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Con las altas temperaturas del mes de agosto, el aire acondicionado vuelve a funcionar durante horas en miles de viviendas de España. Un alivio frente al calor que también se nota en la factura eléctrica, especialmente cuando el aparato se utiliza de forma poco eficiente.

Una situación bastante habitual es entrar en casa después de estar en la calle y programar inmediatamente el aire a 18 o 19 grados para intentar refrescar las habitaciones cuanto antes. Sin embargo, los expertos recuerdan que hacerlo no consigue enfriar más rápido y sí tiende a aumentar el consumo.

Sobre esta cuestión advertía recientemente el ingeniero industrial y experto en energía Jorge Morales de Labra durante una intervención en el programa Fin de Semana de COPE, donde ponía el foco precisamente en la importancia de utilizar correctamente el termostato.

La recomendación pasa por evitar cambios extremos y mantener una temperatura relativamente constante. De esta manera, el equipo no tiene que trabajar de manera continua intentando alcanzar unos grados demasiado alejados de la temperatura exterior.

Tampoco tiene demasiado sentido mantener climatizadas habitaciones que permanecen vacías. Ajustar el uso a las zonas ocupadas y situar el termostato en torno a los 23 grados puede ser suficiente para conseguir un ambiente agradable sin aumentar innecesariamente el gasto.

Este error no hace que enfríe antes

A pesar de ello, este comportamiento continúa repitiéndose cada verano. Miguel Ángel Rojas, técnico instalador con más de veinte años de experiencia, asegura que todavía existe la creencia de que seleccionar la temperatura más baja hará que una habitación alcance antes el frescor deseado.

Pero el funcionamiento del aparato no responde de esa manera. En una entrevista publicada por La Vanguardia, el técnico lo explica con una comparación muy gráfica: "Poner el aire acondicionado a la mínima temperatura porque hace calor es como poner un coche siempre a la misma velocidad", explica.

Del mismo modo que conducir constantemente llevando un vehículo al límite no mejora su funcionamiento, exigir permanentemente la máxima potencia a un sistema de climatización tampoco hace que trabaje de una manera más eficiente.

Si fuera de casa hay 35 grados y el termostato está programado a 18, el aparato tendrá que afrontar una diferencia térmica considerable. Esto puede mantenerlo trabajando durante más tiempo, elevar el consumo eléctrico y aumentar el esfuerzo al que se someten sus componentes.

Además del gasto energético, una diferencia demasiado pronunciada entre la temperatura exterior y la de la vivienda puede generar un ambiente menos confortable al entrar o salir continuamente de espacios climatizados.

Los grados que recomiendan los especialistas

En lugar de intentar convertir la casa en un espacio excesivamente frío, los profesionales aconsejan buscar un punto intermedio. El objetivo es conseguir una temperatura agradable mientras se mantiene controlado el consumo de electricidad.

Miguel Ángel Rojas establece una referencia bastante clara: "Lo recomendable es mantener una temperatura estable, normalmente entre 23 y 24 grados. No se trata de pasar frío, sino de estar a gusto".

Mantenerse dentro de este rango permite que el equipo tenga que realizar menos esfuerzo para conservar los grados seleccionados. Además de reducir el consumo, un funcionamiento más estable puede ayudar a disminuir el desgaste asociado a un uso intensivo.

La idea, por tanto, no consiste en apagar el aire acondicionado durante las jornadas más calurosas, sino en aprovecharlo mejor para conseguir confort sin consumir más electricidad de la necesaria.

Cómo gastar menos en verano

El termostato es importante, pero no es el único elemento que condiciona lo que acabaremos pagando. La eficiencia del aparato y determinados hábitos cotidianos también pueden ayudar a reducir el gasto durante los meses de mayor calor.

A la hora de comprar un equipo nuevo, por ejemplo, merece la pena prestar atención a su clasificación energética. Un modelo eficiente puede requerir una inversión inicial mayor, pero su menor consumo permite compensar parte de esa diferencia durante su vida útil.

Otra herramienta interesante es utilizar el temporizador o el apagado automático. Durante la noche, cuando las temperaturas suelen descender, programar el aparato evita que permanezca encendido durante horas cuando ya no resulta necesario.

A ello se suman los modos ECO disponibles en numerosos equipos modernos. Estas funciones regulan el funcionamiento para evitar trabajar continuamente a máxima potencia y adaptar el consumo a las necesidades de climatización de la estancia.

Limpiar los filtros también ayuda a ahorrar

El estado del aparato también influye en su eficiencia. Cuando los filtros están cargados de polvo y suciedad, la circulación del aire empeora y el equipo puede necesitar trabajar más para conseguir el mismo resultado. Por ello, una limpieza periódica resulta fundamental durante los meses de mayor utilización.

Si ha llegado el momento de sustituir el aire acondicionado, otra característica a tener en cuenta es la tecnología inverter. Estos sistemas ajustan progresivamente la potencia del compresor en función de la temperatura que existe en cada momento dentro de la habitación.

En lugar de alternar continuamente ciclos de encendido y apagado, un equipo inverter puede mantener un funcionamiento más constante. De esta manera se reducen determinados picos de consumo y, frente a sistemas antiguos, el ahorro puede situarse cerca del 30 %.

En definitiva, conseguir una casa fresca no implica necesariamente seleccionar la temperatura más baja disponible. Mantener unos grados razonables, climatizar únicamente las habitaciones necesarias y cuidar el mantenimiento del aparato puede ayudar a contener la factura sin renunciar al aire acondicionado.