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Las puertas de madera siguen siendo una de las elecciones favoritas en gran parte de las casas en España. Su calidez, resistencia y facilidad para combinar con prácticamente cualquier estilo decorativo hacen que funcionen igual de bien en interiores clásicos que en viviendas mucho más modernas.

Sin embargo, hay una parte de su mantenimiento que suele quedar olvidada. Y es que, aunque se limpie con frecuencia suelos, muebles o encimeras, las puertas pueden pasar semanas sin recibir atención y acabar acumulando polvo, marcas y pequeñas manchas.

El problema es que la madera necesita de unos cuidados diferentes a los de otros materiales. Utilizar demasiada agua o recurrir a determinados productos de limpieza puede terminar afectando al acabado, especialmente cuando se trata de superficies barnizadas.

Por suerte, mantenerlas bonitas no requiere utilizar productos caros ni dedicar demasiado tiempo.

Desde la web de Carpintería Cuétara, empresa asturiana especializada en trabajos de madera, explican una forma sencilla de limpiar las puertas utilizando básicamente agua, jabón neutro y un paño suave.

Cómo limpiar las puertas de madera sin dañarlas

Antes de empezar, conviene saber exactamente qué tipo de puerta tenemos delante. No necesita los mismos cuidados una puerta interior que una situada en la entrada de casa, constantemente expuesta al sol, la humedad y los cambios de temperatura.

También hay que fijarse en su acabado. Una madera natural, una superficie barnizada y una puerta lacada pueden necesitar tratamientos diferentes, por lo que identificar el material evitará aplicar un producto que termine deteriorándolo.

En las puertas de madera barnizadas, el primer paso es tan sencillo como retirar el polvo. Puede hacerse con un plumero o con un paño suave y seco, prestando especial atención a los marcos y a las zonas donde suele acumularse más suciedad.

Hacerlo aproximadamente una vez a la semana ayuda a evitar que el polvo termine adhiriéndose a la superficie. También facilita mucho la limpieza posterior, ya que no será necesario frotar con tanta intensidad.

Un carpintero con una puerta de madera. iStock

Una vez retirado, basta con preparar agua tibia con unas gotas de jabón neutro. Después se humedece ligeramente un paño de microfibra y, antes de pasarlo por la puerta, hay que escurrirlo muy bien para eliminar prácticamente todo el exceso de agua.

La clave está precisamente en utilizar la mínima humedad posible. La madera no debe quedar empapada, ya que el agua puede penetrar en el material y acabar provocando alteraciones en su aspecto o deteriorando el acabado.

El paso que no conviene olvidar

Tan importante como limpiar correctamente es secar la puerta nada más terminar. Para ello puede utilizarse otro paño limpio, suave y completamente seco hasta retirar cualquier resto de humedad que haya quedado sobre la superficie.

Las molduras, relieves y pequeñas esquinas requieren algo más de paciencia. Un cepillo de dientes de cerdas suaves o un bastoncillo de algodón permite llegar a estos rincones sin necesidad de utilizar herramientas que puedan arañar la madera.

También conviene prestar más atención alrededor del pomo o tirador. Son las zonas que tocamos constantemente y, por ello, donde suelen aparecer antes las marcas de dedos, restos de grasa y suciedad.

Los productos que nunca deberías utilizar

Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que un producto de limpieza más potente conseguirá mejores resultados. En una puerta de madera puede ocurrir justamente lo contrario.

Productos agresivos como la lejía, el amoníaco, los disolventes o determinados limpiadores abrasivos pueden deteriorar el acabado. Tampoco es recomendable utilizar estropajos o esponjas ásperas que puedan dejar pequeños arañazos.

Otra práctica que conviene evitar es aplicar grandes cantidades de agua directamente sobre la superficie. Pulverizar repetidamente la puerta o mojarla en exceso puede favorecer que la humedad termine penetrando en las juntas y en la propia madera.

En las puertas barnizadas o enceradas puede utilizarse de manera puntual un producto específicamente formulado para ese acabado. Una cera o un aceite adecuado también puede ayudar a recuperar el brillo y reforzar la protección, siempre siguiendo las indicaciones del fabricante.

Las puertas exteriores

Si la puerta da directamente a la calle, el mantenimiento deberá ser algo más frecuente. El sol, la lluvia, la humedad y las variaciones de temperatura hacen que la madera exterior esté sometida a un desgaste mucho mayor.

En estos casos puede ser necesario complementar la limpieza con tratamientos específicos para exterior, como protectores frente a los rayos UV o productos impermeabilizantes adecuados para madera.

La mejor forma de conservarlas, por tanto, no pasa por recurrir a grandes cantidades de producto. Retirar regularmente el polvo, utilizar un poco de jabón neutro, evitar el exceso de agua y secar inmediatamente puede ser suficiente para que las puertas mantengan durante mucho más tiempo su color y su brillo original.