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Las casas prefabricadas han dejado de ocupar un espacio minoritario para convertirse en una alternativa cada vez más presente entre quienes quieren construir su propia vivienda en España. Sus plazos más controlados, la posibilidad de conocer mejor el presupuesto y unos procesos de fabricación cada vez más avanzados explican buena parte de este interés.

Aun así, alrededor de estas viviendas continúan existiendo algunos prejuicios. Uno de los más habituales tiene que ver con su resistencia y con la idea de que, por construirse mediante un sistema industrializado, tendrán necesariamente una vida útil inferior a la de una casa levantada mediante métodos tradicionales.

Una percepción que rechazan arquitectos especializados en este tipo de proyectos. Para ellos, la duración de una vivienda no depende de que sea prefabricada o convencional, sino de cuestiones como los materiales empleados, el sistema constructivo, la calidad de ejecución y el mantenimiento posterior.

Así lo defiende Antonio Guerra, CEO de Alarife Arquitectos y colaborador desde hace siete años de la empresa de viviendas prefabricadas de hormigón The Concrete Home.

El arquitecto explica en el canal de YouTube de la compañía que este tipo de construcción puede mantenerse vigente durante décadas tanto desde el punto de vista estructural como estético.

Casas prefabricadas para durar décadas

Una de las claves se encuentra en el material utilizado para construirlas. "Estamos usando unos materiales protagonizados por el panel arquitectónico, un hormigón que nos permite un lenguaje arquitectónimo actual que está vigente desde los años 20, cuando arrancó el movimiento racionalista", señala Guerra.

Para el arquitecto, la durabilidad no consiste únicamente en conseguir que la estructura permanezca en buenas condiciones. También importa que el diseño de la casa consiga superar el paso de las modas sin ofrecer una imagen excesivamente vinculada a una época determinada.

"Esto va a garantizar la longevidad estática y arquitectónica de la vivienda. Dentro de 60 años este edificio va a seguir igual de vivo que está hoy", asegura.

Guerra compara esta filosofía con determinadas construcciones de décadas pasadas cuyos materiales y diseños permiten identificar rápidamente cuándo fueron levantadas. "Aquellas casas que se construyeron fuera de ese lenguaje, con ladrillo y una construcción más tradicional, hoy se ven un poco fuera del debate arquitectónico", afirma.

Una casa prefabricada no tiene que ser igual a otra

Otro de los mitos que rodean a estas viviendas es pensar que la industrialización obliga a escoger entre un número reducido de modelos cerrados. Sin embargo, los sistemas actuales permiten introducir un elevado grado de personalización desde la fase de diseño.

"Somos capaces de personalizar el diseño de la familia que se quiere hacer una vivienda. No estamos dándole un catálogo de soluciones preconcebidas, sino que nos ajustamos a todo tipo de situaciones familiares, tanto económicas como necesidades funcionales", explica Guerra.

Casa prefabricada. iStock

Esto permite adaptar cuestiones como el número de habitaciones, la distribución, las dimensiones de las estancias o la relación de la vivienda con el exterior. El proyecto se plantea así alrededor de las necesidades de quienes van a vivir en él, en lugar de obligar a la familia a adaptarse a una solución previamente diseñada.

El arquitecto utiliza una comparación muy visual para explicarlo: de la misma manera que una taza podría diseñarse con un asa adaptada exactamente a la mano de cada persona, una vivienda puede proyectarse pensando en las características particulares de sus propietarios. "Con las casas pasa igual", resume.

La eficiencia energética gana peso

La forma de construir también permite trabajar desde el proyecto aspectos que posteriormente condicionarán el consumo de la vivienda. El aislamiento, la orientación o las prestaciones térmicas pueden estudiarse desde el principio para reducir las necesidades energéticas una vez que la casa está terminada.

En el caso de los proyectos en los que participa Guerra, asegura que este aspecto se ha convertido en una condición imprescindible. "A nosotros no nos vale una casa que no tenga las mayores prestaciones térmicas", explica. "Todas las hacemos con la letra A".

El control del presupuesto

A la durabilidad y la eficiencia se suma otro de los motivos que está impulsando el interés por este modelo: una mayor previsibilidad durante la construcción.

El también arquitecto Marcelo Seia, especializado en casas prefabricadas, sitúa precisamente entre sus principales ventajas el "mayor control del proceso".

"Desde el inicio sabes lo que vas a gastar y cuándo vas a entrar a vivir. Eso marca una diferencia enorme, sobre todo en el contexto económico actual", asegura en la revista Arquitectura y Diseño.

Al fabricar buena parte de los componentes en condiciones controladas y organizar previamente las diferentes fases del proyecto, se reducen algunas de las incertidumbres que pueden aparecer en una obra convencional. Esto permite establecer con mayor precisión tanto los tiempos como los costes antes de comenzar.

Ni frágiles ni pensadas para unos pocos años

Marcelo Seia también pone el foco en una de las dudas que todavía acompañan a las casas prefabricadas: si realmente pueden ofrecer la misma resistencia y comodidad que una construcción convencional.

"Estas casas no son ni frágiles, ni temporales. Utilizan materiales de alta calidad, cumplen con todas las normativas y, si están bien diseñadas, pueden ser tan confortables o más que una casa de obra convencional", asegura.

La especialización de las empresas dedicadas a este modelo también juega un papel importante. Al repetir y perfeccionar un mismo sistema constructivo, los equipos pueden mejorar progresivamente los procesos, anticiparse a determinados problemas y ajustar mejor cada fase.

"Tras una trayectoria de siete años vamos perfeccionando junto con los técnicos el sistema constructivo, con lo cual el éxito de la construcción está garantizado", concluye Guerra.

Las casas prefabricadas se alejan así de aquella imagen de solución provisional o excesivamente estandarizada con la que durante años estuvieron asociadas.