Dicen que hay dos elementos fundamentales que sostienen la elegancia a la hora de vestir: los zapatos y los relojes. Estos últimos no solo cumplen la función básica para la que fueron creados —dar la hora—, sino que, dependiendo del modelo, la firma y los materiales empleados, pueden situar a quien los lleva en un determinado estatus social. Las bondades de la comunicación no verbal.
Los relojes, además, pueden ser auténticas joyas. Porque la alta joyería no se limita únicamente a pulseras de platino engastadas con diamantes, zafiros o rubíes, ni a broches históricos rodeados de perlas y brillantes.
Un reloj, por su precisión, su proceso de fabricación, su diseño y el prestigio de su firma, puede alcanzar un precio sencillamente inimaginable. Y es aquí donde entra en escena el Diamonds Hallucination de Graff, considerado el reloj más caro del mundo.
Como curiosidad —y pese a lo que muchos podrían pensar—, el reloj más exclusivo del planeta no es suizo, sino británico. Graff es una firma de alta joyería con sede en Londres y presencia internacional, fundada en 1960 por el joyero Laurence Graff. Se trata de una compañía integrada verticalmente: desde la selección de las piedras preciosas hasta el diseño, la fabricación y la distribución de sus joyas y relojes de altísimo lujo.
Durante más de medio siglo, la Casa ha trabajado con algunos de los diamantes más excepcionales del mundo. “Generaciones de la familia Graff han empleado su pericia y experiencia, seleccionando personalmente cada piedra y supervisando cada etapa de su trayectoria. No se omite ninguna fase. No se toman atajos. Solo importa la perfección”, aseguran desde la firma.
El reloj más caro del mundo no es, evidentemente, un diseño pensado para el común de los mortales, ni mucho menos para cualquier bolsillo. El Diamonds Hallucination fue presentado en 2014 y su nombre no es casual: su precio —55 millones de dólares, alrededor de 47 millones de euros— bien podría provocar auténticas alucinaciones.
La pieza está compuesta por más de 110 quilates de diamantes de colores naturales —azules, rosas, amarillos, verdes y naranjas— tallados en diferentes formas y engastados sobre una pulsera de platino que se integra con la caja, hasta el punto de parecer más una joya que un reloj tradicional.
El mecanismo queda prácticamente oculto: el protagonismo absoluto lo tienen las piedras, muchas de ellas clasificadas como fancy vivid, las más raras y valiosas del mundo. Una pieza única, tan exclusiva como inalcanzable.
Según el perfil oficial de Instagram de la firma, el Diamonds Hallucination fue expuesto en el Doha Exhibition and Convention Centre en 2017. “Descubra las joyas más fabulosas del mundo: Graff presenta fascinantes diseños de joyería y exquisitos relojes en la exclusiva Exposición de Joyería y Relojería de Doha. Entre las piezas que se exhiben se encuentra el Hallucination de 110 quilates, el reloj más caro del mundo”, rezaba el mensaje publicado entonces.
Más allá de su espectacularidad, hay un aspecto clave que conviene subrayar: el valor de estas piezas —especialmente las de alta joyería— tiende a aumentar con el paso del tiempo.
Del mismo modo que ocurre en la moda con un bolso 2.55 de Chanel o con un Birkin o un Kelly de Hermès, cuya historia, solera y estado de conservación influyen directamente en su cotización, un reloj de lujo no deja de ser un objeto que puede revalorizarse con los años.
En este sentido, hay que tenerlo claro: adquirir un reloj de lujo no es solo una cuestión estética o de estatus. En muchos casos, puede convertirse también en una inversión, siempre y cuando el tiempo —y el mercado— jueguen a favor.
