Cambiar de profesión después de años de estabilidad laboral no es una decisión sencilla. En España los oficios tradicionales siguen siendo una alternativa para quienes buscan un trabajo más práctico y creativo, aunque algunos sectores, como la carpintería, todavía cuentan con una presencia mayoritariamente masculina.
Loreto Aldámiz decidió dar ese paso a los 37 años. Después de casi una década trabajando como administrativa en el sector hipotecario, dejó atrás la oficina para dedicarse a algo completamente diferente: trabajar la madera y crear piezas con sus propias manos.
En una entrevista concedida al diario digital Articulo14, la carpintera recuerda cómo empezó a cuestionarse su futuro profesional. Aunque tenía un sueldo aceptable y buena relación con sus compañeros, había dejado de sentirse satisfecha con su trabajo.
"Un día uno de mis jefes me preguntó qué iba a hacer si no, y sin pensarlo le dije que iba a ser carpintería. Él se rió", cuenta.
Pero lo que entonces parecía una decisión improvisada terminó convirtiéndose en el comienzo de una nueva etapa, marcada por el aprendizaje de un oficio que hasta ese momento apenas conocía.
De la oficina a fabricar muebles
Su primer paso fue matricularse en un máster de Arquitectura. Sin embargo, pronto descubrió que no le bastaba con imaginar espacios o diseñar sobre el papel. Lo que realmente le interesaba era participar en todo el proceso, desde la elección de los materiales hasta la fabricación de cada pieza. Quería aprender a utilizar las herramientas y comprobar cómo una idea podía transformarse en un objeto real.
Fue entonces cuando conoció los certificados de profesionalidad del SEPE y encontró una oportunidad para formarse en un taller de una ONG situado en el barrio madrileño de Vallecas.
Aquella experiencia terminó de confirmar su decisión. El contacto directo con la madera, las máquinas y los procesos artesanales despertó un interés que acabó convirtiéndose en su nueva profesión.
Los prejuicios de la profesión
Aunque cada vez hay más mujeres que se forman en profesiones técnicas, Loreto reconoce en el citado medio que todavía resulta poco habitual encontrarlas trabajando en determinados talleres de carpintería o instalando muebles a medida.
En su entrevista, explica que las reacciones que recibe son diferentes dependiendo de quién tenga delante: "Con los hombres sobre todo he sentido una cierta condescendencia, con las mujeres en cambio una sensación que me resulta más inquietante, plena confianza, casi como si yo fuera una carpintera mágica. ¡Mucha presión!".
También recuerda haber percibido cierta desconfianza al incorporarse a un puesto de trabajo. Sin embargo, esa impresión cambió cuando sus responsables pudieron comprobar sus capacidades en el taller.
"En algún momento sí he sentido falta de confianza por parte de algún jefe, hasta el punto de preguntarme por qué habían decidido contratar a una mujer", reconoce.
Para ella, las diferencias dentro de la carpintería tienen más relación con la especialización y las condiciones de trabajo que con el hecho de ser hombre o mujer.
Cada pieza es diferente
Más allá de los prejuicios, lo que mantiene a Loreto vinculada a esta profesión es la posibilidad de crear algo nuevo constantemente.
La carpintería reúne numerosas especialidades, desde la fabricación de mobiliario hasta la restauración, la ebanistería o las instalaciones a medida. Cada trabajo exige conocimientos, precisión y capacidad para resolver problemas.
Además, la madera es un material natural que presenta características distintas en cada pieza. Sus vetas, su dureza y sus imperfecciones condicionan la manera de trabajarla, algo que Loreto considera especialmente atractivo.
La profesional disfruta del proceso de seleccionar los tablones, prepararlos y descubrir qué posibilidades ofrece cada uno. Una relación con el material que convierte incluso las tareas más técnicas en una oportunidad para aprender.
Y es precisamente esa mezcla de trabajo manual, imaginación y aprendizaje continuo lo que más valora de su nueva vida laboral: "Es un oficio en el que la creatividad surge como el respirar, como si no dejaras de estar jugando nunca", concluye.
