Mucho antes de que las mujeres tuvieran permitido el acceso a la Guardia Civil, una niña de apenas siete años ya desafiaba las normas no escritas de la época en las fichas de su colegio, dejando por escrito con absoluta determinación que de mayor quería ser policía.
Aquella pequeña devoraba las páginas de Los Cinco y las intrigas de Agatha Christie mientras se fabricaba sus propios carnés de detective para investigar de manera minuciosa si en su clase faltaba una simple goma de borrar.
Esa persona era Lucía Llano García, poseedora de un orgullo profundo por formar parte de una familia con lo que ella misma define como "sangre verde".
Su sueño se materializó en 1991, cuando con tan sólo 18 años ingresó en la cuarta promoción femenina de la Benemérita.
Era una institución que, por aquel entonces, aún distaba mucho de estar preparada para recibirlas: se enfrentaron a la ausencia de vestuarios propios, teniendo que cambiarse en baños públicos, y a comentarios que hoy en día evoca con lucidez. Sin embargo, los obstáculos no mellaron su convicción.
Lucía tiene claro que si volviera a nacer, elegiría exactamente el mismo destino porque, tal como afirma de manera categórica, "el valor del honor y de la valentía son sensaciones que forman parte de tu ser".
Diplomada en Educación Social y especialista en el ámbito Fiscal, hoy canaliza toda esa inquebrantable vocación a través de RAGCE (Retirados Asociados de la Guardia Civil de España), la primera asociación de este tipo y, significativamente, la primera liderada por una mujer.
Desde allí, acompaña a los veteranos atrapados en la soledad, ampara al colectivo de viudedad y orfandad y recauda fondos para situaciones de emergencia, demostrando una máxima que repite a menudo: para ser bueno en el oficio, primero hay que ser buena persona.
Una fuerza heredada
Para comprender la inmensa capacidad de resiliencia de Lucía Llano, es necesario mirar hacia sus raíces y, de manera muy especial, hacia las mujeres que forjaron su carácter.
"Los referentes en mi vida han sido mi abuela Esperanza y mi madre Pilar. Ambas afrontaron una existencia especialmente dura, marcada por dificultades que pocas personas habrían logrado superar. Hasta el día de hoy, no he conocido a nadie con una fortaleza comparable", confiesa con orgullo y emoción.
"Han sido, sin duda, el mejor ejemplo de luchadoras y trabajadoras, que lo sacrificaron todo para sacar adelante a sus cuatro hijos y a sus nietos. Lo hicieron solas, sin una figura paterna, en una época tan compleja como la década de los años 70, demostrando una entereza, dignidad y amor inquebrantables".
Lucía Llano, 'Top 100 Honoraria'.
El valor de la vulnerabilidad
A pesar de su imponente trayectoria profesional y de su rol de liderazgo nacional, existe una faceta de su vida cotidiana que transcurre alejada de los focos y de la mirada pública, pero que constituye una parte fundamental de su identidad. Lejos de ocultarla, Lucía siente el deseo y el deber de visibilizarla.
Si pudiera elegir qué arista de sí misma enseñar más al mundo, no duda en poner sobre la mesa la realidad de su salud, buscando "mostrar mi discapacidad física, que forma parte de mi realidad: la de una persona que convive con enfermedades autoinmunes, invalidantes y degenerativas".
Esta circunstancia, lejos de frenarla, se convierte en un motor diario que dota de un significado todavía más profundo a su labor.
"Aun así, cada día es un ejercicio de superación que me impulsa a seguir avanzando en el proyecto de la asociación que dirijo, con compromiso y vocación", explica.
Para Lucía, es vital "que se conozca quién soy en el ámbito personal: en mi familia, donde encuentro mi raíz y mi fortaleza, y en la amistad, donde cultivo la lealtad y el afecto".
Con la perspectiva que otorgan los años, las batallas ganadas y los peajes pagados, la presidenta de RAGCE realiza un valioso ejercicio de introspección al pensar en qué consejo le daría a su 'yo' de hace una década.
"Le diría que persiga sus sueños con valentía, pero sin olvidarse de sí misma. Que la ambición es bonita cuando nace de lo que ama, no de la presión ni del sacrificio constante. Que disfrutar de lo que hace no es un lujo, es el verdadero sentido de todo".
Un camino más humano
"Me gustaría dejar un legado basado en el honor, la lealtad y el servicio, valores que han guiado cada paso de mi vida. Pero, por encima de todo, querría que eso estuviera construido desde el amor, porque creo firmemente que es el verdadero motor del mundo", desgrana con profunda convicción.
Para Lucía Llano, la verdadera trascendencia radica en la empatía y en el impacto real que se genera en el entorno cercano.
"Si pudiera dejar algo en los demás, sería la certeza de haber contribuido, desde mi vocación como Guardia Civil y a través de RAGCE como veterana, a ayudar a quienes lo han necesitado, sintiendo que he sido verdaderamente útil a la sociedad".
