parto, pero luego la baja por cuidado del bebé tiene que ser la misma. Porque cuando te hacen una entrevista, eres mujer y tienes 30 años ya empiezan los miedos de ‘a ver si se va a quedar embarazada’. Si la baja es la misma para ellos no habría problema.

El aprendizaje de los dos primeros embarazos le ha servido ahora para encarar la maternidad de su tercera hija de otra manera. "Ni me lo he planteado. Tuve a mi hija, me he cogido la baja y si alguien me quiere echar en cara que soy directiva y me he cogido los cuatro meses de baja pues mira… sí, me los he cogido y no ha pasado nada. El equipo ha seguido trabajando, el mundo no se ha parado y yo he vuelto a mi puesto, en el lugar y las condiciones en las que lo había dejado y sigo haciendo mi trabajo igual de bien", destaca.

Isabel del Pozo en un momento de la entrevista. Silvia P. Cabeza

Es un proceso interno que obliga a lidiar con muchas presiones de la sociedad, mucha culpa auto infligida pero donde Isabel advierte que las empresas tienen un papel fundamental. "En Airbus no he tenido ningún problema y hay muchas empresas que normalizan la situación, pero en otras ser madre sigue siendo un obstáculo".

Y cuando es así, su consejo es cambiar de rumbo y mantenerse fiel a lo que una siente. "Lo que hay que tener claro es lo que una quiere y con eso, puede ser más fácil o más difícil, pero hay que tirar para adelante y empoderarte. Decide cuando quieres quedarte embarazada, cómo quieres cuidar a tus hijos, si quieres trabajar o no y cuales son tus ambiciones. Y si alguien en algún momento te bloquea, búscate otro camino. Es muy difícil, pero es la única solución”.

Isabel del Pozo tiene un espíritu resiliente. El mismo que empezó a curtir en la universidad, en Alemania, siendo una de las 27 chicas en una clase de 300 alumnos. “Soy muy bajita, muy delgadita y casi no se me veía. Me acostumbré a reforzarme, a hacerme notar, para que me hicieran caso". Fue aprendiendo a regatear dificultades y micromachismos. "Tenía un profesor en las practicas que siempre que yo llegaba me decía que ya podía irme a por los cafés. Y yo iba y me traía uno para mí sola. Vas aprendiendo a no dejarte amedrentar y a ir metiendo pullas cuando toca", dice.

Lo mismo cuando empezó a dirigir equipos, con 31 o 32 años. "Ellos tenían de 40 años para arriba y eran todos hombres y me decían que qué les iba a enseñar yo de su trabajo. Y yo les decía que no estab allí para hacer su trabajo, que mi trabajo era otro. Cuando eres joven y mujer hay un rechazo de primeras pero con la experiencia vas aprendiendo a moverte y a lidiar con estas cosas”.

En busca de la paridad

Sin embargo, el camino no es fácil y obliga a esfuerzos extra, muchas veces para tapar lagunas que ni siquiera existen. "Me di cuenta de que mi título no bastaba. Entraba a las reuniones y siempre me hacían de menos. Yo sabía que controlaba técnicamente, que era ingeniera y nadie me había regalado la carrera, pero como me cuestionaban tanto, me saqué un doctorado para poder presentarme como doctora en las reuniones y que me dejaran en paz".

Dudas que todavía asaltan a muchas mujeres a la hora de coger puestos de responsabilidad. El famoso síndrome del impostor, que según los psicólogos afecta un 18% más a mujeres. "Los hombres cogen un puesto y ni se paran a pensar si están preparados o si les sale mal. Las mujeres tenemos más miedo al fracaso y hay que normalizarlo. Es sano para evolucionar. Te ofrecen un puesto porque te han visto trabajar y vales para ello, así que lo coges, lo haces lo mejor que puedes y si no sale como esperas no pasa nada. Aprendes y a otra cosa", dice. "A mí me ha pasado a veces. Tenía hasta pesadillas, dudaba de que fuera capaz. Luego lo vas normalizando y sabes que unas veces va a salir mejor, otras peor, y no pasa nada".

Isabel del Pozo en el taller de Airbus en Getafe. Silvia P. Cabeza

En su equipo actualmente, cuenta con un 30% de mujeres y un 70% de hombres. "Yo quería un 50-50 pero no lo he conseguido". Una diferencia que en Airbus intentan minimizar cada vez más con iniciativas internas para impulsar la evolución de las carreras femeninas, "redes de mujeres en las que les enseñamos los puestos que hay y como pueden ascender, que caminos pueden seguir, para motivarlas y ayudarlas a crecer".

Sin embargo, y pese a todos los avances, Isabel reconoce que sigue siendo difícil encontrar a mujeres para determinados puestos, porque todavía es un sector muy masculinizado. Algo que tiene que empezar a cambiar desde corta edad, motivando a las niñas para seguir carreras de ciencia. "Todo tiene que ver con los referentes. Mis hijas no se plantean otra cosa que hacer aviones. Es lo que ven en casa. Hay que dar visibilidad a mujeres que hacen cosas distintas pero dar una visión realista. Porque esa idea de la superwoman, de la mujer súper exitosa, que todo le ha salido maravilloso, no vale", cuenta. "Hay que dar ejemplos de gente normal, que tuvo sus aciertos y sus fallos, cosas que salieron bien y otras regular y pudo llegar donde quería", defiende.

Eso es lo que pretende trasmitirle a sus hijas: que pueden llegar donde quieran y no hay caminos prohibidos por donde no puedan transitar sólo por el hecho de ser chicas. "Son muy pequeñas pero ya tienen esos miedos. La mayor quiere jugar al fútbol y me decía que no iba a poder porque claro, las chicas no juegan al fútbol. ¿Cómo que no? Las llevé a ver el partido del Atleti contra el Barça y se lo pasaron genial. Luego hubo el Mundial femenino y ahora juega al fútbol y está más motivada. Los ejemplos son muy importantes", destaca.

Como la foto de esa niña cuya sombra se transforma en la imagen de Wonder Woman y que Isabel utiliza en todas sus redes sociales. "A las niñas hay que dejarlas tener sus sueños y ayudarlas a conseguirlos. Por eso me gusta tanto esa foto. Una niña que sueña con ser una súper heroína pero que en el fondo ya lo es y solo le hace falta descubrirlo. Esa actitud guerrera es muy inspiradora y es lo que yo quiero para mis hijas”.

*A la hora de elegir un referente, Isabel señala a su madre. "Es mi ejemplo, siempre ha trabajado fuera de casa y es la que me pone los pies en el suelo siempre que me asaltan dudas. Cuando tuve a mi primera hija y creía que ya mi carrera se iba a parar recuerdo que me decía: "Quieres trabajar, trabaja, si no te gusta el trabajo búscate otro, pero tu hija no va a impedirte hacer nada". Y escuchar eso ayuda".