Durante décadas, el gas ha sido una de las principales fuentes de calefacción en los hogares españoles. En la actualidad, siete de cada diez viviendas principales se calientan con sistemas que utilizan combustibles fósiles y, en los edificios con calefacción central, esa cifra alcanza el 98%.
El reto es aún mayor si se tiene en cuenta el estado del parque inmobiliario español. Más de la mitad de los edificios fueron construidos antes de 1980, cuando todavía no existían normas de aislamiento térmico, y el 81% presenta una calificación energética E, F o G, las menos eficientes de la escala.
Modernizar estas viviendas se ha convertido en uno de los grandes desafíos de la transición energética. Sin embargo, el elevado coste de las reformas continúa siendo el principal freno para los propietarios, una situación que ha llevado a Bruselas a reclamar a España una hoja de ruta más clara para acelerar este proceso.
Una hoja de ruta para descarbonizar la calefacción de los edificios
Tras analizar el borrador del Plan Nacional de Renovación de Edificios remitido por el Gobierno, la Comisión Europea considera que España debe concretar mucho más su estrategia para avanzar en la descarbonización de la energía que consumen los edificios y reducir progresivamente el uso de combustibles fósiles.
Bruselas reclama una hoja de ruta más detallada, con plazos claros para cumplir los objetivos de descarbonización fijados por la Directiva de Eficiencia Energética de los Edificios y avanzar en el abandono progresivo de los combustibles fósiles antes de 2040.
En otras palabras, Bruselas cree que el plan presentado por el Gobierno se queda corto. Por ello, piden explicar con más detalle qué pasos se van a dar, cuándo se harán y cómo se conseguirá sustituir las calderas de combustibles fósiles. Una nueva versión del documento que deberá enviarse a la Comisión el próximo mes de diciembre.
Además, el aviso de Bruselas va más allá del cambio de sistema de calefacción. La Comisión también reclama que España refuerce su estrategia contra la pobreza energética, fijando objetivos de reducción que vayan más allá de 2030 y utilizando indicadores que reflejen mejor la realidad de los hogares más vulnerables.
¿Por qué tanta insistencia? Porque los edificios consumen una parte muy importante de la energía que se utiliza en España y buena parte de ese gasto procede de la calefacción.
Cuanto más antiguas y menos eficientes son las viviendas, más energía necesitan para mantener una temperatura cómoda y mayor es también su impacto ambiental. Por eso, la Unión Europea considera que renovar los hogares es una pieza clave para reducir el consumo energético y las emisiones.
En esa transformación hay un sistema que cada vez suena con más fuerza: la bomba de calor. Aunque su nombre pueda parecer complejo, se trata de un equipo que sirve para calentar la casa en invierno, refrescarla en verano y producir agua caliente durante todo el año.
Funciona con electricidad y aprovecha la energía del aire o del agua, por lo que consume mucha menos energía que una caldera tradicional de gas o gasóleo.
Imagen de una caldera.
Además de ser más eficiente, también puede ayudar a reducir la factura energética. Según los estudios incluidos en la documentación que acompaña al plan, una bomba de calor consume entre tres y cinco veces menos energía que los sistemas convencionales de combustibles fósiles.
Precisamente por eso, Bruselas considera que la bomba de calor será una de las tecnologías clave para avanzar en la descarbonización de la climatización de los edificios durante los próximos años.
Poco a poco, esta tecnología va ganando terreno en España. Solo en 2025 se vendieron 227.524 bombas de calor, un 14,9% más que el año anterior, según los datos de la Asociación de Fabricantes de Equipos de Climatización (AFEC).
Sin embargo, ese crecimiento todavía está lejos del ritmo que la Unión Europea considera necesario para cumplir sus objetivos climáticos.
En cuanto a la pobreza energética, los datos informan que solo en España un 17,6% de las familias no consigue mantener su vivienda suficientemente caliente durante el invierno y cerca de un tercio tampoco puede mantener una temperatura agradable durante los meses de más calor.
Por ese motivo, la Comisión Europea insiste en que la transición hacia sistemas de climatización más eficientes y con menores emisiones no puede convertirse únicamente en una medida para reducir emisiones.
También debe servir para mejorar la calidad de vida de quienes viven en casas poco eficientes y destinan una parte importante de sus ingresos a pagar la energía.
