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Conseguir que un electricista, un fontanero o un albañil acuda a casa se está convirtiendo en una misión complicada en muchas zonas de España. La falta de profesionales hace que algunos trabajos tengan que esperar semanas.

Los oficios tradicionales atraviesan un momento delicado. Mientras una parte de los trabajadores con experiencia se acerca a la jubilación, el relevo generacional no parece suficiente para responder a una demanda que sigue creciendo.

Ricardo Abellán, electricista de 38 años, conoce bien esta realidad. En su caso, asegura que el volumen de trabajo es tan elevado que no siempre puede aceptar nuevos encargos.

"Tenemos un problema y gordo con los oficios: electricistas, albañiles, fontaneros... no hay", explica el profesional sobre una situación que, según cuenta, se repite cada vez con mayor frecuencia.

La escasez se nota especialmente cuando alguien necesita solucionar una avería o realizar una instalación. Ricardo asegura que muchos de sus clientes llegan hasta él después de haber intentado localizar a otros profesionales sin éxito.

"Todo el mundo que me llama me dice que no encuentra a nadie", señala. Esta elevada demanda ha provocado que su agenda esté prácticamente llena durante semanas.

"Yo tengo una lista de espera de varias semanas e, incluso, a veces tengo que decir que no puedo atenderlo", reconoce.

Faltan profesionales

La situación resulta especialmente paradójica porque, para Ricardo, el problema no está necesariamente en que falten personas que hayan recibido formación para desarrollar estos trabajos.

"No encontrarán a nadie, pero no es por falta de formación, porque creo que hay más gente formada que nunca", sostiene el electricista.

A su juicio, existe una distancia entre disponer de conocimientos técnicos y querer dedicarse profesionalmente a determinados oficios. "Faltan ganas", sentencia.

El trabajo físico, las jornadas exigentes y las condiciones propias de sectores como la construcción pueden dificultar la incorporación de nuevos profesionales, especialmente entre las generaciones más jóvenes.

El resultado es un mercado en el que quienes continúan ejerciendo determinados oficios pueden encontrarse con una carga de trabajo difícil de asumir.

El problema de los salarios

La falta de trabajadores podría hacer pensar que las empresas tienen margen para ofrecer remuneraciones mucho más elevadas. Sin embargo, Ricardo considera que la realidad económica de muchos pequeños negocios dificulta esta posibilidad.

"Estas empresas no pueden ofrecer sueldos muy altos por la cantidad de impuestos que pagan las empresas y los autónomos", asegura.

Para pequeños empresarios y trabajadores por cuenta propia, los costes asociados a la actividad condicionan el margen disponible para contratar personal y mejorar las condiciones económicas.

Esta situación complica todavía más la búsqueda de trabajadores y alimenta un problema que afecta tanto a quienes necesitan contratar como a los profesionales que ya están dentro del sector.

Competencia irregular

A la falta de mano de obra se suma otro problema que Ricardo observa especialmente en su profesión: la competencia de personas que realizan trabajos sin cumplir las mismas obligaciones que los profesionales regularizados.

"Parece que en electricidad existen más piratas que en ningún otro oficio", denuncia.

Según explica, quienes trabajan al margen de la legalidad pueden ofrecer presupuestos mucho más bajos porque no soportan los mismos costes que una empresa o un autónomo dado de alta.

Esta diferencia termina repercutiendo en los precios. "Es imposible competir contra eso cuando alguien no está dado de alta", lamenta Ricardo.

Para los profesionales que sí cumplen con sus obligaciones, rebajar las tarifas hasta esos niveles puede hacer que determinados trabajos dejen de ser rentables.

Las grandes empresas

Ricardo también señala otro fenómeno que está transformando el sector: la llegada de grandes compañías capaces de competir con precios difíciles de asumir para un pequeño negocio.

"Hay empresas gigantes que entran y se cargan completamente el mercado", afirma.

El electricista pone como ejemplo la instalación de puntos de recarga para vehículos eléctricos, un mercado en crecimiento en el que también participan grandes compañías.

"Tú ofreces un punto de recarga por X, y resulta que esta empresa lo ofrece por X menos 700 euros", explica.

Para un autónomo o una pequeña empresa, igualar una diferencia de precio de ese calibre puede resultar inviable. El escenario deja así a muchos profesionales entre dos presiones: una demanda que no pueden atender por falta de trabajadores y una competencia cada vez más difícil de igualar en determinados servicios.