El acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales problemas económicos y sociales en España. Comprar un piso resulta cada vez más difícil para los jóvenes y alquilar una vivienda en las grandes ciudades consume una parte creciente de los ingresos familiares.
En este contexto de tensión inmobiliaria, las declaraciones de Antonio Laureiro, inversor y propietario de nueve viviendas a los 36 años, han generado un intenso debate tras su intervención en LaSexta Xplica.
"Al final la gente joven piensa en el ocio, en salir, en no ahorrar y no esforzarse", declaraba el inversor inmobiliario con total contundencia en un momento de especial sensibilidad con el tema.
Según los datos del Consejo de la Juventud de España, una persona menor de 30 años necesita dedicar una parte muy elevada de su salario para poder emanciparse, y la compra de una vivienda exige años de ahorro previo para afrontar la entrada y los gastos asociados a la hipoteca.
Inversores frente a la crisis de vivienda
Durante su participación televisiva, Laureiro defendió el papel de los propietarios que adquieren viviendas para destinarlas al alquiler. "Gracias a los inversores vosotros tenéis alquileres", afirmó dirigiéndose a otros participantes del programa.
Su argumento se basa en que la inversión privada contribuye a aumentar la oferta de viviendas en arrendamiento y, por tanto, cumple una función necesaria dentro del mercado inmobiliario.
Sin embargo, la realidad del mercado español es más compleja. Los informes del Banco de España y de distintos organismos especializados señalan que la escasez de vivienda disponible, especialmente en zonas urbanas con alta demanda, es uno de los factores que explican el fuerte aumento de los precios tanto de compra como de alquiler.
A ello se suman otros elementos como el incremento de los costes de construcción, la limitada promoción de vivienda asequible y el crecimiento de los pisos destinados a usos turísticos en determinadas ciudades.
'Hay pisos de 53.000 euros'
Laureiro sostuvo que todavía existen oportunidades inmobiliarias accesibles, pero que muchos jóvenes las descartan por priorizar la comodidad y la ubicación.
Como ejemplo, explicó que en su grupo de inversores manejan ofertas de viviendas en municipios de la Comunidad Valenciana por precios de entre 50.000 y 60.000 euros.
"Cuando le dices a una persona joven que tienes un piso de 53.000 o 60.000 euros, que es un tercero sin ascensor, te dicen que no, que él quiere con ascensor, en las grandes ciudades, etc.", señaló.
De este modo, el inversor criticó lo que considera unas expectativas excesivamente elevadas por parte de quienes buscan vivienda, especialmente de aquellos que aspiran a vivir en zonas céntricas y bien comunicadas desde el inicio de su vida laboral.
No obstante, los expertos recuerdan que comparar precios de pequeños municipios con los de las grandes capitales puede resultar engañoso.
Es frecuente que las viviendas más baratas se encuentran en localidades con menos oportunidades de empleo, peores conexiones de transporte o una oferta limitada de servicios públicos.
Dos visiones opuestas
El inversor concluyó su intervención con otra frase que ha tenido gran repercusión: "La gente joven no apretáis la máquina".
Sus declaraciones han sido interpretadas por algunos sectores como una defensa de la cultura del esfuerzo y del ahorro, mientras que otros las consideran una simplificación de las dificultades reales que afrontan las nuevas generaciones.
Los datos oficiales muestran que los salarios de los jóvenes han crecido menos que el precio de la vivienda durante los últimos años y que la temporalidad laboral continúa siendo superior a la media de la población ocupada.
Además, el esfuerzo económico necesario para alquilar una vivienda supera en muchas provincias el 30% de los ingresos recomendados por los organismos internacionales, un umbral a partir del cual se considera que existe riesgo de sobrecarga financiera.
