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Los trasteros y garajes en España son uno de los espacios que más conflictos pueden generar entre vecinos de una comunidad de propietarios. El uso que se hace de estas zonas, los objetos almacenados o la ocupación de espacios que no corresponden pueden terminar provocando conflictos constantes en el edificio.

Uno de los problemas más habituales aparece cuando una plaza de aparcamiento termina utilizándose prácticamente como un trastero, acumulando muebles, cajas u otros enseres. Sin embargo, también puede darse justo la situación contraria: que un propietario decida utilizar su trastero para estacionar un vehículo.

Aunque a primera vista puede parecer que no existe ningún inconveniente si el espacio es de su propiedad y el coche cabe dentro, hacerlo no siempre está permitido. De hecho, un conflicto de estas características terminó llegando hasta el Tribunal Supremo después de que una comunidad de propietarios demandara a unos vecinos.

Sobre este caso ha hablado recientemente Alicia Gorospe, abogada especializada en derecho inmobiliario: "Compras un trastero y ves que tu coche cabe perfectamente dentro. ¿Puedes utilizar este trastero como garaje? Este caso llegó al Tribunal Supremo y la respuesta fue mucho más clara de lo que parece", comienza explicando.

"Y ya sé lo que estarás pensando: 'Si es mío y me cabe el coche ¿qué problema hay? Pues puede haber bastantes problemas", advierte la letrada.

De un trastero a una plaza de garaje

El caso analizado por el Supremo se produjo en un edificio que contaba con 26 plazas de aparcamiento y otros tantos trasteros. El conflicto comenzó cuando uno de esos espacios terminó utilizándose para estacionar un segundo vehículo.

"Y es que, en este edificio en concreto había 26 plazas de aparcamiento y 26 trasteros. Un antiguo propietario había tirado un tabique que separaba la plaza de aparcamiento del trastero", relata Gorospe.

La eliminación de esa separación permitía disponer de un espacio mayor. El problema llegó cuando la propiedad cambió de manos y los nuevos dueños comenzaron a aprovechar las dos zonas para guardar sus vehículos.

"Llegaron los nuevos compradores y empezaron a aparcar los dos coches: uno en la plaza de aparcamiento y otro en el trastero", continúa la abogada.

De esta manera, donde inicialmente existía una plaza de garaje autorizada y un trastero, en la práctica estaban estacionando dos coches. La comunidad de propietarios consideró que ese uso no estaba permitido y decidió llevar el asunto a los tribunales.

La comunidad puede demandar

"La comunidad demandó a estos propietarios y este asunto acabó en el Tribunal Supremo", explica Gorospe. La cuestión no se reducía únicamente a determinar qué podía hacer un propietario dentro de un espacio privado. También había que tener en cuenta las condiciones con las que se había autorizado el garaje del edificio.En concreto, la licencia contemplaba 26 plazas de aparcamiento. Utilizar el trastero para guardar otro coche suponía que, en la práctica, el inmueble pasaba a disponer de una plaza adicional.

"El Tribunal Supremo dijo que el edificio tenía licencia para 26 plazas y no para 27 y convertir por tu cuenta un trastero en otra plaza de aparcamiento afectaba además a las condiciones de seguridad con las que se había concedido esa licencia", señala la especialista.

El número de vehículos permitido no era una cuestión menor. Las condiciones de una licencia de garaje están relacionadas también con aspectos como la seguridad, los accesos o las características con las que fue autorizado el espacio.

Por tanto, que el trastero tuviera dimensiones suficientes para introducir un coche no era motivo suficiente para utilizarlo libremente como una nueva plaza de estacionamiento. "Así que el resultado es que no pudieron utilizarlo como garaje", concluye Gorospe.

Ser propietario no permite cualquier cambio de uso

El caso sirve para recordar que la propiedad de un trastero no implica necesariamente que pueda destinarse a cualquier finalidad. Antes de cambiar su uso hay que comprobar las condiciones del edificio, la documentación de la finca y las autorizaciones administrativas que puedan ser necesarias.

Además, no todos los casos tienen por qué terminar de la misma manera. La decisión del Tribunal Supremo respondió a unas circunstancias concretas: el edificio tenía autorizado un número determinado de plazas y el nuevo uso del trastero suponía superar ese límite.

También pueden entrar en juego la Ley de Propiedad Horizontal, los estatutos de la comunidad, el título constitutivo y la normativa municipal. Si la transformación afecta a elementos comunes o incumple las condiciones de una licencia, el propietario puede encontrarse con la oposición de la comunidad.

Por eso, antes de convertir un trastero en aparcamiento conviene comprobar qué uso tiene reconocido legalmente ese espacio y si el cambio requiere permisos. Que un coche quepa físicamente dentro no significa, por sí solo, que pueda estacionarse allí de forma permanente.