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La inflación no solo ha afectado a la cesta de la compra o a las facturas de la luz. También ha cambiado por completo el día a día de miles de autónomos que trabajan en el sector de las reformas.

Entre ellos se encuentra Jesús Bueno, pintor de Puertollano (Ciudad Real), que asegura haber tomado una decisión impensable hace apenas unos años: reducir sus propios ingresos para evitar trasladar toda la subida de costes a sus clientes.

Su testimonio refleja la complicada situación que atraviesan muchos pequeños profesionales de la construcción y las reformas. Aunque el precio de los materiales se ha disparado en los últimos años, la demanda ya no acompaña.

Muchos propietarios han decidido aplazar las obras por el aumento del coste de la vida, lo que ha obligado a los autónomos a competir con presupuestos cada vez más ajustados.

"Nos hemos bajado el sueldo para no subirles a los clientes el precio de la pintura", explicaba el profesional durante una entrevista en Herrera en COPE, donde describió cómo ha cambiado su trabajo desde el estallido de la crisis inflacionista.

Materiales más caros

Durante la pandemia, las reformas domésticas vivieron un auténtico auge. El confinamiento llevó a miles de familias a invertir en mejorar sus viviendas, lo que disparó la actividad de pintores, electricistas, carpinteros y albañiles.

Sin embargo, esa bonanza coincidió poco después con un fuerte incremento del precio de las materias primas. La recuperación económica mundial, los problemas logísticos, el encarecimiento del transporte marítimo y, posteriormente, la guerra de Ucrania provocaron una escalada sin precedentes en el coste de materiales como la madera, el aluminio, el acero, el cobre o las pinturas.

Aunque parte de esos precios se han estabilizado, el impacto sobre los pequeños negocios continúa siendo evidente.

Jesús Bueno explica que el precio de los productos necesarios para pintar una vivienda llegó a aumentar alrededor de un 30%. Lo lógico habría sido repercutir ese incremento en los presupuestos, pero la realidad del mercado le obligó a actuar de otra forma.

Muchos clientes comenzaron a cancelar o retrasar las reformas, obligando a los profesionales a reducir sus beneficios para seguir siendo competitivos.

En su caso, según relató, pintar una vivienda de unos 70 metros cuadrados cuesta prácticamente lo mismo que hace un tiempo porque ha preferido absorber parte del incremento de costes antes que perder encargos.

Consecuencias económicas

El pintor asegura que, en apenas un año, dejó de ingresar entre 30.000 y 40.000 euros debido a la combinación de dos factores: menos trabajos y menor rentabilidad en cada uno de ellos.

No es el único. Organizaciones empresariales como la Confederación Nacional de la Construcción (CNC) llevan tiempo alertando de que muchas pequeñas empresas trabajan con márgenes cada vez más reducidos para no quedarse fuera de un mercado donde el precio se ha convertido en el principal criterio de decisión para muchos clientes.

La situación también afecta a otros oficios relacionados con las reformas del hogar. Electricistas, fontaneros o carpinteros han denunciado en numerosas ocasiones el aumento del coste de componentes básicos y las dificultades para elaborar presupuestos que sigan siendo atractivos sin comprometer la viabilidad de sus negocios.

Aplazamiento y cancelaciones

A pesar de que el parque de viviendas español necesita cada vez más actuaciones de mantenimiento y rehabilitación energética, la incertidumbre económica está frenando muchas decisiones.

El aumento de las hipotecas, la inflación acumulada y la pérdida de poder adquisitivo hacen que numerosos hogares pospongan reformas que consideran importantes, pero no urgentes.

Su experiencia resume el momento que vive buena parte del sector: más gastos, menos margen y una demanda que ya no tiene el dinamismo de hace unos años.

Muchos autónomos prefieren ganar menos antes que perder el trabajo, una decisión que les permite seguir activos, pero que pone a prueba la rentabilidad de sus negocios a largo plazo.