Sure ha elegido una forma de vida que para muchos resultaría imposible de imaginar. A sus 45 años vive junto a sus dos hijas en una aldea remota de Asturias, sin carretera y sin suministro eléctrico, en plena naturaleza y lejos de las comodidades que marcan el día a día de la mayoría.
Su historia se ha conocido gracias al canal hilux_aventura, que se desplazó de nuevo hasta este enclave asturiano para conocer cómo transcurre la vida de una familia que ha decidido permanecer vinculada al entorno rural y a unas costumbres que cada vez resultan menos habituales.
La economía de Sure tampoco sigue los patrones convencionales. La mujer recolecta, cultiva y transforma diferentes plantas para elaborar productos que después comercializa en ferias y mercados locales.
"Me mantengo haciendo productos que luego vendo en las ferias; con el dinero hago la compra y complemento con cursos sobre plantas", explica.
Una vida diferente
Su actividad gira en buena medida alrededor de los conocimientos que ha adquirido sobre el mundo vegetal. En su particular botica natural prepara tinturas, hidrolatos y cremas destinadas, entre otros usos, al cuidado de dolores musculares.
Romero, árnica, consuelda o hipérico forman parte de las plantas que utiliza en sus elaboraciones. No se limita, sin embargo, a vender sus preparados. Su conocimiento también se ha convertido en una fuente de ingresos a través de la formación.
Sure imparte cursos sobre plantas medicinales y ha colaborado con ayuntamientos, entre ellos el de Cangas del Narcea. También organiza retiros en su propia vivienda, una actividad que le permite complementar el dinero que obtiene en las ferias.
Su relación con esta forma de vida comenzó mucho antes de ser adulta. Sus padres abandonaron Madrid hace aproximadamente 35 años para trasladarse a este entorno asturiano en busca de una existencia más autosuficiente.
Después de pasar una etapa de formación fuera, Sure regresó con 23 años para continuar vinculada al monte y a la crianza de animales.
Caballos asturcones, ovejas y cabras formaron parte de aquel proyecto familiar. Con el paso de los años, las plantas y los conocimientos tradicionales fueron adquiriendo un peso cada vez mayor en su forma de ganarse la vida.
'Hay que hacerlo todo'
Vivir alejada de las infraestructuras habituales implica también asumir tareas que en otros lugares están resueltas con un simple gesto. En la aldea, conseguir leña, mantener los caminos o trabajar la huerta forman parte de las obligaciones cotidianas.
La presencia de animales salvajes añade otra dificultad. La huerta debe protegerse frente a especies que habitan en el entorno, incluidos los osos. La imagen idílica del campo, por tanto, tiene poco que ver con la realidad cotidiana de Sure.
"Aquí hay que hacerlo todo, aquí no hay un botón que enciendes si el horno se calienta", resume. Una frase que refleja hasta qué punto el aislamiento exige una implicación constante y una capacidad para resolver por uno mismo buena parte de las necesidades diarias.
Su experiencia también ha estado marcada por momentos especialmente complicados. Un diagnóstico de cáncer la obligó a abandonar temporalmente la aldea y trasladarse durante tres años a Cabranes para afrontar el tratamiento y la recuperación.
Aquella etapa modificó su manera de mirar las dificultades. "Para mí, lo más importante fue el no darle tanta fuerza a las cosas", asegura. Una reflexión que conecta con la filosofía que hoy aplica a una vida en la que la posesión de bienes materiales ocupa un lugar secundario.
El problema del consumismo
Sure entiende la riqueza desde una perspectiva alejada del consumo. Para ella, disponer de agua de montaña, aire limpio y una tierra que se pueda cultivar constituye una forma de abundancia que no depende de los ingresos ni de las comodidades.
Su economía se apoya en un modelo pequeño y directo: producir, transformar, vender y volver a empezar. Las ferias son una pieza fundamental para conseguir dinero con el que afrontar las compras, mientras que los cursos y otras actividades relacionadas con las plantas permiten completar los ingresos.
No se trata, por tanto, de vivir completamente al margen del sistema, sino de mantener una relación diferente con él. Sure necesita vender sus productos y ofrecer sus conocimientos, pero lo hace desde un entorno en el que buena parte de sus necesidades cotidianas se resuelven con trabajo propio.
Aun así, Sure defiende esta forma de vida y anima a quienes se plantean abandonar la ciudad para instalarse en el campo a hacerlo siguiendo aquello que realmente quieren.
