Ada Colau vuelve a situarse en el centro de la política nacional después de que los cuatro partidos que integran el Frente Amplio —Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid y Comuns— acordaran el pasado 12 de octubre proponerla como candidata a la Presidencia del Gobierno para las elecciones generales del próximo 29 de noviembre.
La exalcaldesa de Barcelona afronta esta nueva etapa política con la vivienda como uno de los asuntos centrales de su discurso, un problema que, además, ella conoce por su propia experiencia. Tras pasar 15 años en un piso de alquiler en Barcelona, ha explicado que tuvo que abandonarlo porque no podía seguir asumiendo el coste con un solo sueldo.
Ahora comparte vivienda con un familiar, una decisión que, según ha relatado, llegó después de su separación y de comprobar que sus ingresos ya no le permitían afrontar un alquiler. Su testimonio ha vuelto a poner sobre la mesa las dificultades que encuentran muchas personas para mantener una vivienda cuando cambia su situación familiar.
La vivienda en España
La noticia del cambio de vivienda de Ada Colau se conoció a finales de septiembre, cuando la exalcaldesa contó que había abandonado el piso en el que había vivido durante los últimos 15 años.
Lo explicó en una entrevista en Cafè d'Idees, el programa de RTVE en Cataluña en el que participa como tertuliana, donde detalló que el motivo había sido económico.
"Soy inquilina y, hasta hace pocos días, vivía en el piso de alquiler en el que llevaba 15 años, pero con un sueldo no podía asumirlo. Y lo he tenido que dejar", explicó.
Colau llevaba años residiendo en esa vivienda junto a su entonces pareja, el padre de sus dos hijos. Cuando ambos se separaron, hace cuatro años, pasó a afrontar el pago del alquiler con un único sueldo.
La política catalana no ofreció detalles sobre el importe mensual que pagaba ni sobre la identidad del familiar con el que vive ahora. Sí dejó claro que el cambio no había sido voluntario, sino una decisión motivada por la imposibilidad de seguir haciendo frente a los gastos de la vivienda.
"He tenido que ir a compartir piso con un familiar", resumió en el programa.
El cambio de vivienda está relacionado, según su propio relato, con las dificultades de mantener un alquiler cuando desaparecen los dos ingresos que antes contribuían a pagarlo.
"El mercado siempre piensa en cuál es la máxima posibilidad de pago en una sociedad y da por hecho que serán dos personas con sueldo en una vivienda. A la que te separas, y si hay criaturas, ya no puedes", afirmó en Cafè d'Idees.
Colau considera que esta situación perjudica especialmente a las mujeres que se separan y tienen hijos a su cargo, porque deben afrontar con sus propios ingresos unos gastos que antes compartían con su pareja.
La exalcaldesa también quiso precisar que su testimonio no debía interpretarse como un caso aislado. En una entrevista en Más Vale Tarde, defendió que su situación era representativa de un problema más amplio.
"Esto va de miles y miles de personas que estamos en la misma situación de precariedad", explicó. Con estas palabras, vinculó su experiencia personal con el debate sobre el precio de los alquileres y la capacidad de los hogares para asumirlos.
Los más de 400.000 euros a los que renunció durante su etapa como alcaldesa
Las declaraciones de Ada Colau sobre su situación económica han generado también preguntas acerca de los ingresos que percibió durante sus ocho años al frente del Ayuntamiento de Barcelona, entre 2015 y 2023.
La política ha defendido que nunca ha tenido una vivienda en propiedad y que siempre ha vivido de alquiler, incluso durante su etapa como alcaldesa.
Su remuneración pública estuvo vinculada, durante buena parte de ese periodo, al código ético de Barcelona en Comú. De acuerdo con ese sistema, los cargos de la organización limitaban su sueldo a 2.200 euros netos mensuales y entregaban la diferencia entre esa cantidad y la retribución oficial a un fondo social del partido, que distribuía los recursos entre organizaciones de la ciudad mediante convocatorias.
Ese límite salarial cambió en julio de 2019, cuando Barcelona en Comú aprobó un complemento para compensar los gastos asociados a las responsabilidades institucionales.
En el caso de Colau, el incremento fue de 900 euros mensuales, un 40% más sobre los 2.200 euros netos que percibía hasta entonces. Los concejales recibieron un complemento de 600 euros, equivalente a un aumento del 27%, mientras que para los comisionados se estableció una subida de 300 euros, un 13%.
Ada Colau, en una imagen de archivo, votando en unas elecciones municipales en Barcelona.
La organización justificó la medida por las largas jornadas de trabajo y las dificultades para conciliar la vida personal y profesional. Entre los gastos que mencionó figuraban la contratación de ayuda doméstica, las comidas fuera de casa y la ropa necesaria para atender las obligaciones institucionales.
El partido defendió que estos complementos no eliminaban su código ético, sino que trataban de compensar los costes derivados del ejercicio del cargo.
Colau ha vuelto a referirse a estas decisiones al explicar por qué, pese a haber ocupado uno de los puestos políticos más visibles de Barcelona, no compró una vivienda. De hecho, en una entrevista en Cara al Show, calculó que había destinado alrededor de 200.000 euros al pago de alquileres a lo largo de su vida.
En esa misma conversación aseguró haber renunciado a más de 400.000 euros entre la parte de su sueldo de alcaldesa que cedió al partido y las dietas. "Me podría haber comprado una casa", reconoció.
"Creo que tengo talento para haberme hecho rica si fuera mi objetivo, pero he optado por participar en proyectos colectivos", confesó la exalcaldesa.
En Cafè d'Idees sostuvo que nunca había cobrado 100.000 euros, ni antes, ni durante ni después de su etapa como alcaldesa, y se definió como una persona privilegiada por haber contado con un sueldo que le permitía vivir mejor que a quienes atraviesan situaciones económicas más difíciles.
Su argumento, por tanto, no es que su situación sea idéntica a la de todos los hogares con dificultades, sino que incluso una persona con ingresos estables puede encontrar problemas para sostener un alquiler cuando debe afrontarlo con un único sueldo.
De la defensa del derecho a la vivienda a una posible candidatura nacional
La experiencia que acaba de relatar conecta con una de las principales líneas de la trayectoria pública de Ada Colau.
Antes de convertirse en alcaldesa de Barcelona, fue una de las figuras más visibles del movimiento por el derecho a la vivienda y participó en la fundación de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) en 2009, una organización que se movilizó contra los desahucios y reclamó cambios en las políticas de vivienda.
En 2015 llegó a la Alcaldía de Barcelona al frente de Barcelona en Comú y fue reelegida en 2019. Durante sus dos mandatos, la vivienda ocupó un lugar destacado en su agenda política, junto con otras cuestiones relacionadas con la gestión urbana y los servicios públicos.
En 2023 perdió la Alcaldía, que pasó a manos del socialista Jaume Collboni, y dejó de estar al frente del Gobierno municipal.
Su regreso a la primera línea política se ha ido perfilando durante las últimas semanas, a través de varias intervenciones públicas en las que ha evitado confirmar inicialmente sus planes.
El pasado 12 de octubre, Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid y Comuns acordaron proponerla como candidata a la Presidencia del Gobierno para las elecciones generales del 29 de noviembre. Las cuatro formaciones justificaron su decisión por su capacidad para asumir el liderazgo de un proyecto conjunto de izquierdas.
La candidatura se plantea en un momento en el que esas organizaciones intentan reunir al mayor número posible de fuerzas progresistas. El Frente Amplio ha dejado abierta la puerta a Podemos, aunque las negociaciones con esta formación y las diferencias sobre la estrategia electoral siguen siendo parte del proceso.
Colau ha defendido que la unidad debe ser una prioridad y ha expresado su disposición a asumir responsabilidades para evitar un Gobierno de la derecha y la extrema derecha.
