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¿Recuerdan a Audrey Hepburn en Sabrina? Acaba de aterrizar de París. Sofisticada y con un aire renovado. Lleva un tocado y un dos piezas. Una chaqueta sobria y una falda por debajo de la rodilla. Un par de maletas a cada lado. Sí, acaba de bajarse del avión, no se ha cambiado por el camino.

No era la primera vez que la actriz era dirigida por Billy Wilder. Un año antes había rodado con el director Vacaciones en Roma. Probablemente la Princesa Anna se bajó del transporte con un atuendo similar. Otros tiempos.

En los años 50, en los 60, incluso los 70… Viajar era algo de las élites. Era un lujo. No era una ocasión mundana, como en la actualidad, donde se rifan las ofertas de viajes. Viajar era para unos pocos y aunque el vestir bien era una preocupación global, el hacerlo en avión era más sofisticado.

Se me viene a la cabeza Jackie Kennedy bajando de cualquier aeronave, con un elegantísimo casquete. El llevar tacón, en la actualidad, sólo es para primeras damas, políticas o la Familia Real.

Y no, no hay que subirse a unos cuantos centímetros para coger el vuelo de Iberia o Air Europa —en cualquier aerolínea de bajo coste se da por descontado—, pero se respira una nostalgia en redes sociales por esa elegancia que fue y ya no se encuentra.

Kate Moss en el aeropuerto de Venecia junto a Jordan Barrett. Gtres

Las compañías prefieren no dar opiniones sobre sus pasajeros, pero seguro que se han encontrado con algún altercado estilístico entre las filas de sus aviones. Porque hay gente que viaja hasta en pijama.

La revista femenina independiente Unfash es uno de los medios que más ha gritado ese alegato en redes: bring back airport dressing (traigamos de vuelta la elegancia en el aeropuerto).

"El aeropuerto solía tener dos pasarelas: una para las aviones y otra para todo lo demás. Volar venía acompañado de un sentido de ocasión. La gente viajaba con chaquetas a medida, mocasines pulidos, camisas impecables… No porque hubiera un código de vestimenta, sino porque el viaje en sí merecía que había que vestirse bien", comentan.

¿Por qué esa mirada al pasado? La modelo y estilista Mayte de la Iglesia tiene su propia reflexión: "Como bien dices, la gente añora cómo se viajaba antaño porque te vestías de una manera más especial".

"Actualmente se aboga por la comodidad y el 'no me importa un carajo cómo voy vestido'. Es sorprendente porque creo que se puede volar, o se puede viajar en tren o en barco, en autobús, en lo que desees… Yendo medianamente bien vestido", añade.

Silvia Serrano, prescriptora de moda y la persona detrás del perfil @camillebys_, con más de 360 mil seguidores en Instagram, defiende lo mismo en su mirada al pasado:

"Antes ir en avión era un privilegio reservado para unos pocos. Comprar un billete no estaba al alcance de cualquiera y, quizá, por eso, se vivía como una ocasión especial. Se elegía la ropa con mimo, igual que se hacía para ir al teatro o a un buen restaurante. Había cierta ilusión por el viaje y eso también se reflejaba en la forma de vestir".

"Hoy, afortunadamente, volar se ha democratizado. Las compañías de bajo coste han hecho que viajar sea mucho más accesible y eso es, sin duda, una buena noticia. Sin embargo, al mismo tiempo también ha cambiado la forma en la que entendemos el acto", destaca Serrano.

Cindy Crawford en el aeropuerto de LAX con un look invernal y minimalista. Gtres

"La comodidad ha pasado a ser la prioridad absoluta y, en muchos casos, el estilo ha quedado completamente en un segundo plano. Es una pena", continua reflexionando para Magas.

De la Iglesia hace alusión a este pensamiento señalando los outfits deportivos que ve en estaciones de tren y puertas de embarque, incluso a los atuendos que parecen pijamas. No sólo eso, también habla con preocupación del estado en el que está la ropa con la que se visten.

"No sé si van a viajar o vienen de una clase de yoga, con ese top de deporte y esos shorts. Entiendo que en verano hace mucho calor, pero para mí hay una diferencia abismal entre ir medianamente correcto y apropiado y el ir con cualquier cosa", afirma con rotundidad. ¿Es un problema de moda o de educación?

Unfash explica: "En algún momento del camino el estilo de aeropuerto se convirtió en algo secundario. El confort tomó el control y el ritual reposo de vestirse para un vuelo fue desapareciendo poco a poco", cuentan.

"Tal el vez el business casual no sea sólo una cuestión de nostalgia. Tal vez resulte un recordatorio de que el estilo no tiene por qué detenerse en el momento en que sales de casa", indican.

Sharon Stone, Jane Birkin y su cesta, Angelina Jolie o las tops de los 90 son algunos ejemplos de cómo sí se debe vestir. Incluso Rod Stewart.

Las formas

La elegancia no sólo está en la camisa planchada que elegimos para viajar. O en la elección de una prenda en buen estado.

La escritora Milena Busquets, que acaba de publicar Mujeres elegantes (Lumen, 2026), hace para Magas una pequeña reflexión, aunque eso sí, deja claro que no le gusta nada viajar en avión. En concreto, nos da claves de cómo ella viste para estas ocasiones.

"En cuanto a los otros medios de transporte, que sí utilizo, yo voy siempre igual", comenta. ¿Quizá una camisa azul, como solemos verla? "Tal vez un pañuelo en el bolso, por si el aire acondicionado está muy alto; uno o dos libros siempre, agua, bálsamo labial, agenda, bolígrafo…", añade.

"También un bolso espacioso, bailarinas —sandalias no, por el frío—, una colonia o un perfume en bote pequeño…", dice. Esa sofisticación no sólo está en la manera de vestir. La escritora es el mejor ejemplo de que se encuentra también en las formas.

Victoria Beckham en el aeropuerto de LAX de Los Ángeles en 2012. Gtres

Pero, ¿cuáles son los límites en la vestimenta? ¿Deberían existir? ¿Es un problema de generación? Seguimos preguntando a la modelo y estilista Mayte de la Iglesia, que hace alusión a esa nostalgia millennial que también ha tocado a la cultura.

"Dicen que es muy generacional que nos preocupe cómo vestimos nosotros o terceros frente al hecho de que a la Gen Z no les importe en absoluto. Yo, que pertenezco a la prehistoria, defiendo que vestir con intencionalidad, sea para viajar, o trabajar, es esencial", expresa.

Aquí la clave de la estilista. No hay distinción entre ambos lugares. El decoro, según ella, se debe palpar en cualquier sitio, incluida la maleta. "Además, no me creo en absoluto que luego esa misma gente que viaja de manera desaliñada lo haga del mismo modo en otro ambientes", cuenta.

¿Su reflexión? "Un poquito de amor aplicado a este momento y así hacerlo con estilo".

El escritor Javier Aznar, hace un par de años, hablaba en X de esta nostalgia de la elegancia aeroportuaria: "Mi imperio romano son los looks de aeropuerto de los 90".

Kate Moss con unos Levi’s 501, camiseta blanca de algodón, botines y un abrigo de terciopelo. Cindy Crawford, con un total look en negro; Julia Roberts con vaqueros rectos, americana y deportivas blancas…

O David Bowie con un abrigo Barbour, e Iman, agarrada a su brazo, con una americana azul y debajo un estampado de rayas. La elegancia no forzada de esa década es buena fuente de inspiración.

Imperaban las americanas oversize, como algún look de Meg Ryan; los pantalones de pinzas, las camisetas y camisas blancas, las chaquetas de piel en color negro —siempre un toque rock, que estamos hablando de celebrities—, incluso gafas de estilo minimalista.

No eran estilismos especiales para viajar. Era la misma ropa que podrían utilizar para tomar un café con amigos. Sin miedo a los paparazzi. Siempre correctos y elegantes. Que Carolyn Bessette no sólo sirva para saber cómo ir vestida a la oficina.

La elegancia no se debate

¿Se puede ser sofisticado e ir cómodo? He preguntado en la plataforma Substack, donde tengo mi newsletter, El Guateque, acerca de esta reflexión.

El resultado ha sido sorprendente: un 38% de los votantes aseguran que son del equipo algodón en sudaderas y pantalones mientras sólo un 63% aboga por la elegancia.

Andrea Rey, que trabaja en aviación, ha dado su opinión: "Entiendo la comodidad necesaria en vuelos de 17 horas o si vas a viajar a Japón pero… ¿Cuál es la que necesitamos para ir en un Barcelona-Mahón de media hora? Ninguna; lo mismo que cualquier día cogiendo un metro".

Alexa Chung camino a uno de los aeropuertos de Londres en 2011. Gtres

Una reflexión que seguro es compartida por más personas que trabajan de cara al público en las alturas.

"Creo que comodidad y elegancia no están reñidas. No hay que elegir bando, sólo hay que tener un poco más de decoro en el transporte colectivo. Hemos llegado al extremo: pasajeros pintándose las uñas, depilándose las cejas, con la mascarilla puesta, con los rulos… Al destino se llega en perfectas condiciones, pero por el camino…", relata.

Andrea abre debate: ¿Por qué abrimos la puerta de nuestro baño en cabina y no la de nuestro armario?

Marta D. Riezu, en su libro Agua y jabón, apuntes sobre elegancia involuntaria, reflexiona acerca del concepto de elegancia al que también nos referimos: "Ser elegante no tiene tanto que ver con el contenido del armario como con la sensatez, la buena educación y una mirada generosa al mundo".

El auxiliar de vuelo y nuestra madre se merecen el mismo respeto: "Se puede ir a comprar el pan y al juzgado con la misma ropa porque la panadera y la jueza merecen la misma consideración", poco más que añadir.

Mayte de la Iglesia, habituada a viajar mucho por su condición de modelo, tiene sus claves: "Todos tenemos pequeños trucos para hacer maletas más inteligentes, en las que podemos reaprovechar lo que llevamos", explica.

"Eso también lo deberíamos aplicar a lo que escogemos cuando emprendemos el trayecto. Un truco que siempre me es muy útil es escoger un dos piezas; un traje de chaqueta holgado o prendas que sean confortables y que luego, en el destino, vayan a tener multitud de usos". Imposible ir mal así.

Hace un año reclamé ya una vuelta al saber estar estilístico en los aviones y Andrea, nuestra auxiliar de vuelo, añadía una lista de imprescindibles para viajar, similares a los de la escritora Milena Busquets: "El pañuelo es siempre el acompañamiento perfecto, porque el termostato de los pilotos no es siempre el mismo que el nuestro".

Además, aporta también un plus de sofisticación al look. En verano un conjunto de lino es perfecto. Ya lo dijo Adolfo Domínguez: la arruga es bella.

Nada de leggings y prendas ceñidas, nada de sudaderas antiguas que utilizamos para dormir. Prendas mal planchadas o en mal estado. Adiós a los pijamas o piezas de estar por casa. Se puede llevar una sudadera encima de una camisa amplia y hay multitud de propuestas en firmas como Uniqlo, con pantalones holgados de algodón.

Penélope Cruz en el aeropuerto de Toronto en 2015. Gtres

Igualmente, un pañuelo abriga y aporta… Y siempre podemos mejorar nuestro aspecto si nos peinamos, utilizamos un perfume agradable o nos echamos la crema hidratante de los baños de turista de Emirates. Esos son los pequeños gestos que nos convierten en un pasajero admirable.

La prescriptora de moda Silvia Serrano tira de las orejas a los viajeros: "Creo que se puede encontrar un equilibrio entre comodidad y estilo y, por supuesto, respeto y educación a los demás… Guardar un poco las formas".

También defiende sus claves para vestir bien en la cola de embarque: "Un conjunto de punto, un pantalón fluido, un jersey bonito o unas zapatillas cumplen la misma función sin renunciar del todo a la imagen". Hay multitud de firmas para inspirarse: Sporty & Rich, Massimo Dutti, Adolfo Domínguez…

Está claro que el ponernos una sudadera manchada o un moño deshecho, como si acabáramos de despertarnos, da que pensar.

"No se trata de juzgar cómo viste cada uno, sino de reflexionar sobre cómo ha cambiado nuestra forma de viajar", defiende Serrano. "Creo que hemos llegado a un punto de confundir confort con descuido de formas". Ahí reside la clave.

En esa newsletter de agosto dejaba este apunte que vuelvo a recoger: "He leído por ahí una frase de Christian Dior que dice 'la elegancia es un equilibrio entre sencillez, pulcritud, espontaneidad y distinción'. Seamos limpios, distinguidos y elegantes la próxima vez que cojamos un transporte".

Una última reflexión de la auxiliar de vuelo Andrea Rey: "Gracias a las personas que venís bien vestidas a los aviones. No sabéis el honor que se siente al daros los buenos días". Da que pensar.