Matéo Dutfoy
Publicada

Entre herencia sartorial y ruptura conceptual, la London Fashion Week 2026-2027 ha vuelto a demostrar por qué la capital británica es sinónimo de riesgo, narrativa y construcción de identidad.

Aquí, la moda no se limita a vestir: argumenta, provoca y reformula códigos clásicos.

En una temporada marcada por la inestabilidad global y el deseo de expresión individual, las colecciones han oscilado entre el romanticismo, la sastrería y una exploración textil. El resultado: cinco grandes tendencias que dibujan el invierno 2026 desde Londres hacia el mundo.

Romanticismo oscuro

Encajes negros, terciopelos profundos y transparencias estratégicas trazan una de las narrativas más contundentes de la temporada.

La estética gótica se suaviza y se vuelve sofisticada: no es disfraz sino emoción estructurada. Las siluetas evocan referencias victorianas, pero actualizadas con cortes más limpios y proporciones contemporáneas.

Las flores se tornan dramáticas, casi pictóricas, y los bordados adquieren un carácter precioso sin caer en lo ornamental excesivo. Cada detalle parece pensado para construir una feminidad intensa, introspectiva y consciente.

Abrigos de Burberry. Isabel Infantes Efe

En Burberry, el abrigo vuelve a erigirse como pieza manifiesto: estructurado, envolvente y poético, capaz de condensar todo el relato en una sola prenda.

Por su parte, Erdem apuesta por un romanticismo narrativo, donde los encajes delicados y los estampados florales sombríos construyen siluetas elegantes cargadas de memoria y sofisticación contemporánea.

Romantismo desde Erdem. Instagram

En cambio, Richard Quinn lleva la teatralidad al extremo con volúmenes dramáticos, flores de alto contraste y un uso audaz del negro que transforma cada salida en una declaración visual contundente.

La teatralidad de Richard Quinn. Instagram

El maquillaje acompaña la narrativa: acabado difuminado, piel casi etérea y labios en tonos burdeos o ciruela que aportan profundidad sin endurecer las facciones.

Más que una tendencia, el romanticismo oscuro en Londres se presenta como una declaración estética: sentir también es una forma de poder.

Los trajes mutan

El sartorial abandona la rigidez sin perder autoridad. Esta temporada, los blazers oversize con hombros marcados conviven con pantalones fluidos de tiro bajo, dibujando una silueta relajada pero firme. Las chaquetas asimétricas y las camisas ligeramente abiertas introducen una tensión sutil entre estructura y movimiento.

La paleta subraya esa sofisticación contenida: gris acero, marrón chocolate y azul marino intenso sustituyen al negro absoluto y aportan profundidad sin dramatismo.

Roksanda Ilinčić aporta una visión arquitectónica del traje, con estructuras limpias y un trabajo del volumen que redefine la elegancia contemporánea.

Roksanda Ilinčić con blazers asimétricos. Instagram

Por su parte, Emilia Wickstead interpreta la sastrería desde la precisión y la pureza de líneas, apostando por siluetas pulidas y colores profundos que proyectan seguridad sin excesos.

La sastrería de Emilia Wickstead. Instagram

El resultado encaja con un ángulo claro: el 'poder suave'. Una feminidad que se afirma sin rigidez, que proyecta autoridad desde la fluidez y redefine el traje como herramienta de expresión, no de imposición.

Laboratorio textil

Superposiciones, efectos plastificados y tejidos técnicos marcan una de las líneas más experimentales de la temporada. La pasarela londinense explora el contraste entre lo etéreo y lo estructural: lana combinada con organza, cuero dialogando con materiales sintéticos y acabados casi industriales.

Las siluetas se vuelven modulables, pensadas para transformarse mediante capas desmontables o construcciones que permiten distintas lecturas según el movimiento. La prenda ya no es fija: evoluciona con el cuerpo.

En Simone Rocha, las capas translúcidas envuelven el cuerpo con una delicadeza estructurada que combina tradición artesanal y volumen contemporáneo.

Las capas translúcidas de Simone Rocha. Instagram

En Burberry, los contrastes matéricos construyen una narrativa visual donde tradición y modernidad se encuentran desde una perspectiva más dinámica.

Burberry y sus contrastes matéricos. Isabel Infantes

También Richard Quinn intensifica el impacto visual mediante texturas escultóricas y superficies que transforman la silueta en una construcción casi arquitectónica.

Richard Quinn y sus texturas escultóricas. Instagram

Londres reafirma así su papel como laboratorio textil de Europa: un espacio donde el legado del tailoring británico convive con una experimentación futurista que anticipa la moda del mañana.

Paleta emocional

El negro no desaparece, pero se difumina. En su lugar, la London Fashion Week abraza tonos más envolventes, densos y emocionalmente sofisticados: burdeos profundo, marrón chocolate y azul noche dominan la narrativa cromática del invierno 2026.

El burdeos encuentra una interpretación poderosa en Burberry, donde el color aporta dramatismo elegante a abrigos estructurados y siluetas de gran presencia.

Burdeos de Burberry. Instagram

El marrón chocolate se afirma como alternativa refinada al negro en las propuestas depuradas de Emilia Wickstead, aportando calidez y sobriedad contemporánea.

Chocolate de Emilia Wickstead. Instagram

Por su parte, el azul noche adquiere una dimensión teatral en Richard Quinn, donde el tono intensifica el impacto visual sin perder sofisticación.

Azul de Richard Quinn. Instagram

La capital británica propone así un invierno donde el color no grita: abraza, estructura y deja huella.

Rojo intenso

Más allá de los tonos profundos que envuelven la temporada, el rojo irrumpe como una declaración rotunda. Saturado, vibrante y absolutamente protagonista.

En Erdem, adquiere una dimensión narrativa, integrado en siluetas románticas y estampados florales que combinan dramatismo y sofisticación histórica.

Richard Quinn lo lleva hacia un terreno más escénico, amplificando volúmenes y reforzando su impacto visual con una teatralidad controlada.

La teatralidad roja de Richard Quinn. Instagram

Si el negro se repliega y los tonos envolventes dominan la base cromática del invierno 2026, el rojo intenso funciona como punto de exclamación. No acompaña: afirma. No suaviza: declara. Londres lo convierte en símbolo de presencia absoluta.

El pulso del invierno 2026

Entre romanticismo oscuro, sastrería en mutación, exploración textil y una paleta emocional que oscila entre la profundidad y la intensidad del rojo, la semana de la moda de Londres confirma que la creatividad británica sigue marcando la agenda global.

La LFW no dicta tendencias de forma literal: propone actitudes. Reformula códigos clásicos, cuestiona estructuras y convierte la emoción en argumento estético.