Alejandro García
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Hay diseños que consiguen sobrevivir al paso del tiempo sin permanecer inmóviles. Cambian de tamaño, de materiales, de color y hasta de función, pero conservan algo que hace posible reconocerlos de inmediato. El Royal Oak de Audemars Piguet pertenece a ese reducido grupo de piezas capaces de transformarse sin perder su identidad.

Ahora, más de medio siglo después de su nacimiento, su característica geometría abandona parcialmente la muñeca relojera para adentrarse de lleno en otro universo.

La manufactura suiza presenta Royal Oak Joaillerie, una nueva colección formada por las creaciones de Alta Joyería Risoud Eclipse y Dream of Joux, además de una serie Frosted Gold.

El punto de partida está en uno de los elementos más reconocibles del reloj: su brazalete. Sus eslabones se reinterpretan ahora mediante metales preciosos, piedras de colores y nuevas proporciones para construir collares, pulseras y pendientes que buscan unir dos mundos históricamente cercanos para la casa.

Icono de diseño

La narrativa comienza en 1972. Diseñado por Gérald Genta, el Royal Oak sorprendió entonces por una estética que rompía con buena parte de los códigos tradicionales de la Alta Relojería: una gran caja de acero inoxidable, bisel octogonal con tornillos hexagonales, brazalete integrado y un mecanismo automático extraplano.

Pulsera en oro rosado. Cedida

Cuatro años después, Jacqueline Dimier, primera diseñadora interna de Audemars Piguet, reinterpretó el modelo para mujer ajustando sus proporciones y reforzando el protagonismo de sus superficies. A partir de ahí, fue convirtiéndose en un lenguaje propio capaz de adoptar materiales, tamaños y estilos diferentes.

Parte de su atractivo estaba en el tratamiento del metal. La alternancia de superficies satinadas y achaflanadas permitía que el acero jugara con la luz casi como si se tratase de una piedra preciosa. Un detalle que explica por qué este salto resulta menos extraño de lo que podría parecer.

Con Royal Oak Joaillerie, esa arquitectura se exagera y se transforma. Los eslabones se convierten en los protagonistas absolutos de cada pieza.

Piedras preciosas

Para construir este nuevo universo, Audemars Piguet ha vuelto la mirada hacia el lugar en el que nació la manufactura: La Vallée de Joux, en el Jura suizo.

Sus paisajes, cielos nocturnos, lagos helados y vegetación aparecen reinterpretados en Dream of Joux mediante combinaciones de color y engastes que trasladan la naturaleza a la Alta Joyería.

La línea reúne brazaletes de oro blanco, amarillo y rosa de 18 quilates decorados con diamantes, zafiros, espesartinas, turmalinas, amatistas, tsavoritas y topacios. Azules intensos, verdes, rosas y tonalidades cálidas se mezclan para construir pequeñas escenas sobre los eslabones del Royal Oak.

Entre las piezas aparece, por ejemplo, una inspirada en un lago helado, formado por diamantes, tsavoritas, zafiros azules y topacios dispuestos para imitar las formaciones del hielo. Otro, denominado Tree of Life, dibuja un árbol mediante zafiros de color coñac y diferentes tonalidades de tsavoritas sobre oro rosa.

También hay espacio para motivos más delicados. El modelo Blueberries reproduce una rama de arándanos mediante hilos de oro amarillo, diamantes con forma de hoja y cabujones de amatista y espinela negra, mientras que Edelweiss convierte la flor alpina en una composición realizada con diamantes blancos y amarillos y zafiros.

Brazalete con detalles azules. Cedida

Eclipse entre esmeraldas

Más oscura y arquitectónica es Risoud Eclipse, concebida como una evocación del bosque de Risoud bajo un cielo nocturno.

El collar y el brazalete combinan titanio ennegrecido y oro blanco con grandes esmeraldas talla sugarloaf, rodeadas de pequeños diamantes. Las superficies satinadas y achaflanadas vuelven a aparecer para amplificar el reflejo de las piedras y mantener ese juego con la luz que ha acompañado históricamente al Royal Oak.

El primero incorpora cinco esmeraldas centrales que suman alrededor de 16,5 quilates, mientras que el segundo utiliza tres que alcanzan aproximadamente los 12. Ambos conservan además el cierre octogonal inspirado en el propio reloj.

Dream of Joux lleva el brillo todavía más lejos en un collar tipo corbata realizado en titanio azul y oro blanco. La pieza reúne 42 diamantes talla pera de 1,5 quilates, además de otros de mayor tamaño y más de 1.600 zafiros azules.

Un collar para ocasiones especiales. Cedida

Oro recubierto

La colección se completa con la serie Frosted Gold, disponible en oro blanco, rosa y amarillo de 18 quilates.

Su acabado parte de una antigua técnica florentina que Audemars Piguet desarrolló junto a la diseñadora de joyas Carolina Bucci en 2016. El metal se martillea mediante una herramienta con punta de diamante hasta conseguir una superficie que parece cubierta por un fino polvo brillante.

No es, sin embargo, la primera incursión de Audemars Piguet en este terreno. La manufactura lleva desde el siglo XIX trabajando con técnicas de joyería y ha colaborado históricamente con casas como Tiffany, Cartier, Oscar Heyman o Bulgari.

En 1929 llegó incluso a crear el movimiento más pequeño producido hasta entonces por la firma para un reloj Tutti Frutti engastado con diamantes, esmeraldas, rubíes y zafiros.

Una pieza para llevar siempre. Cedida

Royal Oak Joaillerie recoge ahora ese legado y lo traslada a un lenguaje contemporáneo. Ahora, para ser reconocible le basta con su geometría, la luz y un puñado de piedras preciosas para contar una nueva historia.