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España apenas ha superado la primera quincena de julio y ya ha vivido dos episodios de calor intenso. Unas temperaturas que han llevado a muchos hogares a buscar todo tipo de fórmulas para mantener la casa fresca sin depender constantemente del aire acondicionado.

Un verano que seguirá dejando jornadas muy calurosas todavía y que no ha afectado solo a España. De hecho, en las últimas semanas, países como Francia o Alemania también han registrado temperaturas que han superado incluso los 40 ºC. Una situación poco habitual con la que también se han hecho virales imágenes de cristales de balcones y ventanas cubiertos de papel de aluminio o mantas térmicas.

Una solución improvisada con la que muchas personas han intentado reducir la entrada de calor en el interior de sus casas. Pero, aunque pueda parecer un remedio demasiado rudimentario, los arquitectos reconocen que tiene lógica y que puede ofrecer cierto alivio durante los días más calurosos del año.

Una solución de emergencia contra el calor

Eso sí, los expertos insisten en que se trata de una medida puntual y no de una solución definitiva para mejorar el aislamiento de la vivienda. Además, su eficacia depende en gran parte de cómo y dónde se coloque este material.

El arquitecto Vicent Parasie analizaba recientemente esta práctica en La Vanguardia, donde la define como "una solución de emergencia improvisada contra el calor, económica y superficial".

Su popularidad se explica, precisamente, por lo fácil que resulta ponerla en práctica. Y es que, el papel de aluminio es barato, se encuentra en cualquier supermercado y puede instalarse durante unos días sin necesidad de realizar obras.

Sin embargo, el experto recomienda colocar siempre la lámina por la cara exterior del cristal "para que actúe como un espejo térmico". De esta manera, parte de la radiación solar se refleja antes de alcanzar la ventana y calentar las habitaciones.

El funcionamiento es similar al de una persiana o un toldo. La superficie brillante devuelve parte de los rayos solares y evita que el vidrio absorba toda esa energía, lo que puede ayudar a que la temperatura interior suba más lentamente.

Por qué no conviene colocarlo dentro

Aunque pegar el papel de aluminio por el interior pueda resultar más sencillo, esta opción puede llegar a generar problemas, ya que cuando el sol atraviesa la ventana, el calor puede quedar atrapado entre el papel y el cristal, creando una acumulación de temperatura.

En algunos vidrios, especialmente si presentan daños previos o diferencias importantes de temperatura entre unas zonas y otras, esa tensión térmica podría llegar a provocar grietas o incluso una rotura.

Además, cubrir la ventana por completo elimina la entrada de luz natural y deja la estancia prácticamente aislada del exterior. Una situación soportable durante uno o dos días, pero poco agradable si se mantiene durante más tiempo.

La protección exterior es siempre más eficaz

Por su parte, la arquitecta Lourdes Treviño, del estudio Freehand Arquitectura, también considera en Arquitectura y Diseño que el sistema tiene sentido cuando se utiliza de manera puntual. "Es como cuando nos ponemos un sombrero para protegernos del sol: si además ese sombrero está térmicamente preparado, protege todavía más", asegura.

La comparación ayuda a entender por qué las protecciones exteriores funcionan mejor. Igual que un sombrero evita que la radiación alcance directamente la cabeza, una barrera colocada delante de la ventana impide que buena parte del calor llegue al vidrio.

"Ayuda a aislar y evitar que el calor entre dentro de la vivienda. Lo ideal es frenarlo antes de que atraviese la ventana", señala Treviño. Por eso, una cortina interior puede reducir la sensación de deslumbramiento, pero no evita que el sol haya atravesado previamente el cristal. Desde el punto de vista térmico, la protección llega demasiado tarde.

"Es mucho más eficaz colocarla por fuera", asegura. Y es que, para la experta lo importante es impedir que el calor llegue a entrar en la vivienda.

Alternativas más efectivas

Para los arquitectos, la aparición de ventanas cubiertas con materiales improvisados también evidencia que muchas viviendas no están preparadas para soportar periodos prolongados de calor.

Cuando se busca una solución más estable, lo más eficaz es incorporar elementos capaces de bloquear la radiación antes de que alcance el cristal. Toldos, persianas exteriores, contraventanas o lamas de protección solar cumplen precisamente esa función.

Una ventana con papel de aluminio. E.E

También puede resultar recomendable sustituir las ventanas antiguas por modelos con doble acristalamiento, control solar y perfiles con rotura de puente térmico. Estas soluciones ayudan a reducir la transmisión de calor sin tener que renunciar a la luz natural.

En viviendas de alquiler o en aquellas donde no es posible hacer reformas, conviene aprovechar las horas más frescas para ventilar. Abrir ventanas enfrentadas durante la noche o a primera hora de la mañana ayuda a expulsar el calor acumulado y renovar el aire interior.

Durante el día, en cambio, lo aconsejable es mantener cerradas las ventanas cuando la temperatura exterior sea superior a la de la vivienda y bajar las persianas en las fachadas más soleadas.

Por todo ello, cubrir los cristales con papel de aluminio puede funcionar como recurso de emergencia durante un episodio puntual de calor. Sin embargo, los expertos recuerdan que el verdadero confort a largo plazo depende de una buena protección solar, unas ventanas eficientes y una ventilación adaptada a las horas más frescas del día.

Tampoco hay que olvidar que el papel de aluminio no está diseñado para resistir de forma permanente el viento, la lluvia o la exposición continuada al sol. Con el paso de los días puede deteriorarse, soltarse o dejar restos sobre el marco.