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Heredar la casa familiar puede parecer, en un primer momento, una buena noticia. Sin embargo, cuando una misma vivienda pasa a manos de varios hermanos, decidir qué hacer con ella puede terminar convirtiéndose en uno de los puntos más delicados de una herencia.

Y cada vez son más las viviendas que cambian de manos por esta vía. En 2025 se registraron en España más de 208.000 transmisiones de viviendas por herencia, un 3 % más que el año anterior y la cifra más elevada de la serie histórica, según datos del INE.

Los desacuerdos tampoco son excepcionales. Un estudio de OnLygal señala que la herencia es la principal fuente de conflicto legal para el 77 % de los españoles y las propiedades compartidas se encuentran entre las situaciones que más tensiones pueden provocar.

Las casas del pueblo o las viviendas familiares reúnen, además, un componente sentimental que puede complicar todavía más cualquier decisión. Hay quienes quieren conservarlas por los recuerdos, quienes prefieren vender y quienes simplemente desean utilizarlas durante determinadas épocas del año.

Precisamente sobre este tipo de situaciones habla Carmen Pérez-Pozo Toledano en Cope, abogada y fundadora de Grupo Pérez-Pozo. "La casa del pueblo o de la playa es, con diferencia, el escenario que más desgasta a las familias", advierte.

Cuando cada hermano quiere algo distinto

El problema aparece cuando una misma propiedad pertenece a varios familiares y ninguno tiene los mismos planes para ella. "Unos quieren conservarla, otros venderla y otros simplemente usarla en agosto sin pagar los gastos el resto del año", explica la abogada en el citado medio.

Es lo que se conoce habitualmente como un proindiviso: varias personas comparten la propiedad de un inmueble sin que este se encuentre dividido físicamente entre ellas. Una situación que puede prolongarse durante años cuando nadie toma una decisión.

Y mientras tanto, la vivienda continúa generando gastos. IBI, comunidad, seguros, reparaciones o trabajos de mantenimiento pueden convertirse en otro motivo de discusión cuando no existe un acuerdo previo sobre quién debe hacerse cargo.

Para Pérez-Pozo, dejar pasar el tiempo sin establecer unas normas puede terminar agravando las diferencias. De hecho, define este tipo de situaciones como "la semilla de casi todos los conflictos familiares" que terminan llegando a los despachos.

Buscar una solución previa

La recomendación de la experta pasa por afrontar el problema cuanto antes. "Hablarlo y, sobre todo, ponerlo por escrito cuanto antes", señala. Las posibilidades son diferentes dependiendo de cada familia.

Se pueden establecer turnos para utilizar la vivienda y repartir los gastos, acordar que uno de los hermanos compre la participación de los demás o vender el inmueble y distribuir posteriormente el dinero.

Lo que la abogada desaconseja es mantener una propiedad compartida durante años sin tomar ninguna decisión. "Lo que nunca recomiendo es dejar la situación en pausa indefinidamente", sentencia.

Si los hermanos no se ponen de acuerdo

Cuando alcanzar un pacto resulta imposible, cualquiera de los copropietarios puede solicitar la división de la cosa común. El Código Civil establece que ningún copropietario está obligado a permanecer indefinidamente en la comunidad.

En una vivienda, dividir físicamente el inmueble no suele ser posible. Si tampoco existe acuerdo para que uno de los propietarios se lo quede compensando a los demás, el conflicto puede acabar en los tribunales y desembocar en la venta del bien y el reparto de su valor.

La vía judicial, sin embargo, puede implicar más tiempo, gastos y un mayor desgaste personal. Además del coste económico, este tipo de procedimientos puede terminar deteriorando relaciones familiares que después resultan difíciles de recuperar.

La importancia de dejarlo previsto

Una forma de intentar reducir futuros conflictos pasa por planificar correctamente la herencia. "Hacer un testamento no es pensar en que algo va a salir mal, es simplemente ordenar lo que uno ya tiene decidido", aclaran desde el sector legal.

Otorgar testamento ante notario tiene generalmente un coste reducido y permite dejar por escrito cómo se quiere organizar el patrimonio. Cuando una persona fallece sin testamento, en cambio, puede ser necesario realizar una declaración de herederos antes de proceder al reparto.

Además, hacer testamento no significa que las decisiones queden fijadas para siempre. El documento puede modificarse tantas veces como sea necesario y será el último testamento válido el que determine la voluntad del fallecido.

Actualizarlo también puede resultar importante cuando cambian las circunstancias familiares o patrimoniales. El nacimiento de nuevos familiares, la compra o venta de propiedades o cualquier otro cambio importante puede hacer recomendable revisar decisiones tomadas muchos años atrás.