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Hay piezas que viajan a lo largo del tiempo, dejando una estela de elegancia y tecnología que marca la belleza de lo artesanal a ritmo de tictac. Piezas icónicas que hablan de legado y también de poder femenino.

Esa es la esencia que respira el 70º aniversario de la colección Ladybird de Blancpain, que este 2026 rinde homenaje al Ladybird Bullet de 1956.

Este pequeño reloj tiene una historia íntimamente ligada a una pionera en el sector, Betty Fiechter, la primera mujer al frente de una manufactura suiza. Ella entendió antes que nadie que la alta relojería para ellas podía ser mucho más que una cuestión de estética.

Una historia de mujer

Bajo su liderazgo, Blancpain presentó esta creación que llevó la miniaturización mecánica a un nuevo extremo. Y hablamos de los 50, cuando la población femenina ni siquiera había alcanzado el derecho al voto.

Betty Fiechter, CEO de Blacpain en los años 50. Cedida

Eso sí, eran años de plena explosión del diseño y la moda, con Balenciaga y su vestido Sack, y Eero Saarinen y su Tulip Chair como algunos de los protagonistas.

En este contexto, la CEO de la firma rompía barreras de género y dejaba su impronta en el sector. Betty llevó a la firma a reforzar su presencia internacional y a desarrollar la relojería para ellas con el mismo rigor y precisión que la masculina.

Las mujeres necesitaban que las piezas se adaptaran a su vida, a su personalidad a su manera de entender la belleza. Y encontraron lo que buscaban...

Un milagro técnico

La ambición de Blancpain con el Ladybird Bullet de 1956 era audaz y novedosa: crear no sólo el movimiento mecánico redondo más pequeño del mundo, sino también uno capaz de ofrecer una fiabilidad excepcional.

El resultado fue un auténtico triunfo de la ingeniería. Con un diámetro de apenas 11,85 milímetros, el calibre original combinaba unas dimensiones récord con una notable robustez gracias a dos innovaciones clave.

El Ladybird de 1956. Cedida

La primera consistió en la incorporación de una quinta rueda al tren de engranajes. Mientras que la apuesta convencional cuenta con cuatro, la solución ideada por Fiechter fue añadir una adicional que permitía controlar la fuerza transmitida al escape y reducir las dimensiones generales del calibre.

La segunda fue la integración de un sistema de protección contra impactos para el volante, un elemento que la mayoría de los movimientos de tamaño reducido de la época omitían, comprometiendo así su durabilidad.

Así nació el calibre R52/R55, de cuerda lateral, al que pronto se sumó una variante, el R520/R550, de cuerda posterior. Equipado con una corona de cuerda oculta en el reverso del reloj. Este último liberaba los laterales de la caja y abría nuevas posibilidades creativas para los joyeros.

Ambas propuestas latían a una frecuencia de 3 Hz y estaban compuestas por, aproximadamente, 200 componentes mecanizados individualmente e inspeccionados con una tolerancia de hasta 1/2000 de milímetro.

El volante, descrito en la publicidad de la época como "excepcionalmente pesado", incorporaba 22 tornillos de oro macizo y ofrecía una reserva de marcha superior a las 40 horas.

Presentado en la Feria Suiza de Muestras de Basilea de 1956 como un "milagro técnico", el R52/R55 sigue siendo el movimiento mecánico redondo más pequeño del mundo jamás producido en serie. Su arquitectura conquistó a numerosas casas relojeras, entre ellas Omega y Longines, que lo adoptaron para dar vida a sus propias creaciones.

El icónico reloj, reinventado en una pulsera. Cedida

Aquel hito abrió un nuevo territorio para la imaginación. El Ladybird se convirtió en una suerte de laboratorio donde la alta ingeniería y la joyería podían encontrarse: brazaletes de oro, anillos, colgantes, gemelos y composiciones audaces con oro, coral, piedras ornamentales o diamantes.

La reencarnación contemporánea

Hoy, el nuevo Blancpain Lady B —B de Betty y de bijou, joya en francés— con el que se celebra este 70 aniversario perpetúa el legado de miniaturización mecánica y mira al futuro sin olvidar al pasado. Tradición y avance en una misma pieza.

No se trata de una reedición, sino de una interpretación contemporánea de una idea tan sencilla como audaz nacida en 1956: integrar la alta relojería en un objeto del tamaño de una joya.

La correa del reloj Lady B está disponible en varios tonos. Cedida

Ahora se retoma su concepto fundacional, pero sin reproducir sus líneas. Cada uno se presenta con una correa de piel de becerro de doble vuelta, disponible en siete tonalidades: blanco, moka, burdeos, azul, coral y morado. Está disponible en acero inoxidable y en oro rojo de 18 quilates.

Su arquitectura se ha concebido en torno al calibre automático 615 de Blancpain, cuyas especificaciones técnicas se tuvieron en cuenta desde el inicio del proyecto. La caja esférica, el cristal de zafiro, el realce pulido, la correa pasante integrada en la caja y la estanqueidad fueron desarrollados de forma simultánea para albergar el movimiento en un volumen sin precedentes.

Su originalidad estriba precisamente en que su correa está integrada y atraviesa directamente la caja sin asas ni elementos de fijación visibles. Es una auténtica burbuja mecánica, un objeto escultórico —y discreto— para convertir la muñeca en un escaparate de lujo.

Pequeño pero poderoso

Los grandes tesoros a veces se esconden en lugares pequeños y esto es precisamente lo que sucede con el Blancpain Lady B. Es de talla mini, aunque incorpora 180 componentes, entre ellos 29 rubíes. Sus puentes están decorados con Côtes de Genève, reflejo del cuidado artesanal característico de la Manufactura.

Su tamaño mini es, sin embargo, una obra de precisión mecánica. Cedida

Lo importante no es su tamaño, sino su volumen. Este reloj ha sido concebido en tres dimensiones, con 19 mm de diámetro y 13,2 mm de grosor, cabe en la palma de la mano como un guijarro pulido.

Su forma invita de manera natural a acariciarlo como el objeto de deseo que es. Sostenerlo es una experiencia sensorial en sí misma: bajo los dedos, la masa oscilante cobra vida y una sutil vibración recuerda que en su interior late un corazón mecánico.

Y, pese a parecer tan simple, su caja es una auténtica obra de ingeniería relojera. Fueron necesarios más de 30 planos técnicos para dar forma a esta esfera de apenas 2,9 centímetros cúbicos. Para albergar el movimiento, se construye en dos partes: una sección superior y otra inferior.

El fondo, ligeramente más pequeño que el bisel, permanece invisible cuando el reloj se observa desde arriba. Precisamente, el reto consistió en hacer desaparecer esta arquitectura a la vista, además de lograr un pulido perfecto. Como el original, la correa prescinde de las asas tradicionales y atraviesa directamente la pieza central.

Siete décadas después, el espíritu de Betty Fiechter, que empezó en Blancpain como aprendiz con sólo 16 años y terminó dirigiendo la compañía, se mantiene en esta pieza que lleva su inicial para recordar su legado y convierte la miniaturización en una forma de belleza y la trae al presente.

Una exposición para la historia

Para conmemorar esta efeméride, cerca de una treintena de estas creaciones históricas, conservadas de manera excepcional en los archivos de Blancpain, se reunirán por primera vez en una exposición itinerante dedicada al universo Ladybird.

La caja del reloj de Blacpain. Cedida

En 2026, la muestra viajará a las boutiques y galerías de la firma en las principales capitales del mundo:

  • Nueva York: del 14 al 20 de septiembre.
  • Shanghái (Xintiandi): del 17 al 27 de septiembre.
  • París (Faubourg Saint-Honoré): del 15 al 24 de octubre.
  • Tokio (Omotesando Standby Gallery): del 15 al 25 de octubre.
  • Seúl (Youthquake Building): del 12 al 15 de noviembre.

Una oportunidad única para admirar de cerca 70 años de innovación y elegancia que continuará su viaje con nuevas localizaciones confirmadas para 2027.