Comprar un piso de segunda mano puede parecer una buena oportunidad de ahorro, pero requiere mirar más allá de las paredes interiores.
Un arquitecto advierte que muchos compradores se fijan solo en el piso y olvidan aspectos del edificio que terminan costando mucho dinero.
Según el experto Edu Saz, el análisis técnico y la revisión del edificio en su conjunto ayuda a anticipar problemas, calcular mejor la inversión real y evitar sorpresas desagradables.
El arquitecto explica en uno de sus vídeos de YouTube lo siguiente: “A veces reformar el piso no es suficiente: lo más caro está fuera, en el propio edificio”. Esto es especialmente importante en países con un parque inmobiliario envejecido como España.
Tener en cuenta cuestiones legales, estructurales y de mantenimiento antes de firmar puede marcar la diferencia entre una inversión segura y una compra que genere gastos imprevistos.
El estado de la fachada no solo afecta la estética, sino también la tasación y el coste de futuras obras. Una fachada con grietas, humedades o deterioro puede implicar reparaciones costosas para toda la comunidad y derramas a corto plazo.
Cualquier signo de abandono o desgaste puede ser una señal de que el edificio no se mantiene correctamente.
Invertir en un piso cuya fachada necesita una renovación profunda puede suponer un gasto adicional muy elevado después de la compra.
Además, una fachada en mal estado puede indicar fallos estructurales más graves, que no siempre se detectan a simple vista y requieren evaluación profesional antes de comprar.
Un aspecto que muchos compradores pasan por alto es el aislamiento térmico y acústico del inmueble. La falta de aislamiento efectivo tiene un impacto directo en el confort y en el consumo energético de tu futura casa.
En edificios antiguos sin cámara de aire ni materiales aislantes modernos, el hogar puede resultar frío en invierno y caluroso en verano, obligándose a invertir más en climatización y reformas posteriores.
Por eso, es recomendable revisar no solo las ventanas y puertas del piso en venta, sino también la envolvente del edificio para anticipar gastos adicionales en mejoras.
Antes de comprar, pide siempre el acta de la junta de propietarios y la Inspección Técnica del Edificio (ITE). Estos documentos revelan si hay obras obligatorias pendientes o problemas comunitarios que puedan generar derramas.
La ITE es obligatoria en edificios de cierta antigüedad y suele destapar problemas de estructura, instalaciones o seguridad. Si un informe es desfavorable, la comunidad deberá afrontar obras que se reparten entre todos.
Conocer estos datos antes de firmar evita sorpresas desagradables y te permite negociar condiciones o incluso renunciar a la compra si los costes son demasiado altos.
Igualmente, los elementos como bajantes, cubiertas, sistemas eléctricos o de gas también forman parte del edificio y pueden suponer gastos imprevistos.
Materiales antiguos o en mal estado derivan en averías y reformas costosas tras la adquisición.
Revisar estas instalaciones garantiza que no te encuentres con reparaciones urgentes una vez que ya seas propietario. Muchas veces los problemas no son evidentes en una visita superficial.
Por ello, contar con un informe técnico o visita de un arquitecto antes de comprar puede ahorrarte miles de euros en mejoras futuras.
