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Ángeles Casañas ya había trabajado como fontanera cuando intentó volver a la construcción. Repartió currículums y acudió a más de 15 empresas antes de encontrar una oportunidad.

En una entrevista publicada por la Fundación Laboral de la Construcción, contó que dos empresas de fontanería la rechazaron por ser mujer. En uno de esos procesos, según su relato, contrataron a un hombre que figuraba detrás de ella en la lista y tenía menos experiencia.

"No me cogieron por ser mujer", explicó. En otra ocasión, la respuesta que recibió en una empresa de construcción fue todavía más directa: "Si son mujeres, ni se molesten".

Ya conocía el oficio

Ángeles había aprendido fontanería viendo trabajar a su padre. Le preguntaba, observaba cómo resolvía los problemas y fue ganando experiencia. Su primer encargo consistió en cambiar unas tuberías; después permaneció en aquella empresa hasta el final de la obra.

Trabajó como fontanera unos dos años, hasta 2007. Más adelante se dedicó a otras ocupaciones, principalmente en hostelería, aunque seguía interesada en la construcción.

Cuando llevaba alrededor de cuatro años en paro, una orientadora laboral le recomendó un Proyecto de Formación en Alternancia con el Empleo. Era un curso de albañilería impartido por la Fundación Laboral de la Construcción de Las Palmas. Ángeles se apuntó.

En 2018 volvió así al sector. Aprendió técnicas que no conocía, como la mampostería en seco, y practicó el levantamiento de muros. Al terminar obtuvo los certificados profesionales de Fábricas de Albañilería y Revestimiento con pastas y morteros en la construcción.

Una oportunidad en la obra

Tras completar el curso consiguió empleo como albañila. Su primer día empezó retirando escombros, una tarea que ocupó al equipo durante cerca de un mes. Luego llegaron los derribos de muros y la preparación de mezclas.

Ángeles tenía 52 años cuando la Fundación Laboral la entrevistó, en junio de 2019. Aseguraba que hacía el mismo trabajo que sus compañeros y que se ayudaban entre todos cuando una tarea exigía más esfuerzo.

Su experiencia dentro de las obras había sido buena. Cuando empezó como fontanera era la única mujer de su empresa, pero, según contó, sus compañeros la trataron con respeto. En el equipo al que se incorporó después del curso había cuatro mujeres y tres hombres.

Para ella, la diferencia estaba en el acceso al empleo. Mientras en la obra se había sentido integrada, durante la búsqueda de trabajo encontró empresas que no quisieron valorar su candidatura. De ahí que recuerde con tanta claridad al hombre que obtuvo aquel puesto de fontanero pese a tener, según su relato, menos experiencia.

También había una razón práctica para querer seguir en la construcción: el horario. En hostelería apenas libraba los fines de semana y sentía que tenía poco tiempo para su familia. En la obra trabajaba de lunes a viernes y podía dedicar sus días libres a estar con ella.