Hay un bolso de Loewe en Vestiaire Collective que lleva años viviendo varias vidas. Pasó de una dueña en Madrid a otra en Barcelona. Otra vida, otro espejo. Está en mejor estado que muchos que hay en los escaparates y cuesta la mitad que cuando era nuevo.
No es una metáfora: ha pasado por distintas manos, ciudades y armarios que ya no le pertenecen. Y sin embargo sigue ahí, intacto. Ahí está la clave de lo que está pasando con la moda.
Durante años, ir de shopping fue una forma de detener el tiempo con un gesto íntimo, casi ritual. Era elegir algo, pagarlo, guardarlo. Como si poseerlo significara fijar una nueva versión de ti mismo.
Pero nuestros armarios han empezado a comportarse de otra manera: ahora se compra sabiendo que vas a vender, y se vende sabiendo que vas a volver a comprar. Lo que antes era acumulación ahora es circulación. Y en ella hay algo casi antiguo, como de mercado de pueblo, pero digitalizado: objetos que pasan de mano en mano.
En España, ese circuito ya no es pequeño, sino que se ha convertido en una gran estructura. Según la 'Radiografía del Mercado de la Segunda Mano 2024' de Milanuncios, la práctica mueve más de 8.500 millones de euros anuales, con más de 14,4 millones de anuncios activos y decenas de miles de nuevas publicaciones cada día.
Lógica de mercado
Antes, la pregunta era sencilla, '¿Me gusta esto?'. Ahora hay otra: '¿Qué pasará cuando esto deje de gustarme?'. El consumo ya no termina en el momento en que se paga. Empieza ahí como si cada objeto de compra viniera con una vida posterior incorporada.
Hace apenas una década, vender ropa usada todavía tenía algo de secreto vergonzante. Hoy, según el mismo estudio, alrededor del 74% de los españoles ha recurrido al mercado de segunda mano en los últimos cinco años. Entre millennials, la cifra sube aún más. La clave es el cambio de mentalidad.
El consumo ya no termina en la compra. Empieza ahí. El Observatorio Cetelem 2024 señala que el 64% de los compradores —que están entre los 35 y 44 años— utiliza plataformas de compraventa entre particulares.
No son impulsivos ni buscadores de gangas desesperadas, sino perfiles que ya incorporan la reventa como parte del ciclo natural del producto. Comprar implica pensar en la salida.
Las motivaciones también han cambiado: el ahorro sigue liderando (64%), pero ya no está solo. La conciencia medioambiental aparece en un 46% de los casos, y la búsqueda de piezas únicas en un 25%.
Tres capas de decisión: economía, ética y deseo. Tiene también bastante carga emocional, lo que antes fue usado hoy es otra cosa: algo que ha tenido una vida.
El lujo aprende a circular
El mercado global de lujo de segunda mano alcanzó unos 28.000 millones de dólares en 2024 y podría superar los 51.000 millones en 2033, con un crecimiento anual estimado del 6,5%, según Strategic Revenue Insights. Dentro de ese universo, los bolsos representan entre el 15% y el 20% del total. No es un nicho, sino una columna vertebral.
En julio de 2025, Sotheby’s subastó el primer diseño personal de Jane Birkin por siete millones de euros, que acabaron siendo 8,6 millones con comisiones. Nueve compradores pujando por un objeto usado, marcado y vivido. Esa es la lógica extrema del lujo contemporáneo. El objeto más imperfecto puede ser el más valioso.
Sotheby's subastó primer diseño personal de Jane Birkin por siete millones de euros en 2025.
El caso de este accesorio icónico de Hermès es casi un manual de economía alternativa. Un estudio de Baghunter (2016) comparó su rentabilidad con el oro y el S&P 500: los Birkin habrían ofrecido un retorno medio anual del 14,2%, frente al 8,65% del índice bursátil y el 1,9% del oro. No es sólo moda, es activo.
Y lo más interesante: no se devalúa con el uso, sino que a veces se revaloriza con él.
El nuevo deseo
El fenómeno se extiende más allá de la citada firma. El Chanel 2.55 ha aumentado su valor alrededor del 60% en cinco años. El Fendi Baguette mantiene incluso una revalorización superior al 100% en algunos mercados. Chanel, Fendi y Dior se mueven ya en un ecosistema donde el precio no es fijo, el valor depende del recorrido.
Vestiaire Collective, que ha crecido de forma constante en los últimos años, impulsada por una oferta cada vez mayor de piezas vintage y por un cambio profundo en la mentalidad del consumidor: registró en el último año un crecimiento del 25% en ventas, con un aumento acumulado del 220% en oferta de este tipo desde 2020. El lujo de segunda mano crece mientras el tradicional se desacelera en Europa.
Y hay un dato que lo resume todo: el 54% de los consumidores españoles de lujo compraría artículos usados si están certificados por la marca.
Mercadillo como laboratorio
En Barcelona, eventos como el Gran Flea o el Jaleo Village funcionan como termómetros culturales. No son sólo mercadillos, son espacios donde la ropa vuelve a tener conversación.
Una gabardina de Burberry no es solo una gabardina, sino una historia que cambia de voz y de dueño y también una pieza de ropa a la que ahora pueden tener acceso otros compradores que de otra manera no se podrían permitir pagar su precio original.
Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla lideran la actividad de segunda mano en España según Milanuncios. Y lo interesante no es tanto el volumen como la forma: grupos de Telegram, intercambios entre amigas, ventas por Instagram... Economía circular sin manual de instrucciones. Solamente improvisación y práctica.
Carlota Casiraghi, con un bolso de Chanel.
Propiedad en tránsito
Hay algo casi filosófico y también un poco incómodo en lo que está pasando. Durante décadas, la moda se entendió como acumulación. Comprar, guardar, olvidar. El armario como archivo sentimental donde la ropa iba perdiendo voz. Pero ahora el consumo contemporáneo ya no termina cuando pagas.
Según distintos estudios del sector, alrededor del 46% de los compradores ya piensa en el valor de reventa antes de la adquisición. Y no es exclusivo de coleccionistas: es la nueva cultura de consumo. El 62% de la generación Z y millennials declara que busca primero artículos de segunda mano antes de ir al retail.
El gesto es casi automático: abrir el mercado circular antes que el escaparate. Como si lo nuevo hubiera dejado de ser la primera opción por defecto. Las marcas lo saben y reaccionan. Algunas con programas de recompra. Otras con plataformas propias. Balenciaga, H&M o Decathlon han explorado ya esos sistemas.
Lujo sin lista de espera
Hay una paradoja interesante: la segunda mano ha democratizado el lujo sin desactivarlo. Un bolso Dior Saddle vendido en Vestiaire Collective puede desaparecer en menos de dos minutos. Un abrigo de The Row puede cambiar de dueño en menos de cinco. El acceso es más rápido que en boutique. El deseo se ha acelerado. Y mientras tanto, el lujo silencioso crece en reventa: Miu Miu, Maison Margiela, Loewe o Vivienne Westwood dominan búsquedas y rotación en plataformas digitales.
España, además, es un mercado especialmente dinámico: el EY Luxury Client Index 2025 indica que el 88% de los consumidores de lujo planea seguir comprando moda prémium en el corto plazo y el 64% aumentará su presupuesto. Es decir: más consumo, pero distinto. Más circular. Más consciente del recorrido del objeto.
Un final abierto
Hubo un tiempo en que comprar algo usado requería explicación. Ahora requiere criterio. El estigma ha desaparecido. Este sector en España supera ya los 8.500 millones de euros y crece mientras el lujo tradicional se enfría.
Ese bolso de Loewe —el que empezó esta historia— seguirá circulando. Madrid, Barcelona, quizá otra ciudad después. Cada nueva dueña no lo poseerá del todo: lo alquilará al tiempo. Y cuando lo venda, no será una pérdida. Quizá esa sea la idea más importante de todas: la propiedad ha dejado de ser un punto final.
