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Separar la cocina del salón o crear un despacho en casa puede resultar complicado cuando se quiere conservar la luz natural. Un tabique opaco delimita bien cada estancia, pero también puede hacer que ambas parezcan más pequeñas.

Los cerramientos de vidrio ofrecen otra posibilidad: establecen una separación física y permiten que la vista y la luz pasen de un lado a otro. Por eso aparecen en proyectos donde se busca dar independencia a cada zona sin cerrar visualmente la vivienda.

La interiorista Pia Capdevila señala en su estudio que reducir los obstáculos visuales ayuda a que la luz fluya entre estancias. También menciona las puertas de cristal como una forma de comunicar espacios, aunque advierte de que el vidrio transparente no es adecuado cuando se necesita intimidad.

Esa distinción es clave: no se trata de colocar el mismo cerramiento en cualquier habitación. El resultado depende de qué espacios se quieren separar, cuánta privacidad necesitan y de dónde procede la luz.

Cocina y salón

La cocina es uno de los lugares donde más se aprecia esta solución. Un cerramiento permite diferenciarla del salón y conservar la sensación de que ambas zonas forman parte de un mismo espacio.

La interiorista Natalia Zubizarreta muestra un ejemplo en un apartamento pequeño. Su estudio separó la cocina con un tabique de cristal situado sobre la isla para mantener la sensación de espacio abierto y aprovechar el recorrido de la luz natural.

En otro proyecto, el estudio combinó un tabique a media altura con cristal. Así consiguió que la cocina y el comedor conservaran cierta independencia sin renunciar a la amplitud visual.

La ventaja se aprecia sobre todo cuando las ventanas están en un extremo de la vivienda. Si la luz tiene que atravesar el salón para llegar a la cocina, una división opaca interrumpiría ese recorrido.

También importa decidir si el cerramiento será fijo o tendrá una puerta. En una cocina, poder cerrarla durante determinados momentos puede resultar práctico; en otros casos, basta con una separación que defina dónde termina una zona y empieza la siguiente.

Luz y privacidad

El cristal no obliga a elegir una estética fría o industrial. La arquitecta de interiores Patricia Lizalde utilizó un cerramiento acristalado de madera para conectar una cocina con el salón y permitir que la luz de la zona mejor orientada llegara a las partes más oscuras.

La madera da presencia a la división y ayuda a integrarla con el mobiliario. Otras perfilerías pueden hacer que el cerramiento resulte más discreto o, por el contrario, convertirlo en uno de los elementos protagonistas de la estancia.

Para un dormitorio o un despacho, la elección del vidrio requiere más atención. El transparente mantiene las vistas, pero deja expuesto lo que ocurre al otro lado. Los acabados translúcidos, estriados o texturizados permiten filtrar la visión mientras sigue pasando parte de la luz.

Por eso, antes de instalar un cerramiento conviene definir su función. Puede buscarse más claridad en una cocina interior, reservar una zona de trabajo o ganar intimidad en un dormitorio. Cada uso pide un equilibrio distinto entre luz, conexión visual y privacidad.

Los proyectos de Capdevila, Zubizarreta y Lizalde muestran distintas maneras de conseguirlo. El vidrio ayuda a delimitar ambientes, pero son su ubicación, su acabado y los materiales que lo acompañan los que determinan si funciona en una vivienda concreta.