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Ángeles Casañas conocía la construcción desde hacía años. Había trabajado como fontanera y le gustaba el oficio, pero después pasó por otros empleos, sobre todo en hostelería.

Tras cuatro años en paro, una orientadora laboral le habló de un programa de albañilería. Se apuntó con más de 50 años y, al terminar la formación, encontró trabajo en una obra.

En una entrevista publicada por la Fundación Laboral de la Construcción, contó que se había sentido bien tratada por sus compañeros. Las dificultades llegaron al buscar empleo: algunas empresas no querían contratarla por ser mujer. "Hay trabajo para todos", defendió.

Volver a una obra

Ángeles llegó al programa a través del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE). Ya había ayudado en trabajos de construcción y sabía que era un oficio que le gustaba, aunque todavía tenía mucho que aprender.

Cursó un Proyecto de Formación en Alternancia con el Empleo impartido por la Fundación Laboral de la Construcción de Las Palmas. Obtuvo los certificados profesionales de Fábricas de Albañilería y Revestimiento con Pastas y Morteros.

Durante el curso aprendió a levantar muros y a trabajar la mampostería en seco. También recuerda el buen ambiente entre alumnos y profesores: en su grupo había siete mujeres.

Al terminar, consiguió empleo como albañila. Su primer cometido fue retirar escombros, una labor a la que dedicó casi un mes. Después empezó a derribar muros, preparar mezclas y asumir otros trabajos de la obra.

No era su primera experiencia en el sector. Años antes había sido fontanera, el mismo oficio de su padre. Aprendió observándolo, haciéndole preguntas y practicando.

En su primer empleo como fontanera tuvo que cambiar unas tuberías. El trabajo salió bien y permaneció en la empresa hasta el final de la obra. Más adelante pasó a la hostelería, donde acabaría trabajando durante años.

Hoy prefiere la construcción también por el horario. En hostelería tenía poco descanso y apenas libraba los fines de semana. En la obra trabaja de lunes a viernes y puede pasar más tiempo con su familia.

La barrera para entrar

Ángeles asegura que se ha sentido integrada en las obras y que no ha tenido problemas importantes con sus compañeros. Cuando empezó como fontanera era la única mujer de su empresa. En algunas obras grandes llegó a coincidir con otra fontanera y una electricista.

En el equipo al que se incorporó tras el curso había cuatro mujeres y tres hombres. Para ella, el principal obstáculo no está en el trabajo diario, sino en conseguir que una empresa le dé una oportunidad.

Recuerda haber llevado su currículum a numerosas compañías. Según relata, dos empresas que buscaban fontaneros a través del Servicio Canario de Empleo rechazaron su candidatura por ser mujer. En uno de esos procesos, afirma, contrataron a un hombre que figuraba detrás de ella en la lista y tenía menos experiencia.

También conserva la respuesta que recibió en otra ocasión de una empresa de construcción: "Si son mujeres, ni se molesten".

Probó suerte en más de 15 empresas antes de encontrar empleo. A sus 52 años, sostiene que puede afrontar la exigencia física del oficio y hacer las mismas tareas que sus compañeros.