María del Pilar Soto lleva más de 25 años trabajando en albañilería. Maneja la hormigonera, prepara cemento, coloca piedras y vierte hormigón. También utiliza el martillo perforador y sabe enlucir paredes.
Tiene 56 años y vive en Estella del Marqués, en la zona rural de Jerez de la Frontera. Entra como peón en cuadrillas de trabajo cuando surge la oportunidad, aunque todavía encuentra a quienes dudan de ella al verla en una obra.
"Algunos que me ven se ríen o me dicen que eso no vale nada o que se va a caer", cuenta. Conoce sus límites y admite que quizá no la contratarían para una obra grande. Pero tiene claro que puede trabajar "en una hormigonera como cualquier peón más".
María del Pilar nació en La Barca y se trasladó a Estella del Marqués después de casarse. Allí ha compaginado distintos empleos con las quincenas de trabajo que en su entorno conocen como "las calles", vinculadas al Programa de Fomento del Empleo Agrario.
Son puestos para personas desempleadas a los que accede a través del Servicio Andaluz de Empleo. En esas jornadas aprendió el oficio y pudo trabajar cerca de casa, algo que valora tanto como las tareas que realiza.
En la cuadrilla
Desde que empezó, María del Pilar quiso participar en las labores de albañilería. Cuenta que nunca ha cogido una escoba durante esas jornadas porque, cuando ha podido elegir, ha preferido aprender a usar las herramientas.
"Cada vez que nos llaman, entramos cuatro o cinco peones mujeres y tres oficiales hombres. El trabajo duro lo hacemos las mujeres", explica. En la cuadrilla, cada persona asume las tareas que puede realizar.
Algunas de sus compañeras prefieren trabajos menos físicos por la edad o por problemas de salud. Ella sigue eligiendo la hormigonera, el martillo perforador o el enlucido siempre que tiene ocasión.
Para María del Pilar, poder aprender ha sido una de las oportunidades más valiosas de estas quincenas. Después de tantos años, sabe qué trabajos puede hacer como peón y no acepta que se cuestione su capacidad por ser mujer.
Los prejuicios
También hace trabajos de limpieza para particulares y comparte en redes sociales imágenes de ambas actividades. Dice que la respuesta cambia cuando aparece trabajando como albañila: recibe felicitaciones, pero también comentarios que ponen en duda el resultado.
No se presenta como oficial ni afirma que pueda encargarse de cualquier proyecto. Ante las burlas, prefiere remitirse a lo que hace cada día en la cuadrilla. Cuenta, además, que los supervisores suelen felicitarla por su trabajo.
María del Pilar se define como una mujer rural. Le gusta vivir en Estella del Marqués y poder trabajar cerca de casa, aunque reconoce que para los más jóvenes puede resultar más difícil quedarse en una localidad pequeña.
"Tengo lo que quiero, tengo libertad, libertad económica, de expresión, de todo", afirma. Tras años compaginando empleos, asegura que atraviesa uno de los mejores momentos de su vida y quiere seguir trabajando en albañilería cuando tenga la oportunidad.
