La vuelta al cole en España cuesta una media de 505 euros por alumno solo en los gastos iniciales de septiembre, mientras que el desembolso total a lo largo de todo el curso escolar asciende a unos 2.390 euros por hijo, según los informes de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU).
En las familias numerosas, además, existe una forma habitual de intentar reducir esta cantidad: reutilizar todo aquello que todavía puede aprovecharse. Los libros, uniformes y materiales escolares pueden pasar de los hermanos mayores a los pequeños y permitir que parte del gasto se reduzca considerablemente. O eso, al menos, es lo que podría parecer a primera vista.
Ana Iglesias, madre de diez hijos y creadora de contenido, se ha encontrado este año con una situación que demuestra que reutilizar no siempre es posible. Aunque confiaba en poder aprovechar buena parte de los libros de sus hijos mayores, los cambios en las ediciones de los ejemplares han obligado a su familia a hacer frente a una factura mucho mayor de la que esperaba.
El cambio de edición que ha obligado a empezar de cero
Una de las claves para entender el gasto de Ana está precisamente en la reutilización. En una familia con diez hijos, conseguir que los libros, uniformes o determinados materiales pasen de un hermano a otro puede marcar una diferencia importante en el presupuesto anual.
De hecho, el año pasado consiguió ahorrar una cantidad considerable gracias a los libros de los hermanos mayores. Los ejemplares habían sido utilizados previamente, pero se encontraban en buen estado porque sus hijos los habían cuidado, de manera que podían volver a utilizarse sin necesidad de comprar otros.
"Como el año pasado pude ahorrarme un montón de dinero reciclando los libros de los hermanos anteriores, pensé que este año iba a ser igual y yo decía: 'Jo, qué bien'", explicaba Ana Iglesias en un vídeo de su canal de YouTube.
La realidad, sin embargo, ha sido distinta. El centro educativo ha renovado buena parte del material y eso ha hecho que muchos de los libros que ya tenía en casa hayan dejado de ser útiles para los cursos de los hermanos pequeños.
La cuestión no es que los ejemplares antiguos estén deteriorados o hayan dejado de servir por su estado, sino que las nuevas ediciones presentan cambios que dificultan su reutilización.
Entre esas modificaciones hay una especialmente importante para la familia. Algunos de los libros incluyen ejercicios que deben realizarse mediante pegatinas, por lo que no basta con que el ejemplar esté perfectamente conservado para que pueda utilizarlo otro alumno.
Ana Iglesias cuenta cómo es la vuelta al cole para una familia con 10 hijos.
"Resulta que tienen muchos ejercicios hechos con pegatinas. Y claro, si el hermano mayor ya los ha hecho, no le voy a decir al pequeño: 'No, tú te quedas sin hacerlos porque ya los hizo el anterior'", contaba la creadora de contenido.
Además, la posibilidad de recurrir al mercado de segunda mano tampoco ha solucionado el problema. Algunos de sus seguidores le han recomendado buscar los libros utilizados en otras familias, una alternativa que suele permitir reducir considerablemente el precio respecto a la compra de ejemplares nuevos.
Ana Iglesias, sin embargo, explica que en su caso tampoco resulta una opción realista porque se trata de ediciones que acaban de salir al mercado.
"Son de nueva edición, acaban de salir nuevos, nadie los tiene", señalaba, dejando claro que el problema no se encuentra en la falta de interés por ahorrar, sino en que no existe todavía un mercado de segunda mano suficientemente desarrollado para esos títulos.
La venta de los libros antiguos tampoco entra en sus planes inmediatos. Aunque algunos ejemplares ya no vayan a utilizarse, ponerlos a la venta requiere tiempo para fotografiarlos, preparar los anuncios, responder a los mensajes y gestionar posteriormente las entregas.
Para una madre de diez hijos, esa gestión adicional puede convertirse en otra tarea difícil de encajar en el día a día.
“Lo que me falta es tiempo. Igual la paciencia que tengo con mis hijos me falta para subir todo esto a Wallapop", bromeaba Iglesias al explicar por qué tampoco se plantea convertir los libros que ya no necesita en una fuente de ingresos para recuperar parte del dinero gastado.
Aun así, la familia sí ha podido aprovechar determinados materiales. Los libros de lectura, por ejemplo, son más fáciles de reutilizar porque no dependen necesariamente de que otro alumno haya completado previamente actividades en sus páginas.
De esta manera, parte del material que ya tenían en casa continúa teniendo una segunda vida y permite evitar nuevas compras.
También existe una diferencia importante entre los hijos según el curso que realizan. Los dos mayores ya no utilizan libros físicos como el resto de sus hermanos, sino que trabajan mediante licencias digitales y utilizan un ordenador facilitado por el centro educativo.
65 libros y más de 2.500 euros de gasto
Después de hacer todas las cuentas, Ana Iglesias calcula que este año ha tenido que comprar 65 libros de texto para sus hijos. La cifra permite hacerse una idea de la magnitud de la organización necesaria en una familia con diez menores escolarizados, aunque ella misma resta importancia al número cuando explica el gasto.
"No me parece tanto. Para todos los que son", comentaba. Y es que, repartidos entre el conjunto de sus hijos, esos 65 ejemplares responden a las necesidades académicas de varios cursos y no a las de un único alumno.
A la compra de los libros hay que añadir además el coste relacionado con los dos hijos mayores, que trabajan con dispositivos digitales. En su caso, Ana Iglesias explica que tiene que asumir el alquiler de los ordenadores, con un precio de 480 euros por cada equipo.
Solo este concepto representa, por tanto, 960 euros dentro del desembolso total relacionado con estos recursos educativos. Finalmente, la cuenta de la vuelta al cole asciende a 2.510 euros.
