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Encontrar una habitación de alquiler en las grandes ciudades se ha convertido en una auténtica carrera de obstáculos. A los elevados precios y la escasez de oferta se suma otro factor.

Los propietarios que alquilan por habitaciones también eligen a sus inquilinos en función del perfil personal y de convivencia que consideran más adecuado para compartir vivienda.

Es el caso de Alba Aldehuela, propietaria de un piso en Madrid que alquila por habitaciones y en el que también vive. Durante su intervención en Y ahora Sonsoles, explicó los motivos por los que prefiere compartir casa con personas que se encuentren en una etapa vital similar a la suya.

Las declaraciones de esta joven de 26 años suscitaron debate, especialmente al reconocer que intenta evitar determinados perfiles, entre ellos el de las personas jubiladas.

La propietaria justificó su postura por cuestiones relacionadas con la convivencia y defendió que su elección no responde únicamente a la capacidad económica de los posibles inquilinos, sino también a la compatibilidad entre quienes comparten el mismo espacio.

Problemas de convivencia

Alba explicaba que se trata de una vivienda familiar que compró su padre y en la que ella también vive. Esa circunstancia, aseguró, cambia su manera de buscar compañeros de piso.

"Yo, viviendo allí, quiero a alguien con quien pueda convivir bien y que sea un buen entorno", explicó durante el programa. También reconoció que la elevada demanda de habitaciones le permite escoger entre numerosos interesados.

La presión sobre el alquiler es tal que, según relató, incluso ha recibido solicitudes de madres con bebés que buscaban únicamente una habitación. Para ella, sin embargo, la elección final está muy condicionada por el hecho de que no alquila una vivienda en la que no reside, sino espacios dentro de su propia casa.

Sostuvo que su criterio consiste en encontrar personas con horarios, costumbres y una forma de vida relativamente compatibles con los suyos. Durante su etapa universitaria buscaba estudiantes y ahora, ya trabajando, prefiere compañeros que se encuentren en una situación similar.

Edad mínima para alquilar

La propietaria insistió en que compartir con una persona mayor no le molesta, pero señaló que se trata de una preferencia personal. Como ejemplo, mencionó las diferencias de horarios que podrían surgir si ella sale una noche y regresa a casa de madrugada.

"No es que yo ponga requisito de edad", concluyó, defendiendo que el objetivo es conseguir una convivencia cómoda para todas las personas que comparten el inmueble.

La cuestión, sin embargo, tiene una importante dimensión jurídica. La edad está protegida por la legislación española frente a la discriminación, y la Ley 15/2022 incluye expresamente la vivienda entre los ámbitos en los que debe garantizarse la igualdad de trato.

Cuando existe una oferta de alquiler disponible para el público, la norma prohíbe rechazar el inicio de una negociación o impedir un arrendamiento por alguno de los motivos de discriminación contemplados por la ley. También impide establecer condiciones diferentes basadas en esos criterios.

No obstante, la propia norma delimita su ámbito a los bienes y servicios, incluida la vivienda, que se ofrecen fuera del ámbito de la vida privada y familiar.

Alquiler a jubilados

El caso de Alba pone sobre la mesa un problema que va más allá de una convivencia particular: las dificultades que pueden encontrarse algunos mayores cuando buscan una vivienda o una habitación.

La Ley por el Derecho a la Vivienda establece, además, como principio general que todas las personas deben poder acceder al uso y disfrute de una vivienda sin sufrir discriminación.

La norma considera discriminación directa el trato diferente que no cuente con una justificación objetiva, razonable y proporcionada. Para Alba, la explicación está en algo más cotidiano: no busca solamente un inquilino, sino una persona con la que va a compartir su propia casa.

"Es mi día a día", resumió al defender una decisión que refleja hasta qué punto encontrar habitación puede depender también de quién esté al otro lado de la puerta.