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Tener 15 hijos es una realidad poco habitual en la España actual. En un país marcado desde hace años por el descenso de la natalidad y por el retraso de la maternidad, la historia de Paloma Carmona González se sale de cualquier estadística.

Esta vecina de Rivas-Vaciamadrid, en Madrid, ha construido junto a su marido, Luis Ángel Soler Areta, una familia que hoy suma 53 miembros entre hijos, nietos, yernos y nueras.

El pasado año, Paloma recibió un reconocimiento de la Comunidad de Madrid por su "esfuerzo y dedicación total a su gran familia". Un premio que, según cuenta, nunca imaginó recibir por el hecho de ser madre.

"Nunca imaginé que me premiarían por ser madre", reconoce. Para ella, sin embargo, la historia de su familia no responde a un número previamente establecido, sino a una manera de entender la vida que ha mantenido durante décadas.

El crecimiento de una familia

Paloma y Luis Ángel se casaron hace alrededor de 40 años por la Iglesia y desde el principio decidieron vivir su matrimonio desde sus convicciones religiosas. Ambos forman parte del Camino Neocatecumenal y la fe ocupa un lugar central en su vida familiar.

"Nunca planifiqué cuántos hijos tendría, simplemente confiamos en Dios y así llegaron los 15", explica. Una frase que resume la forma en la que esta madrileña entiende su maternidad y que también ha provocado curiosidad entre quienes conocen su historia.

Paloma estudió Administración, pero decidió no desarrollar una carrera profesional para dedicarse a la crianza de sus hijos. Una elección que, asegura, le ha permitido acompañarlos durante todas sus etapas.

"Ha sido fantástico no perderme ni un momento de sus vidas. He renunciado a mucho, pero he recibido más", afirma.

La organización de una casa con 15 hijos no ha sido sencilla. La propia Paloma reconoce que durante estos años ha tenido que enfrentarse a numerosas dificultades, aunque asegura que nunca las ha vivido sola.

"Ser madre es una carrera sin meta en la que he tenido que saltar muchos obstáculos, siempre con la ayuda de Luis y de Dios, que llega donde yo no puedo", relata.

Familia de 53

Con el paso de los años, aquella familia formada por el matrimonio y sus hijos ha seguido creciendo. Los primeros hijos han formado sus propias familias y han llegado los nietos, además de yernos y nueras.

En total, son ya 53 personas vinculadas a esta familia, que Paloma describe como especialmente unida. «Nos queremos, nos perdonamos y nos ayudamos; somos una piña», asegura.

Precisamente esa relación entre sus miembros es uno de los aspectos que más sorprende a quienes visitan su casa. Más allá de la cifra de hijos, Paloma considera que lo que define a su familia es la forma en la que se relacionan.

"La gente se pregunta cómo nos organizamos, pero cuando vienen a casa lo que más les impacta es la relación que tenemos entre todos", explica.

La educación de sus hijos también ha estado marcada por sus creencias. Paloma y su marido aseguran haber transmitido valores como el amor, el perdón y la confianza en Dios, con la Virgen María como referente espiritual.

Maternidad como vocación

La historia de Paloma contrasta con una realidad demográfica en la que las familias numerosas son minoritarias y España mantiene una natalidad reducida.

Para ella, sin embargo, su experiencia no puede resumirse en cifras. "Simplemente confiamos en Dios y así llegaron los quince", repite al explicar cómo comenzó una familia que hoy alcanza tres generaciones.

Paloma también reivindica una manera de entender la maternidad que considera poco reconocida socialmente. "En esta sociedad no se valora la familia ni la vida, y mucho menos la maternidad", sostiene.

No obstante, su balance personal después de cuatro décadas es positivo. A pesar de las dificultades y de las decisiones que ha tenido que tomar para sacar adelante a sus hijos, asegura que volvería a elegir el mismo camino.

"Yo solo puedo decir que he sido, y sigo siendo, muy feliz", concluye.