Vivir con la casa a cuestas puede parecer, desde fuera, una forma de vida reservada a quienes buscan viajar constantemente. Sin embargo, para Maribel y Vicente la autocaravana se ha convertido en mucho más que un vehículo: es su casa y el lugar desde el que han construido su jubilación.
La pareja, originaria de Mallorca, decidió cambiar el piso por la carretera después de años dedicados al cuidado de sus familias. Desde entonces han recorrido distintos puntos de España y Francia, buscando pueblos tranquilos, naturaleza y lugares donde poder quedarse durante temporadas sin renunciar a las comodidades del día a día.
Su experiencia demuestra también que vivir sobre ruedas requiere organización y saber administrar los recursos. Con dos pensiones, un presupuesto de unos 2.000 euros al mes y una instalación que les permite generar su propia electricidad, han encontrado una manera de mantener sus gastos bajo control y, sobre todo, de vivir sin las cargas económicas que tenían antes.
Una vida sobre ruedas y con los gastos bajo control
Maribel y Vicente no tomaron la decisión de marcharse de Mallorca de un día para otro. Durante años tuvieron la idea en la cabeza, pero había algo que les impedía convertirla en realidad: las responsabilidades familiares.
El cuidado de sus padres y la situación de sus hijos hicieron que aquel proyecto tuviera que esperar.
La situación cambió cuando falleció la madre de Maribel, hace aproximadamente cinco años, y sus dos hijos, que ahora tienen 42 y 35 años, ya habían hecho su vida de manera independiente.
Fue entonces cuando entendieron que había llegado el momento de hacer aquello que llevaban tiempo planteándose.
"Hemos dado el 100% durante toda nuestra vida, tanto a nuestros padres como a nuestros hijos. Y ahora es nuestro momento y hay que seguir hacia adelante", explica Maribel.
De hecho, si no hubieran tenido que atender esas obligaciones familiares, aseguran que probablemente habrían comenzado esta aventura entre ocho y diez años antes.
No se trataba únicamente de viajar, sino de cambiar las prioridades de una etapa de la vida en la que querían disponer de más tiempo para ellos.
También había una razón relacionada con el bienestar de Maribel. Padece una enfermedad degenerativa en los huesos y ha tenido que ser operada de la espalda, por lo que las condiciones de su anterior vivienda y el clima de Mallorca no resultaban especialmente favorables para ella.
Maribel y Vicente, dentro de su caravana.
Según cuentan en el canal de Arnau Serrado, la humedad de la isla agravaba sus dolores y hacía que su día a día fuera más complicado.
"Buscábamos un sitio con aire fresco", confiesa Maribel. Y encontró que el clima más seco del interior de la Península le sienta considerablemente mejor.
La propia distribución de la autocaravana también ha terminado siendo una ventaja. Su antiguo piso no tenía ascensor y las escaleras suponían un problema añadido para Maribel.
En su nueva casa, en cambio, todo está dispuesto en una única planta y no tiene que enfrentarse a esos tramos de escaleras cada vez que entra o sale de casa.
Lo que sí que ha cambiado, en cambio, es el espacio. La autocaravana en la que viven mide aproximadamente 7,5 metros de largo por 2,5 metros de ancho, lo que proporciona alrededor de 11 metros cuadrados de espacio habitable.
"Te acostumbras a las medidas, te acostumbras a todo", cuenta Maribel. Y, sobre todo, considera que han conseguido convertir esos pocos metros en una vivienda en la que tienen prácticamente todo lo que necesitan.
Maribel y Vicente, los españoles que viven en una autocaravana.
Hay un salón-comedor, cocina y un baño completo con ducha, además de diferentes espacios de almacenamiento.
De hecho, Maribel y Vicente han conseguido reducir todavía más la falta de espacio gracias a un remolque cerrado de unos cuatro metros de longitud, con el techo elevado y una puerta que funciona como rampa. Al sumar ambos vehículos, el conjunto alcanza unos 11,5 metros de largo.
Ese remolque funciona, en cierta manera, como un trastero móvil. Allí llevan una moto de 350 centímetros cúbicos, que pesa unos 230 kilos y utilizan para desplazarse cuando dejan estacionada la autocaravana, así como cajas con ropa de otras temporadas, herramientas, un generador y parte del equipamiento que necesitan para mantener su autonomía.
Incluso cuentan con una segunda cocina, acompañada de una bombona de butano. La idea es que no todo tenga que desarrollarse dentro del reducido espacio de la vivienda y que el remolque sirva también para transportar aquellos elementos que ocuparían demasiado sitio en el interior.
En cuanto a funcionamiento y día a día, la pareja dispone de cinco placas solares, entre ellas una instalación de 500 vatios situada en el remolque, además de baterías acumuladoras e inversores.
El sistema les permite generar y almacenar la electricidad que necesitan para su vida cotidiana sin depender de una conexión permanente a la red.
Eso significa que pueden utilizar electrodomésticos que, a primera vista, podrían parecer difíciles de encajar en una vivienda de estas dimensiones. Tienen dos televisores, microondas, freidora de aire, cafetera, una nevera grande con congelador y otro congelador adicional.
Este último les permite mantener alimentos a unos -20 grados y conservar carne durante semanas. También cuentan con un aparato portátil de aire acondicionado, conocido popularmente como "pingüino", que pueden utilizar cuando las temperaturas lo requieren.
Precisamente una de las claves de su economía está en estas placas solares, ya que no tienen que pagar las facturas habituales de una vivienda, como la electricidad, el agua o el gas, y tampoco mantienen el coche que tenían anteriormente.
Cuando decidieron emprender esta nueva vida vendieron un vehículo automático que acababan de comprar. Solo aquel coche suponía unos 350 euros mensuales de financiación, a los que había que sumar aproximadamente otros 50 euros de seguro. En total, eran unos 400 euros al mes que desaparecieron de su presupuesto.
Entre la eliminación de ese gasto y las facturas asociadas a la vivienda, calculan que dejaron atrás aproximadamente entre 1.000 y 1.200 euros mensuales en gastos fijos.
Es una diferencia importante a la hora de organizar una economía basada en dos pensiones, que ellos mismos describen como "normales y corrientes".
Maribel y Vicente, junto al remolque que les ayuda con el espacio.
Precisamente esa es una de las ideas que quieren transmitir con su experiencia. No viven porque tengan unos ingresos extraordinarios ni porque hayan encontrado una fórmula para no gastar dinero. Lo que han hecho es cambiar la estructura de sus gastos y decidir en qué quieren emplear el dinero que reciben cada mes.
También han aprendido a anticiparse a los gastos importantes. Aunque cada mes intentan controlar el presupuesto, no destinan todos sus ingresos al consumo. Entre 150 y 200 euros mensuales van a parar a lo que ellos llaman "El rincón", un fondo reservado para imprevistos y reparaciones de mayor importancia.
Su presupuesto global ronda los 2.000 euros mensuales y, según explican, con esa cantidad pueden vivir holgadamente incluyendo el combustible y el resto de gastos asociados a su forma de vida. Incluso consideran que sería posible hacerlo con menos si fuera necesario.
El gasoil es, con diferencia, una de las partidas que más vigilan y para ello, han establecido un límite teórico de 700 euros mensuales. La norma que se han impuesto es sencilla: si alcanzaran esa cantidad, dejarían de desplazarse y permanecerían en el lugar en el que estuvieran hasta comenzar el mes siguiente.
Sin embargo, durante estos cinco años nunca han llegado a consumir esos 700 euros. Habitualmente su gasto en combustible se sitúa entre los 500 y los 600 euros mensuales, algo que consiguen gracias a una forma de viajar alejada de la idea de estar constantemente en movimiento.
Francia es uno de los países que más visitan, en parte porque consideran que cuenta con una infraestructura especialmente desarrollada para quienes viajan en autocaravana. También recorren distintas zonas del interior de España y buscan áreas específicas para este tipo de vehículos, muchas de ellas gratuitas o con precios reducidos.
En Sabiñánigo, por ejemplo, pueden encontrar lugares donde pasar la noche por unos seis euros diarios incluyendo electricidad. Para una pareja que ha diseñado su economía alrededor del control de los gastos fijos, este tipo de opciones resultan especialmente interesantes.
La alimentación también responde a esa filosofía. Maribel y Vicente no basan su día a día en comer fuera, pese a que pasan buena parte del tiempo viajando.
Tal y como explican, ellos desayunan, comen y cenan dentro de la autocaravana y compran principalmente materia prima para preparar ellos mismos sus platos, desde pescado hasta carne.
La cocina se convierte así en una parte fundamental de su forma de ahorrar. No significa que renuncien a comer bien, sino que prefieren comprar los productos y cocinarlos ellos mismos antes que destinar una parte importante de sus ingresos a restaurantes.
Después de más de cinco años viviendo de esta manera, aseguran que nunca han sufrido un robo ni han tenido un problema grave relacionado con la seguridad. Con el tiempo también han aprendido a identificar qué lugares son adecuados para pasar la noche y cuáles es mejor evitar.
