Cuando terminó la enseñanza obligatoria, Laura Sánchez no sabía a qué quería dedicarse. Tenía claro que le gustaban los trabajos manuales, pero aún debía elegir una formación. Se sentó con su madre a revisar las opciones y descartó ir a la universidad.
La carpintería fue su primera elección. Según contó en una entrevista publicada por La Voz de Asturias, empezó el Grado Medio de Carpintería y Mueble en La Laboral en 2019. Era la única mujer de su promoción.
Aquello no marcó su relación con los compañeros. Laura cuenta que se sintió acogida desde el principio y que encontró un ambiente parecido en los lugares donde trabajó después. Su paso por el ciclo también le abrió una primera puerta al empleo.
Un profesor le recomendó un curso de empleo que podía convalidarle asignaturas. Laura se apuntó e hizo las prácticas en una empresa de Corvera. Al terminar, tanto ella como la empresa querían continuar y le ofrecieron quedarse a trabajar.
El curso que cambió sus planes
Su madre volvió a intervenir en la siguiente decisión. Había encontrado otro curso, esta vez de soldadura, y se lo propuso. A Laura no le atraía la idea: creía que aquel trabajo no le iba a gustar.
Terminó probándolo. En el curso descubrió una profesión que sí le interesaba y decidió seguir estudiando. Se matriculó en el Grado Superior de Construcciones Metálicas, cuya formación compaginaba con su experiencia laboral cuando contó su historia a La Voz de Asturias.
La soldadura la llevó a un entorno donde la mayoría de sus compañeros son hombres. Laura asegura que ha recibido un buen trato tanto de ellos como de sus profesores. Habla de su experiencia laboral en términos positivos, aunque recuerda algunas reacciones distintas entre los clientes.
"Sobre todo la gente mayor me ve y piensa que no voy a poder", explicó al diario asturiano. A veces nota que la miran con sorpresa o escucha comentarios sobre lo pequeña que parece. Esas dudas aparecen antes de que la vean trabajar.
Laura no niega las diferencias físicas con algunos de sus compañeros. Dice que no tiene su tamaño ni su fuerza, pero que dispone de otros recursos para hacer el trabajo. Aprender y adaptarse a cada situación forma parte, según explica, de su manera de ejercer el oficio.
Por eso anima a las jóvenes interesadas en los trabajos manuales a probar antes de descartar una profesión por considerarla masculina. Su propio recorrido empezó en la carpintería y cambió cuando aceptó hacer un curso que, de entrada, no le apetecía.
Tampoco cree que haber encontrado la soldadura signifique que deba dedicarse a ella toda la vida. Quiere seguir formándose y se plantea incluso estudiar una ingeniería, aunque aún no ha tomado esa decisión.
Mujeres en la industria
La presencia de Laura en clase y en el trabajo sigue siendo poco habitual en la industria. Un informe elaborado por la consultora Syndex para el sindicato USO calcula que las mujeres representan el 30% de las personas asalariadas del sector. Son minoría también en sus puestos de mayor especialización.
El estudio señala que esas ocupaciones especializadas suelen ofrecer más acceso a complementos salariales y mejores opciones de promoción. En la industria, el salario medio anual de las mujeres se sitúa en 25.291 euros; el de los hombres, en 31.122 euros. La diferencia es del 19%.
En el conjunto del mercado laboral español, el informe sitúa la brecha salarial en el 18,8%. Los hombres perciben una media anual de 27.411 euros y las mujeres, de 22.255. USO expresa esa diferencia con una comparación: equivale a casi 69 días de salario al año.
El reparto del empleo entre sectores también influye en esa cifra. Según USO, el 83% de las mujeres asalariadas trabaja en cuatro ámbitos: servicios sociales, comercio, servicios a empresas y otros servicios personales y de ocio. Entre los hombres, esa proporción es del 65%.
Las diferencias varían según la actividad. El informe calcula una brecha del 25% en comercio, reparaciones y transporte, y del 28% en servicios a empresas. En construcción y actividades inmobiliarias la sitúa en el 6%, aunque allí las mujeres solo representan el 22% de las personas asalariadas y se concentran, sobre todo, en tareas de oficina o apoyo.
