Desde el pasado 14 de agosto, una estrella diferente brilla en el firmamento de las mujeres que crearon su propio universo, que habitaron el mundo terrenal con un pie en lo sobrenatural. Yayoi Kusama nos dejaba a los 97 años ese día, aunque su muerte ha sido comunicada oficialmente casi dos semanas más tarde.
El arte, la moda y el diseño pierden a una de sus figuras más revolucionarias que se ha ido en silencio, como vivió. Recluida durante más de 40 años en un psiquiátrico por decisión propia, la artista japonesa siempre estuvo presente a través de sus obras. Ahora sus hipnóticos lunares y sus formas coloridas ya son eternos.
El pasado mes de abril, el tercer Bookazine de Magas le rendía homenaje llevándola a su portada. En sus declaraciones exclusivas para este medio reflexionaba sobre el pasado y el futuro.
"Habiendo cultivado una postura propia ante la vida y consciente de que el tiempo que me queda es cada vez más corto, sigo buscando constantemente algo nuevo, buscando con urgencia alcanzar nuevas cotas en el ámbito del arte", declaraba .
Hoy, el mundo artístico en todas sus versiones llora su muerte. También la moda... Aunque quizá su trabajo más conocido fue sus ya míticas colaboraciones con Louis Vuitton, su legado va más allá. Para ella, era una extensión artística de su talento.
Arte global
"Me he hecho mi propia ropa desde que era una adolescente. Y en los años 60 tuve una empresa. En aquel momento, la moda y el arte eran disciplinas totalmente separadas, aunque yo nunca hice una distinción entre ellas. Además, así pude explorar nuevos horizontes", contaba hace unos años.
Yayoi nació en el seno de una familia acomodada y estudió arte en Japón. Su traslado a Nueva York, en 1957, cuando tenía 28 años, hizo que entrara en contacto con la escena avant-garde y empezó a destacar por la creación de diseños trasgresores para la época.
Lunares, aberturas, transparencias, cortes desestructurados... Una auténtica revolución textil de los cánones estéticos establecidos.
Sus prendas eran una extensión de sus obras y llegó a comercializar sus diseños a través de la empresa Kusama Fashion Company Ltd., que fundó en 1968. En los 60 transformó la ropa en una experiencia visual aportando elementos tridimensionales, colores intensos, superficies reflectantes, formas orgánicas...
Moda y arte quedaban unidos inevitablemente, de la obra a la ropa y los complementos como un todo. De aquella época datan las famosas Infinity Nets, pinturas formadas por pequeños bucles repetidos una y otra vez, que trasladó a los estampados de sus prendas aportando un movimiento fascinante.
Kusama, pintando uno de sus patrones infinitos.
Pese a poner su particular punto de vista a unos años donde las tendencias bailaban entre los aires hippies, la psicodelia y el pop art, la estancia de Kusama en la Gran Manzana no fue fácil. "Vivía en la pobreza, ni siquiera tenía dinero para alimentarme", recordaba en una entrevista.
En 1973 regresó a su país natal e ingresó en un hospital psiquiátrico por voluntad propia.
Salud mental y creación
Desde niña experimentó una percepción distinta de la realidad, alterada... Y no lo ocultó en unos tiempos en que los problemas mentales eran casi un tabú.
En una entrevista de El Cultural confesaba: "Empecé a pintar a los diez años, cuando aparecieron las primeras alucinaciones, aunque no queda nada de esos cientos de dibujos. Mi madre, que odiaba que pintara, destruía todo lo que hacía. Era muy violenta, una mujer de negocios muy astuta y siempre ocupada con su trabajo".
También manifestaba que, a través de esas calabazas de lunares, esos patrones infinitos y esos puntos que hoy son iconos, trataba de escapar de esas visiones que la atormentaban.
Usaba el término 'autoaniquilación' para describir cómo a través de esa sucesión de puntos y formas el individuo perdía sus límites y se fundía con el entorno.
Internada en un centro de salud mental desde 1977, su producción artística nunca paró e incluso se lanzó como escritora. "Tengo muchos fans de mis novelas", decía en la citada entrevista.
Una instalación con una Yayoi gigante colocando lunares cubrió la tienda de Vuitton en París en 2023.
Y llegó Vuitton
Volviendo a Yayoi y la moda, no hay duda de que esta simbiosis adquirió otra dimensión en 2012 con su primera gran colaboración con Vuitton. El responsable fue Marc Jacobs, entonces director creativo de la maison, que conoció a la artista en su estudio de Tokio en 2006.
Se presentaba como un gran seguidor de su trabajo, pues es un gran coleccionista de arte, y quedó fascinado con su personalidad además de por su irreverente talento.
La idea de trabajar juntos no apareció de repente, aunque quizá fuera imaginada previamente en las fantasías de Kusama. Ella misma le enseñó un bolso de la firma customizado con sus lunares. Todo conectaba... ese estampado era también uno de los preferidos del diseñador. Aun así, hubo que esperar unos años para que la ansiada unión se produjera.
Primero la Casa patrocinó la gran exposición retrospectiva de la artista que viajó por todo el mundo y en ese contexto Yves Carcelle, presidente de la compañía, pensó en la necesidad de trabajar con ella. Y se produjo una verdadera revolución.
Según explicó Vuitton en su comunicado de prensa, Jacobs y Yayoi partieron de la inspiración de la "obsesión y la serialidad" para cubrir de puntos los zapatos, bolsos, prendas, gafas de sol, etc., de la colección.
No sólo eso, también cubrían la fachada de su tienda insignia en la Quinta Avenida de Manhattan, rindiendo homenaje a tres motivos: "El comienzo del universo", "Flores que florecen eternamente en mi mente" y "Autodestrucción".
La segunda colaboración de la artista japonesa con la firma se produjo 10 años después y fue más allá, reinterpretando los códigos clásicos de la Casa.
Calabazas, rostros surrealistas, flores psicodélicas... todo ello mezclado con el logo Monogram. Se presentó en mayo de 2022 durante el desfile Crucero 2023 y el lanzamiento internacional fue el 6 de enero de ese citado año: el mejor regalo de Reyes. Entonces, Nicolas Ghesquière era director creativo de la línea femenina; Jacobs había abandonado la firma en 2014.
Desde el 14 de agosto, todos aquellos diseños se han convertido en un preciado objeto de coleccionista. La maison se ha despedido de ella con varias imágenes en sus redes sociales y este texto: "Louis Vuitton rinde homenaje a la artista japonesa Yayoi Kusama, icono de la vanguardia y el arte contemporáneo, cuyas colaboraciones con la Maison en 2012 y 2023 marcan un intercambio trascendente entre sus respectivos universos creativos, que perdura como fuente de inspiración infinita".
Quizá la mejor manera de entender el legado de Yayoi Kusama sea regresar a su universo interno: "Lucho contra el dolor, la ansiedad y el miedo cada día, y el único método que he encontrado para aliviar mi enfermedad es seguir creando arte. Seguí el hilo del arte y, de alguna manera, descubrí un camino que me permitía vivir".
Ahora vive eternamente en su universo de puntos infinitos.
