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Aunque la noche de San Juan marca el inicio de la época estival, pocos meses saben más a verano que agosto.

A pesar de que Taylor Swift cante sobre él con una nostalgia que anticipa el otoño en su tema August, lo cierto es que las semanas que quedan por delante llevan consigo la estela del mar, el chapuzón en la piscina y las sobremesas eternas que duplican su prefijo, estirando las horas.

Ese espíritu que comienza a respirarse en cada esquina y que se cuela en las maletas llenas de 'por si acasos' dispuestas a recorrer kilómetros también puede instalarse en casa.

Y no, no se trata de tener una segunda residencia con vistas al mar o en plena montaña —un gusto, que no de forma necesaria lujo, cada vez menos accesible—, sino de trasladar la esencia de la estación al hogar que acoge y abraza en la rutina.

Con cinco sencillos gestos fáciles de copiar, la vivienda puede jugar al transformismo decorativo y hacer que los meses más fríos desaparezcan de la ecuación decorativa. Es cierto que no es algo obligatorio, siempre es una decisión que depende de las preferencias de cada cual y el presupuesto.

No obstante, para las amantes de este campo, estas pequeñas inversiones pueden cambiar su día a día. Porque sí, la idea es hacerlo sin desembolsar demasiado y con cosas que se puedan reutilizar el próximo año y durante tantos otros.

En clave textil

Ahora que el color vuelve a entrar en escena y el minimalismo se reinventa orientando su brújula a las texturas y a la artesanía, los tejidos vuelven a tomar protagonismo en casa. Si bien en otoño e invierno el punto y el terciopelo se hacen fuertes, durante los meses de calor el lino y el algodón son los que se abren paso.

Algo como sustituir las fundas de los cojines por alternativas de este tipo ya es un pequeño gesto que marca la diferencia en el plano estético. Lo mismo sucede con la mantelería: apostar por una propuesta de fibras naturales habla de buen tiempo y ligereza.

Por supuesto, aunque a veces cueste deshacerse de ellos, los edredones abandonan la cama y buscan alojamiento temporal en altillos y baúles. En su lugar, aparecen las colchas, de aspecto más rústico y tradicional, junto a las sábanas de hilo.

Como último paso de este cambio textil, las cortinas. Si bien es cierto que para mantener las habitaciones frescas lo recomendable es bajar las persianas en las horas centrales del día, para darle un toque veraniego a las mismas conviene cambiar modelos de cortinas más gruesos y opacos por otros más vaporosos.

La idea que subyace tras todo esto es la de vestir la casa con propuestas más frescas y naturales que transmitan esa ligereza propia del verano.

Funda de cojín de lino con raya marinera ancha de Zara Home. Su precio es de 25,99. Zara Home

Adiós, adiós

A las ciudades, al tráfico bullicioso, a los vagones de metro asfixiantes... ¡Y a todo aquello que visualmente resulte pesado!

En otoño e invierno, la escena de película de estar tomando un café o té humeante mientras una se cobija con una manta y tiene entre manos su lectura de preferencia es un imprescindible en el imaginario colectivo. Sin embargo, recrearla cuando aumentan las temperaturas da sarpullidos. Así que a retirar del sofá las mantas.

Lo mismo sucede con esas alfombras tan gustosas que hacen la vida, y el caminar en casa, más cálida cuando el frío aprieta. Normalmente, en verano, aparecen propuestas de yute y esparto, aunque no son las únicas que triunfan en esta estación.

En este apartado también entra en juego el concepto de menos pero mejor. Bajo esta premisa, afloran ideas como la de despejar mesitas auxiliares para que estas cumplan realmente su función —infinitamente menos divertida que la de acumular detalles que ya forman parte de la memoria y escriben tu propia historia— o reducir el número de objetos decorativos.

Colcha de algodón con flecos en color verde salvia. El modelo Kaliani está a la venta en Westwing por 149 €. Westwing

Au naturel

En este aspecto no se trata tanto de hacer cambios, sino más de incorporar en caso de que los elementos con toques naturales no se encuentren presentes en la propuesta de base. ¿Qué opciones son clave aquí? Las cestas de mimbre, las bandejas de ratán, la cerámica artesanal, mobiliario de madera clara o los jarrones de barro.

Esto no sólo habla de una transformación estacional, sino también de la tendencia del estilo mediterráneo, que se asienta cada vez más y, sin duda, se convierte en uno de los favoritos del momento, devolviendo esas raíces que nunca han de olvidarse en pos de lo que se lleva, sin criterio.

Frutero tarifa, a la venta en La Redoute. Su precio es de 27,99 (antes 25,19). La Redoute

Tras un vistazo a una propuesta de este tipo, la imagen que resulta es clara: un escenario que evoca la estética de una casa de costa o de campo.

Cambio de escenario

Las casas de verano se mimetizan con el paisaje. En la playa, los blancos encalan fachadas y los azules tiñen detalles. De repente, el hogar se presenta como una extensión de aquello que se contempla en el horizonte. Para que este efecto se haga más palpable, nada mejor que conectar la naturaleza de fuera con aquello que habita dentro de la vivienda.

La mejor forma de hacerlo, además de apostando por una paleta cromática con guiños como los que se mencionan, es empleando flores de temporada, vegetación y frutas —sobre todo limones, naranjas y melocotones—. Los bodegones son también tendencia, tanto en su línea más minimalista como en la más barroca, algo que está teniendo mucho auge también en decoración de eventos corporativos y bodas.

Para adoptar la propuesta de forma sencilla, es buen recurso optar por integrar ramas de olivo o de eucalipto. Estas últimas además inundan la estancia de un olor fresco que perdura durante semanas, incluso cuando las hojas se van secando. De hecho, es muy habitual verlas coronando las duchas, ya que el calor y el vapor de agua liberan sus aceites esenciales liberando ese aroma.

Las plantas grandes junto a la ventana también aportan un toque extra.

Plantas junto a la ventana y faroles con luz cálida, la combinación perfecta. ruizluquepaz iStock

Otro foco

Cuando se pretende hacer transformaciones de este tipo, no sólo hay que cambiar la decoración a pequeña o gran escala. También adquiere especial importancia la iluminación, que logra generar una atmósfera diferente. Una máxima fundamental, al margen de la época del año, es aprovechar la claridad natural en la medida de lo posible.

Por otro lado, la calidez se abre paso y enciende bombillas —de luz indirecta—, velas y faroles. La intensidad no se contempla, ya que lo que se pretende buscar es un ambiente más relajado que lo inunde todo.

Esta serie de consejos son la prueba de que es posible darle un nuevo aire al hogar sin hacer una gran inversión. Desde la incorporación de tejidos como el lino, el hilo o el algodón hasta los bodegones que llenan de vida cualquier rincón. Agosto supone un respiro que no sólo habita en las agendas, sino que también se puede trasladar, y disfrutar, en casa.